Despertar

Desperté como al mundo se despierta
con la vida del sueño que se ha ido.
Recordé y mi vista era tan clara
que veía cercanos sus suspiros.

Las lágrimas brotaron en mis ojos,
relámpagos de fuego abrasador.
Lloré sin conocer por qué lo hacía,
el labio tembloroso a Dios habló:

¿Por qué me abandonó, dejando el alma
sumida en la agonía y el dolor?
¿Por qué ya con sus besos la esperanza
no ha de darme su pecho abrasador?

¿Por qué si yo la quise como nunca
otra vez con el alma ya amaré?
¿Por qué, si yo le daba todo cuánto
tenía, sin pedir? ¿Por qué se fue?

Era el sino del sueño, que del día
las luces se llevasen su placer.
Era el sino del sueño... y de mi vida,
que al azar he trazado sin querer.

¡Ah, Dios! ¿Qué me ocurrió? ¡No lo comprendo!
Si al alba ya se han ido las estrellas
que la noche de nuevo me rodee
y que el sueño feliz se acoja en ella.

¡Concepción de mi vida! ¡Concepción
de la pena que el alma perturbó!
¡Concepción de quimeras que forjé!
¡Concepción... eres tú, mi Concepción!



                          A Concepción                       

 
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