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Balbás, un golfo
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Después de la maratoniana sesión a la que se
vio sometido este pasado martes el empresario y político y hombre de
negocios y de tejemanejes José Luis Balbás ante la comisión encargada
de analizar los hechos acaecidos en la constitución de la Asamblea de
Madrid, uno llega a una única conclusión: Que la política, sea al
nivel que sea, es una auténtica golfada. Y los que la practican unos
sinvergüenzas de tomo y lomo, independientemente de su credo político.
Son todos, rojos y azules, verdes o coloraos, los mismos perros con los
mismos collares. Es que no se diferencian ni en un pelo; tan sólo en
que unos tienen los colmillos más puntiagudos y su mordisco es mucho
más salvaje. Pero los otros no les van a la zaga. Si no muerden en la
yugular porque les falta impulso para llegar al cuello, ya se las
apañarán para destrozarle los tobillos al ciudadano que paga
religiosamente sus impuestos.
Once horas duró el interrogatorio y durante ese tiempo, el taimado
hombre de negocios supo tomar el pelo de forma concienzuda a sus
interlocutores. Desde el "yo dispongo de ocho o nueve móviles y
no sé a cuál habrán llamado porque los dejo encima de las mesas de
las secretarias, pero el número indicado no corresponde a ninguno de
ellos...", (¡vaya memorión, se los sabe todos cuando a mí me
ha costado un año aprenderme el mío!), hasta la aseveración de que
Rodríguez Zapatero le debe su cargo de Secretario General de PSOE por
el apoyo que le prestó en su día, pasando por la negación de que
hubiese proporcionado escolta de seguridad a los diputados traidores y
de que hubiese participación en la reserva de una habitación en un
céntrico hotel madrileño para ellos.
Se declaró como hombre que había aprendido mucho de Alfonso Guerra, de
fontanero del felipismo y de persona únicamente entregada a sus
negocios pero con un liderazgo en la Federación Socialista Madrileña
en la cual militan también Tamayo y Sáenz.
En suma, un autentico golfo como él solo si no fuese porque todos los
que le rodean y amparan y hasta sus mismos adversarios son iguales que
él y así van todos en comandita. El objetivo es el Poder, político o
económico, que teniendo las urnas a favor ya se ocuparán ellos de
obtener la tajada dineraria después. Como decía el personaje de La
malquerida, de Jacinto Benavente del cual ya he hablado en otras
ocasiones: "Yo, lo que quiero es mando". O como el
gitano que decía: A mí póngame donde "haiga", que del
resto ya me encargo yo.
Esta gentuza parece llevar un imán en las manos cuando entran en las
Arcas Públicas y el dinero se les pega en ellas como si de un nuevo
flautista de Hamelín atrayendo a las ratas se tratase. Aunque resulta
que las verdaderas ratas son ellos.
Hoy en día, casi todos disponemos de un teléfono móvil pagado con
más o menos esfuerzo. Este señor no sabe los que tiene y además no
los utiliza sino que los deja abandonados en cualquier rincón a
expensas de que cualquiera los utilice. Secretarias debe tener
muchísimas y sus comidas de negocios son diarias y en los más costosos
restaurantes. Por cierto, se habla de una celebrada en el Paceróm de
Alaska, a orillas de mi casa y con uno de cuyos socios tengo mucha
confianza. Me hubiera gustado que me llamara aquél día para situarme
al lado de su mesa y haber tomado buena nota de cuanto allí se habló,
porque está claro que juegan a poner en los cargos a quien más les
interesa y del cual piensan obtener mayor beneficio. Así que, al final,
los líderes de cualquier Partido solamente son unos títeres en manos
de los capitalistas.
"Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor", dijo
Bellido Dolfos. Y sujetó los brazos del legítimo soberano porque el
otro le había prometido más oro. Pues igual.
Por cierto, el señor Balbás tiene una cara de chulo que impresiona. Me
recuerda en algo a Jesús Gil, más joven y menos obeso, pero igual de
mafioso y arrogante que él.
¿Saben ustedes lo que decía un antiguo amigo mío? Pues que: Como
dice San Ginés, el que tiene cara de hijoputa es que lo es.
¿Llevaría razón mi amigo? Claro está que mucha; no estaba equivocado
en nada... Y en la política hay muchos que presentan ese rostro.
A
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