Castro, un tipo curioso

El camarada Fidel, como dicen que a él le gusta que le llamen, dictador, presidente, general en jefe y no sé cuántas cosas más de la República Cubana, es verdaderamente un tipo muy curioso. La verborrea es su arma más poderosa y con ella lleva atormentado al pueblo de Cuba desde el 7 de enero de 1959, fecha en la que entró en La Habana tras hacer huir de la misma el primero de aquel año a Fulgencio Batista, otro dictador tan cruento como él pero de diferentes características. O sea, que le dio el Año Nuevo y los Reyes al pobrecito sin menores contemplaciones.
Los discursos de Castro siempre han dado que hablar. No por las cosas que dijera, que podían ser más o menos interesantes para el que las escuchaba, sino por el aburrimiento que producía en los que no tenían más remedio que oírle, cosa que era obligatoria. Y aburría porque rara era la arenga que duraba menos de diez horas. A pie, bajo el ardiente sol del caribe y obligados a ser oyentes pasivos, como en la Facultad, de aquellas charlas, no es de sorprender que miles de cubanos huyeran a las vecinas costas de Miami. Aparte de sus ideas políticas, es que no había cristiano que lo aguantara.
Castro, doctorado en Leyes a sus 23 años, comenzó su carrera activa el 26 de julio de 1953 cuando el asalto al cuartel de Moncada, en Santiago de Cuba. Por ello fue condenado a prisión y luego, a su excarcelamiento, pasó a Estados Unidos de donde ya volvió con su hermano Raúl y el Che Guevara dispuesto a derrocar al dictador de entonces. Casi le matan. De hecho, sólo doce hombres se salvaron en el desembarco, de los ochenta y dos que venían. Y con tan escasos efectivos y las reclutas que fue haciendo se hizo fuerte en Sierra Maestra hasta que concluyó con el golpe definitivo.
Pero esto es Historia y cualquiera puede leerla en algún libro. Lo curioso de Castro es cómo ha sabido mantener sujeto al país con mano férrea durante tantos años. Ha utilizado todos los métodos, desde la reclusión de sus rivales hasta el fusilamiento de los mismos. Y no solamente ha castigado a sus enemigos. Varios de los que colaboraron con él desde un principio también han padecido un escarmiento. Hasta el mismo Che Guevara tuvo que salir zumbando por sus marcadas disidencias con "el barbas". Así que ha sido un dictador de raigambre y de prosapia y creo que el más ha durado en su mandato.
Pues bien, este individuo, que cumplirá setenta y seis años el próximo día 13, ha largado toda una andanada con los mortíferos cañones de sus palabras contra José María Aznar, tildándole de fascista. El hecho tuvo lugar el día 26, aniversario del mencionado asalto en Moncada, y la Prensa mundial se ha hecho buen eco de tales palabras.
Es curioso, reitero, que semejante personaje, que no ha dudado nunca, en aniquilar física o psicológicamente a quien le ha llevado la contraria, ose poner tal epíteto al Presidente del Gobierno de una nación democrática. Aznar puede ser de derechas, cosa que lo es, sin duda, aunque presuma de realizar una política de centro, pero fascista nunca, (o por lo menos no ejerce), lo mismo que Fidel ya no es comunista, sino simplemente un Juan Palomo. Ya saben, el que decía "yo me lo guiso y yo me lo como".
Es tan grande el "cariño" que ese mentecato siente hacia su pueblo que ha sido capaz de renunciar a la ayuda económica que le prestaba la U. E., condenando de esta forma a sus súbditos esclavos a seguir pasando hambre. "Más vale honra sin barcos", ha debido de pensar, igual que hiciera Méndez Núñez. Mas sin barcos puede estarse, pero con el estómago vacío muy malamente.
Afortunadamente, el discurso de este día solamente duró una hora; señal de que el hombre está abatido y bien tocado de ala. ¿Quién o qué vendrá después de Castro? Eso dependerá exclusivamente de la política de los Estados unidos que también, curiosamente, le han permitido estar tantos años a su vera y dándoles la lata.
¡Es curioso, en verdad! ¿No les parece?

 

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