LOS PUEBLOS SIN TIERRA


La pérfida Albión, nombre comúnmente asignado por los españoles al Reino Unido de la Gran Bretaña, nunca ha tenido en cuenta al abandonar sus colonias más que sus propios intereses económicos o militares, limitándose a trazar con tiralíneas los límites de un Estado y otro y sin tener para nada en cuenta las distintas etnias ni las religiones predominantes. Más difícil lo tuvo, sin duda, en el caso de la creación del Estado de Israel ya que ésta le vino forzada por una decisión de las Naciones Unidas. Pero también se limitó a dividir y punto y aparte. No cabe duda de que los judíos quedaron en inferioridad de condiciones ante la mayoría árabe, mas eso le importó poco a Gran Bretaña. Pero, ¡amigo!, el Imperio es el Imperio y en USA viven los judíos ricos; y ellos se cuidaron de que a sus correligionarios no les faltase de nada. Y así, Israel prosperó hasta llegar a ser una potencia nuclear mientras que los moradores palestinos caían en la más profunda miseria. No quiero restarles méritos a los judíos, pero es bien conocido el refrán de que con buen diente bien se come (bueno, aplíquenle el dicho que quieran, no sea que me censuren) y con dinero se ganan las guerras y se hace fértil un desierto. Y he ahí a un pueblo sin tierra: Los palestinos. Y sin tierra que defender, un pueblo ni siquiera existe. Así que si Dios - y allí se le nombra de tres maneras distintas - no lo remedia, habrá guerra. Porque Palestina tiene un nombre, aunque sea sobre el papel. Pero eso, sólo sobre un papel mojado, porque no tiene tierra. Habrá guerra. Y la ganarán los de siempre: Los que venden las armas.


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