Te voy a regalar un cuento...

Querida Noe, - Noelia, dicen tus padres; aunque, siendo tan pequeñita, para mí que Noe te queda mejor -, hoy cumples un añito de vida y los mayores te llenaremos de regalos. Me pregunto qué harás con tantos obsequios, qué lugar de la casa ocuparán pues tu cuarto está lleno de peluches y de múltiples juguetes...

Como ya tienes tantos, por ser tu "cumple", mi pequeña Noe, yo te voy a regalar un cuento. Uno que he escrito especialmente para ti y que dice:

"En mayo pasado, toda la familia se sentía ilusionada ante tu llegada. La barriguita de mamá se hacía enorme y la vida que llevaba dentro, la tuya, reclamaba su momento de nacer. Empujabas con ansia, con el ansia de ser mecida en brazos de aquellos que anhelábamos recuperar el aroma a ternura.

Aquel día amaneció vestido de emociones. Tu papá, un hombre bueno, - el mejor del mundo -, vestía un traje de nervios incontrolados. Aún así, consiguió llevar a mamá, y a ti dentro de ella, a la clínica.

Una vez allí, llevaron a mamá al paritorio. Todo estaba dispuesto para el feliz acontecimiento. Un adiestrado grupo de manos cuidadosas te recibieron. Eras una hermosa niña. Te llamarías Noelia porque papá y mamá así lo habían decidido.

La barriguita de mamá, ahora más delgada, necesitaba cuidados. Mientras, papá se ocuparía de ti, Noe. De esta forma, ambos compartisteis los primeros momentos de intimidad intercambiando confidencias, proyectando ilusiones... Inmortalizando en una película aquel volcán de sentimientos entre padre e hija.

- Noelia, - te susurró papá -, permanecería toda la eternidad contemplando tu dulce semblante; pero tengo que comunicar tan feliz acontecimiento al resto de la familia.

El tío Paco fue el más veloz. Como vive muy cerca, sin pérdida de tiempo acudió a la clínica para disfrutar aquel momento. Pero como era muy de noche tuvo que esperar hasta el día siguiente para conocerte.

Así, con impaciencia y los corazones cargados de felicidad, tu familia se fue presentando por la mañana. Cuando llegaron la abuela Margui y el abuelo Paco, estabas dormidita. Tu sueño era sereno. Tu semblante angelical. Tenías los pendientes recién colocados, como símbolo de lo coquetuela que eres.

El abuelo se abrazó a tu padre y compartieron unos sentimientos indescriptibles hacia aquella niña que de ahora en adelante sería el centro de su universo. Noelia, eras el ser más hermoso con que la vida les había obsequiado. Más tarde llegaría el abuelo Pedro para unirse a aquellos momentos de magia y participar del disfrute.

Pasaron los días y tus padres te llevaron a casa, a mucha distancia de la del abuelo. Y se sintió apenado. La distancia y el trabajo le impedían compartir tus juegos. Soñaba cada nuevo encuentro y en su interior siempre estaba cerca de ti. Así, acumulaba películas de dibujos animados que habían contribuido, en otro tiempo, a formar el mundo de fantasía de sus propios hijos.
Deseaba que cuando pudieras disfrutar del espectáculo de esos dibujos, seguro que en compañía de tus amiguitos, pensarías en el abuelo, en el viejo cascarrabias que muere de amor por ti.
Pero existía algo a lo que tenía miedo. Y mucho. Ahora que había conocido el amor inmaculado, necesitaba alejar el fantasma de otros amores de antaño.
- Cuando lo pueda entender, yo mismo le hablaré de ello. - Pensaba muchas noches.
Repasó mil veces en su imaginación todo lo que te contaría:
- Mi querida Noe, la vida de los adultos es muy compleja. Está llena de aciertos, pero también de errores. Ésa es la grandeza de la libertad y de todo ello debemos aprender. Tu abuelo siempre luchó por lo que consideró su verdad. Sus actuaciones menos correctas no consiguieron vencer el amor que siempre sintió por los suyos.
- Algún día descubrirás, mi querida niña, la afición del abuelo a la literatura. Sus poemas y cuentos serán la puerta que te permitirá penetrar en su interior más absoluto. Quizás entonces puedas comprenderlo. Quizás entonces le tomes la mano y demuestres lo mucho que le quieres. Es todo lo que él, querida pequeña, necesitará sentir.
Una mañana de sábado, Noe, en compañía de su padre, hizo una visita al abuelo que estaba en su trabajo. Éste se sintió tan feliz que por unos momentos abandonó sus quehaceres para contemplar a la niña, acurrucadita en el cochecito. La cogió en sus brazos y la acarició.
Noe, había crecido. Había hecho avances. Sabía tirar besitos al aire y él quiso ver una demostración. De aquella boquita que sólo tienen los pequeños salían besitos convertidos en pétalos, que el abuelo saboreaba sin pudor. Exhibía aquel momento de felicidad ante el puñado de gente que rondaba por el quiosco esperando ser atendida. El abuelo Paco sólo miraba a su nieta. Su mundo era la niña.
La visita concluyó. Noe hubo de partir con sus papás. Mientras, el abuelo, repasaba el dulce momento en que tuvo a su nieta en brazos y, cerca de su orejita, le cantó "El piropo madrileño". La niña, mientras, le miraba con ojos grandotes, muy abiertos. Parecía preguntarse:

- ¿Qué será esto tan gracioso que me está cantando el abuelo?

Y el abuelo Paco pudo ver una sonrisa de complicidad salir de aquellos preciosos ojos. Una sonrisa sincera, de las que llegan directamente al corazón.

Una vez a solas, el abuelo Paco seguía luchando con sus fantasmas. Esos fantasmas del pasado que no le abandonaban fácilmente. Eran muchas las preguntas sin respuesta...

- ¿Qué pensarás del contenido de mis escritos, Noe, cuando yo quizá no esté para hablarte de ello?
- Tal vez no te interese mucho esa faceta de mi vida...
- Tal vez el comportamiento de tu abuelo te haga sentir incómoda...
- Tal vez... Tal vez...

Le daba miedo de que la niña no lo comprendiera y dejase de quererle; y la pérdida de su cariño sería el mayor castigo que la vida le podía imponer. Su afición a escribir era el mejor legado que dejaba a su nieta. Con él, la esperanza de ser comprendido a través de los sentimientos plasmados en los escritos.

- ¿Qué mundo vivirá Noe? -. Se preguntaba el abuelo.

Todo va muy deprisa. El mundo de Noe correrá mucho más. Él sabía que todo cambio se efectuará al margen del amor, pero que el amor será siempre el motor del mundo. De cualquier mundo. Deseaba explicarle a Noe, a una Noe adulta, que su vida siempre estuvo presidida por el amor. Que por encima de todo fue humano y hombre. Que siempre que amó, amó de verdad."

Bien, cielo mío, el cuento ha llegado a su fin. ¿O tal vez no? ¿Serás, tú, pequeña Noe, quien cambiará el final del mismo?

No es un cuento de dragones, princesas, caballeros andantes, aprendices de brujo ni héroes de galaxias... Pero sí existen fantasmas.

Un abuelo que por amor y en nombre del amor hace confesiones inconfesables a su nieta... Un abuelo que espera de ella le libere de los fantasmas y trasgos que puedan interponerse en el camino de ambos...

Leerás muchos cuentos que terminan diciendo que fueron felices y comieron perdices. Este cuento tiene su final aplazado. El paso del tiempo será la hoja en blanco sobre la que tú, mi nieta amada, escribirás cómo acaba.

No olvides nunca, Noe, lo mucho que te quiere el abuelo Paco. Contemplar tu rostro es el mejor regalo con que la vida me ha obsequiado.

Por cierto, tengo algo qué contarte: Llevo una temporada con un zumbido en la oreja. Posiblemente me quede sordo. Deberás hablarme más alto entonces. No lo cuentes a nadie; será nuestro secreto, mi ángel.

 

Francisco Escobar Bravo
(15 de mayo de 2005)

A portada

Hosted by www.Geocities.ws

1