El encuentro

La tarde gris sollozaba
con lágrimas y suspiros.
Una niña contemplaba
la sangre del cielo herido.

En sus pupilas refleja
un recuerdo sin olvido
de otra tarde, como ésta,
que por desgracia se ha ido.

Y mientras mira la lluvia
en el suelo, piensa y llora.
Se pregunta con nostalgia
dónde estará él ahora.

Bajo la lluvia cansina
que le golpea la cara,
un joven camina lento,
sin saber a dónde marcha.

- ¡Fue el Destino, -. Piensa triste. -,
quien nos apartó aquel día!
¡Quién sabe dónde se encuentra
y si de amor aún suspira!

En su mirada, desprecio
a los demás y a sí mismo
se contempla y sus sonrisas
están repletas de hastío.


Ella se encuentra en la puerta,
con la mirada en el suelo.
Él se acerca. No se han visto.
Él pasa con su andar lento.

Ha sacado un cigarrillo,
con desgana va a encenderlo.
Viene la racha de aire
y apaga el escaso fuego.

Retrocede hacia el portal,
entra y le aplica la llama.
Alza la vista, ¡ah, sorpresa!,
contemplando a la muchacha.

Ella ha vuelto la cabeza,
con hastío en la mirada.
Sus ojos tristes se encuentran
y no brotan las palabras.

Él sus manos temblorosas
extiende, ella las coge.
- ¿Eres tú? -. Se dicen ambos
con palabras de reproche.

Dos corazones se encuentran
en una tarde lluviosa.
Dos corazones que antaño
se quisieron como ahora.

- ¿Cómo no fuiste? - No pude.
- Vine a buscarte. - No estaba,
pero intenté ir a verte
y tú allí no te encontrabas.

Con protestas de inocencia
y jurándose cariño,
ambos se cogen las manos,
volviendo a andar el camino.

Él la besa. Ella responde.
Él, anheloso, pregunta:
- ¿Me quieres aún, todavía?
- ¡Aún más que te quise nunca!
Y así renace la historia
de un amor desventurado.
El sol en el cielo luce.
La lluvia ya se ha parado.

Ella en lágrimas estalla.
- ¿Por qué lloras, amor mío?
- Es de la misma alegría.
Ya ves, llorando y me río.

Y así, entre risas y llantos,
vuelven a andar el sendero,
muy juntos uno del otro,
sintiendo vibrar sus cuerpos.

¡Qué ingrato que es el Destino
que de las vidas es dueño!
Por fortuna se encontraron
y realidad se hizo el sueño.

 

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