|
Aznar: Un
Presidente sin promesas
"Puedo prometer y
prometo", fueron las palabras que hicieron célebre, aparte de
los hechos que llevó a cabo, a Adolfo Suárez durante su mandato como
Presidente del Gobierno español en la llamada etapa de la transición.
Un poco tomada a chacota dicha frase, la realidad es que Suárez
cumplió, dentro de los límites que le permitieron sus colaboradores y
las fuerzas vivas de este País, que hasta llegaron a darle un Golpe de
Estado, aquello que prometió. Desmanteló el Movimiento Nacional,
legalizó al Partido Comunista y, en general, nos hizo creer, y
realmente lo consiguió, que la Democracia se implantaba en España
después de muchos años, dejándola más o menos consolidada a su
sucesor, Leopoldo Calvo Sotelo.
Tras del corto mandato de éste, el auge del PSOE y la energía de unos
jóvenes Felipe González y Alfonso Guerra, que venían arrasando y se
encontraron con un pueblo con ganas de cambio, se implantaron y así
comenzó la etapa socialista, con sus diversas fases: Socialismo a
ultranza, socialismo conservador o de centro y conservadurismo a secas.
Mientras tanto, a la sombra de sus líderes, pulularon por la Nación
una serie de individuos que había visto y aprendido el contenido de la
magnífica película ¡TOMA EL DINERO Y CORRE!, los cuales se
dedicaron a esquilmar al Erario Público valiéndose de los cargos que
se les habían concedido en virtud de poseer un carné del Partido en el
poder. Con ello, fomentaron de nuevo en el sufrido contribuyente la
esperanza de un cambio, cambio que, después de las intentonas de 1989 y
de 1993, consiguió por fin implantar José María Aznar el 3 de marzo
de 1996 al conseguir el triunfo del Partido Popular en las Elecciones
Generales. Cuatro años más tarde, en el 2000, Aznar alcanzó la
mayoría absoluta y con ello se vio investido de un poder absoluto, sin
tener que realizar pactos con nadie, igual que lo tuvo en su día
González.
Aznar no había prometido nada a sus votantes; o sea, sí: Que
desbancaría del Poder a los socialistas y acabaría con el tremendo
desfalco cometido durante su mandato. Eso y ninguna otra cosa fue lo que
le proporcionó esa mayoría que ni él mismo auguraba. Las demás
promesas electorales, las que acostumbran a hacer todos los partidos en
vísperas de unas elecciones, parece que se las llevó el viento, como
las hojas en otoño.
En estos instantes estamos a siete meses vista de unos comicios
autonómicos y municipales y la realidad es que el Partido Popular no
puede vanagloriarse de ningún éxito relevante. Se ha limitado a
sustituir a los caciques socialistas allí donde ha podido,
sustituyéndolos por los suyos y dando lugar a varios escándalos
económicos, estos de guante blanco y no como los de los socialistas, a
la tremenda, y a dejar que la maquinaria que estaba en marcha siguiese
rodando, tiñéndola, eso sí, con ligeros matices de progreso y
bienestar económico.
Las cifras no pueden ser más explícitas. Hace pocos días hasta el
mismo Gobernador del Banco de España lo ha dejado claro: No se van a
alcanzar los éxitos fijados por la política del P. P. en materia
económica. En otros sectores, como la Sanidad y el Trabajo, las cosas
continúan igual o peor que antes. Más bien habría que afirmar que
allí donde gobiernan los barones socialistas, como en Andalucía y
Castilla - La Mancha, la Sanidad es mejor y mucho más eficiente, sin
soportar tantas largas listas de espera como en las Autonomías regidas
por el Partido Popular. El aumento de empleo habido, es cierto, se basa
en cantidad de trabajos eventuales y de temporada. Y mal pagados. De
hecho, los medios de comunicación acaban de publicar que un alto
porcentaje de españoles tienen serias dificultades para llegar a fin de
mes con sus salarios. La venta de automóviles ha descendido, debido
seguramente a que durante el 2001, y en virtud de la implantación del
euro, afloró una gran cantidad de dinero negro que había que gastar en
algo antes de que perdiese su valor o fuera imposible de justificar.
Idénticamente ha ocurrido con el valor del suelo y de las viviendas. La
afluencia de compradores de última hora ha elevado los precios de las
mismas a unos niveles que no están al alcance de los jóvenes que
desean dejar de vivir con sus padres y adquirir un piso propio. Es
cierto que las hipotecas han bajado pero, al subir el precio de los
artículos de primera necesidad con el acople de la moneda única, esta
merma no se ha traducido en nada en el bolsillo del trabajador.
La Bolsa está por los suelos, aunque ello pueda deberse a
circunstancias internacionales, y el ahorrador que antes invertía en
ella ahora invierte en ladrillos, con lo cual se ha elevado el coste del
necesario hogar de nuestra juventud.
Y para colmo, basándose en la mayoría absoluta que posee, el Gobierno
implantó el llamado Decretazo que perjudica seriamente a los
trabajadores y que condujo a la huelga general del 20 de junio. Ahora
sí se recogen velas y se intenta pactar con los Sindicatos, unos
Sindicatos que realmente representan a un mínimo de la población
activa por su mal ejemplo y peor labor durante la etapa socialista. A
pesar de todos estos extremos apuntados, al parecer, España sigue yendo
bien, según palabras del señor Presidente y si la gente compra
viviendas es porque tiene dinero para hacerlo. El mismo Aznar ha
ratificado esa frase pronunciada por su ministro y podríamos
preguntarle: ¿Y si no se compran casas, dónde quieren que vivan esas
gentes que se empeñan hasta las pestañas durante años, pagando plazos
hasta que sean viejos? También habrá que comer aunque la comida sea
cara, ¿no? Porque si no, las personas se mueren de hambre. Bien habló
Fraga hace años sobre el precio de los garbanzos. Es lo único que
vamos a poder pagar de aquí a poco. Y si no, al tiempo. Y ya veremos,
que también han subido.
El único éxito de renombre que se puede apuntar el Partido Popular es
el obtenido en la lucha contra el terrorismo. Dentro del mal, ahí sí
han actuado más enérgicamente que los socialistas y con mejores
resultados. Pero es en lo único, en la lucha contra ETA, porque la
seguridad ciudadana ha descendido notablemente al reducirse las Fuerzas
encargadas de mantenerla.
En definitiva, cuando Aznar alcanzó la Presidencia no hizo grandes
promesas y los resultados se van a traducir en que tampoco va a obtener
grandes éxitos. Eso, y su renuncia a presentarse como candidato a una
tercera Legislatura, única promesa que sí realizó y parece dispuesto
a cumplir, va a allanar seguramente el camino hacia la Moncloa de un
líder socialista que ha sabido destaparse a tiempo. Hace pocos días,
las encuestas daban un "empate técnico" entre ambos Partidos.
Después de que transcurran las elecciones del 2003, y según lo que
salga de ellas, el resultado de las Generales del 2004 estará más que
cantado.
Próximamente trataremos los acuerdos internacionales con los que la
actitud del señor Aznar ha comprometido a España, en contra de los
deseos de la mayoría de los ciudadanos y contando con la ignorancia de
lo que nos suponen.
Francisco Escobar Bravo
Menú
|