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JUAN CARLOS I, ¿"EL
BREVE"?
Aquella mañana del 22 de noviembre, hace 25 años, yo estaba tomando
café, con un amigo ingeniero, en el bar de costumbre. El televisor
estaba encendido y el local rebosante de público. El joven Monarca,
todavía Príncipe de España, se enfrentó, desde lo que aún eran las
Cortes Españolas, a toda una Nación que, mayoritariamente, veía en él
al sucesor de Franco, por orden, imperativo y mandato del viejo general
que había fallecido dos días antes. Y bien que nos lo recordó aquel
grito de: "Desde el recuerdo emocionado a Franco, ¡viva el
Rey!". Todo parecía que iba a seguir igual. El continuismo, en
suma. Entre mis vecinos de barra los abría de diversas tendencias y,
desde luego, de diferentes edades. Yo era el más joven: Apenas 29 años.
Al terminar su discurso el ya Rey, solamente una voz se alzó entre los
que allí estábamos, para lanzar un ¡bravo! Fue la mía. Todos me
observaron, aun mi amigo, y guardaron silencio. Mi exaltación tal vez
fuese fruto de mis pocos años, pero lo cierto es que en el año 81, en
aquella "noche de los transistores", don Juan Carlos me
demostró que poco me había confundido al proferir aquella exclamación.
Supo enfrentarse a los nostálgicos y hasta a los que venían reclamando
el poder. Personalmente, mi opinión es que no pasará a la Historia
como un gran Rey, ya que accedió al Trono de pura carambola y sus méritos
personales tampoco han sido relevantes. Pero sí afirmo que pasará como
el Monarca que hizo posible la Paz en una Nación dividida. Yo no soy un
monárquico fervoroso, pero sí admito que es mi Rey. Y como a tal le
respeto, aunque no le admire. Dicen que lo bueno, si breve, dos veces
bueno. En este caso, el dicho no cuadra con la realidad. El Rey reina
pero no gobierna. Y así lo ha sabido hacer muy bien S.M. Así que ruego
a Dios que siga haciéndolo durante mucho tiempo, por el bien de España.
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