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Había una vez...
un circo
Nunca olvidaré aquel maravilloso espectáculo
que mis hijos contemplaron en la televisión cuando eran niños,
ofrecido por la familia Aragón, una saga célebre y entrañable de
payasos que, formados en nuestra querida Hispanoamérica, llegaron a
España y triunfaron plenamente. Gaby, Miliki y, sobre todo, el querido
y gran Fofó. Luego les sucedieron sus hijos y aún continúan entre
nosotros, pero ya no son lo mismo. O será que nos hemos hecho mayores y
no acertamos a apreciarlo. Ahora, el circo se ha trasladado a la escena
política y en ella encontramos más y casi tan buenos cómicos, aunque
no alcancen el carisma popular de aquellos.
El reciente Debate sobre el estado de la Nación ha sido la última
representación que nos han ofrecido y, efectivamente, ha sido
delirante. Lo único bueno del caso es que no ha habido necesidad de
pasar por taquilla para contemplarlo, nos lo pasaban gratuitamente por
la pequeña pantalla y por las emisoras de radio.
- Nada importa con tal de alcanzar el poder y mantenerse en él,
fueron palabras de Rodríguez Zapatero, el líder de la oposición,
dirigidas al presidente Aznar. Y éste le respondió con la misma casi
idéntica cantinela: - Cuídense ustedes de su Partido y no juzgue a
los demás cuando lo tiene tan negro. Y este humilde villano se
pregunta que quién narices se cuidará de España entonces. Si los
socialistas tienen que vigilarse entre ellos, los populares se limitan a
exponer datos económicos de lo bien que lo han hecho, según ellos, y
los comunistas a increpar a todo y a todos por costumbre, ¿quién vela
o hace algo por el país? Cada cual aquí va a lo suyo, a su bola como
dicen los jóvenes, a procurar llenarse los bolsillos cuanto antes y
después dar la espantá, como dicen que hacía el Guerra. Al
torero me refiero y no al político, que ése también supo darla cuando
le fue preciso y no tuvo más remedio.
El lema tópico de Aznar sigue siendo que España va bien y las
increpaciones de su oponente no son otras que echarle en cara su
intervención en la guerra de Irak, el asunto del Prestige y los
fallos del AVE. Pero ninguno se preocupa de ver la realidad como el
ciudadano de a pie la ve todos los días en los mercados cuando hace la
compra. Hace poco la barra de pan costaba 45 pesetas. Ahora te cobran 50
céntimos de euro o lo que es lo mismo, 88 rubias de las de antes. Casi
un 100 % de aumento. Un café valía 100 pesetas; ahora, 1 euro. Un 66%
de más que te crió. Y no hablemos de la vivienda en la cual nuestros
jóvenes se empeñan con unas hipotecas que algún día las terminarán
de pagar sus nietos; si es que acaso tienen hijos, cosa que es más que
dudosa porque no pueden mantenerlos. Así que... de puta madre, como
dice el humorista Moncho Borrajo.
También sacaron a colación en pleno debate los acontecimientos
ocurridos en la Comunidad de Madrid en la cual, por culpa de unos
sinvergüenzas y del dinero ofrecido por unos constructores más golfos
todavía y con el contubernio de algunos militantes y cargos
significativos del PP, van a tenerse que repetir las votaciones en
octubre. La señora Aguirre no habrá tenido nada que ver en tal atraco
pero sí se ha beneficiado del mismo; así que, según la Ley, es tan
responsable como si hubiera participado en los hechos. Y el candidato
socialista Simancas, ¿a qué se presenta a la investidura si dice de
antemano que no cuenta con los votos de los tránsfugas y sin ellos no
podría nunca alcanzar la mayoría? Para hacer el figurón y chupar
cámara. Pues bien que lo ha hecho, porque si antes era un político
semidesconocido y de escasa talla ahora ha quedado reducido a la mínima
expresión. Y encima se le puede tachar de tonto.
¿Cuántos maletines pasaron de mano en mano en aquellos días, tratando
de comprar los votos de Tamayo y Sáez? Ni se sabe ni se sabrá, por
más que se hayan hecho públicas las llamadas efectuadas esa mañana,
que ésa es otra. ¿Cómo una cadena de radio ha podido hacerse con las
mismas? A base de pagar dinero, naturalmente, ya que su objetivo es ir
en contra del Gobierno siguiendo los dictados de su opulento
propietario.
Total: Un circo. Pero peor, infinitamente peor, que aquel en que
trabajaron "los payasos de la tele". Allí se preguntaba: ¿Cómo
están ustedes? Y los niños respondían: ¡Bien! Ahora
habría que decir que estamos, simple y llanamente, jodidos.
Así que el sábado pasado, tras haberme dormido por la tarde escuchando
los discursos en la Asamblea, me volví a marchar a bailar para evadirme
y me encontré sumergido en la aglomeración de la celebración del Día
del Orgullo Gay. En mi vida había visto tal gentío, ni tan siquiera
quizás cuando la manifestación del NO A LA GUERRA. Pero la gente se
divertía y, aparte de los múltiples camellos que ofrecían su
mercancía y de los más numerosos que hacían caso omiso de la ley
antibotellón, no contemplé ningún incidente. Está visto que la gente
lo que quiere es divertirse y lo demás le importa un pito. Eso es lo
que nuestros políticos no han comprendido ni llegarán a entender: Que
los ciudadanos lo único que quieren es vivir en paz y hallar
divertimento. Pero para eso, que cuesta dinero, tampoco hace falta
salir, con contemplarles a ellos por la tele ya tendremos distracción.
Y es gratis.
Lo dicho: ¿Dónde estará aquel Fofó de mis amores que me hacía
reír? Porque estos malos cómicos de ahora, lo único que me producen
es lástima al ver lo mal que interpretan su papel. Pero bien que cobran
por hacerlo, ¡coño!
A
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