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EL COYOTE
En la década de los cuarenta, transcurrida la
guerra civil española y estando de moda las novelas del Oeste y de
Misterio importadas, era preciso relanzar la idea del héroe de origen
español que resaltara las virtudes y la Gloria de la raza. Surgieron
una serie de personajes, míticos que atesoraban lo mejor del valor y la
sangre española, como El Guerrero del Antifaz, Diego Valor , Roberto
Alcázar y Pedrín, etc..., todos ellos a través del cómic. Pero el
novelista José Mallorquí Figuerola creó una figura legendaria, mezcla
de Don Quijote y Sancho Panza, basándose en la historia del célebre
Zorro y también de origen californiano, pero esta vez enfrentándose,
aparte de a la maldad y a la injusticia, al por entonces denostado mundo
anglosajón que nos traía por la calle de la Amargura.
Así nace y aún hoy perdura el personaje de don Cesar de Echagüe, rico
hacendado del Pueblo de Nuestra Señora de los Ángeles, (hoy tan sólo
Los Ángeles), que impartía justicia valiéndose de un revólver de
seis tiros y, sobre todo, de su extremada inteligencia.
Valiéndose, como he dicho, de los dos arquetipos de la novela de
Cervantes, Echagüe ejerce de Sancho cuando se presenta en su realidad
de millonario amante de los placeres de la buena mesa, displicente,
apocado y poco amigo de discusiones violentas, salvo las intelectuales,
donde enreda a sus adversarios con sus inteligentísimas argucias. Pero
cuando la necesidad impera surge la persona de El Coyote, valiente y
justiciero, rápido y certero con el revólver y siempre haciendo
triunfar a la Justicia. Es Alonso Quijano pero teniendo bien en cuenta
que no lucha contra molinos de viento.
En su entorno brillan una serie de personajes que por sí solos también
llenarían cualquier novela: Leonor de Acevedo, su primera esposa,
fallecida al dar a luz al hijo de ambos, enamorada de El Coyote y que
desprecia al petimetre de don César hasta que sabe que ambos son uno
mismo. El mencionado hijo, el pequeño César, que sigue los caminos de
su padre, armado de su misma intrepidez pero desprovisto de su preclara
astucia. El viejo Don César, padre del héroe, también admirador del
enmascarado y siempre despotricando del lechuguino de su hijo. Otro
tanto sucede con la figura de Don Gregorio Paz, Don Goyo, que abomina de
la personalidad de Echagüe y seguiría hasta la muerte, a pesar de sus
años, al Coyote. Los hermanos Lugones, fieles hasta el último
instante; Mario Luján y toda una serie de colaboradores y enemigos del
bandido generoso.
Extraordinaria la figura de Ricardo Yesares, el doble del Coyote. Cuando
interesa que a don César se le vea en público, Yesares ocupa su lugar
en la acción bélica. Mientras tanto, ejerce de tabernero, alejando de
sí también, como el Echagüe, toda clase de sospechas.
Y sobre todos los personajes que rodean al héroe está la sublime
creación de Guadalupe, su segunda esposa y sabedora del secreto desde
que era una simple criada de la Hacienda de San Antonio, residencia señorial
del enmascarado y siempre codiciada por los ocupantes extranjeros. Luego
resulta ser más rica y de más alta cuna que su marido, al ser una De
Torres, de la más rancia nobleza mejicana.
La anécdota está en que cuando Mallorquí publicó como experimento la
primera novela de la serie en una colección de novelas del Oeste,
"mató" a tal heroína en un tiroteo. Luego, al comprobar el
éxito obtenido, la revivió en una nueva edición que da lugar a la
saga.
La acción transcurre en la California recién independizada de México
y entregada a los Estados Unidos tras la guerra entre ambos países y se
desarrolla a lo largo de la historia, con paréntesis que incluyen la
Guerra de Secesión en la cual toma parte activa don César, a favor del
Sur, durante una prolongada ausencia tras la muerte de su esposa Leonor.
Aventuras sin límite, acción trepidante y mucha filosofía del más
profundo estilo cervantino, remedando a Sancho Panza. Una extraordinaria
creación, en fin, que podría haberse prolongado hasta que el Coyote
hubiera fallecido de viejo si no hubiera sido porque a su creador, José
Mallorquí, se le ocurrió privarse de la vida utilizando también una
pistola de las utilizadas por su criatura.
"De valor siempre hizo alarde la casa de los Echagüe." Ése
es el lema que luce en el escudo de la familia y que todos toman a
chacota al ver la parodia que de sí mismo hace don César, pero que
queda bien puesto en claro cuando se transforma en el jinete
enmascarado.
La obra ha sido llevada al cine varias veces, pero nunca ha logrado
plasmar la imagen real de las páginas impresas. El actor Sancho Gracia
quiso realizarla, pero por motivos que no vienen al caso no lo ha
conseguido. Ha sido publicada en infinidad de ocasiones por los
herederos del autor y siempre ha tenido una gran acogida por el público.
Varias generaciones de españoles han gozado de su encanto. De verdad
que nos hallamos ante un personaje fabuloso y al cual merece la pena
dedicar un rato de nuestro ocio.
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