El solsticio de verano


Pues sí. El verano ha llegado y bien que nos ha achicharrado. Dicen los más viejos del lugar y aquellos que llevan estadísticas que nunca habían existido un final de primavera y un comienzo de canícula tan bochornosos como los de este año. Las temperaturas han subido a base de bien y casi han derretido el mercurio de los termómetros. Eso en cuanto al calor, porque si hablamos de otros espectáculos que también han caldeado el ambiente no tendría espacio bastante para hablar de ellos. Y además que hoy no me apetece hablar de política, ¡qué diantre!, que ya nos tienen hasta el gorro los padres de la Patria con sus escarceos económicos y transfuguistas. Al final no va a haber elecciones nuevas en la Comunidad de Madrid y el señor Simancas va a intentar hacerse con el poder contando con los votos de los traidores, los cuales se van a llevar la bonita suma de 150.000 euros por haberse acogido al grupo mixto. Eso más lo que les habrán dado quienes les convencieron para que no comparecieran en el momento preciso. Total, que se han llenado el bolsillo merced al voto de los ingenuos ciudadanos. Allá ellos con su conciencia, como decía el ritual del juramento militar: "... y si no, que Dios os lo demande." ¡Ea! Que les den mucha pomada que buena falta debe hacerles.
Así que para despejar mi mente de tales pensamientos, me puse a estudiar eso del solsticio que, como ustedes bien saben, es cualquiera de los dos puntos de la eclíptica en los que el Sol está en el punto más alejado del ecuador celeste. ¿He dicho bien? Pues debe serlo. El caso es que, según los astrónomos, el de verano es en la noche del 21 al 22 de junio y que en esa fecha se vienen celebrando desde tiempos ancestrales diferentes rituales mágicos relacionados con el fuego. Por lo visto se desea algo, se escribe en un papel y si se arroja a la hoguera se cumple. Como me decía una amiga, no sé si con toda una bolsa de rollos de papel higiénico tendríamos espacio para pedir todo lo que deseamos. Por mi parte, con que fueran más honrados quienes nos gobiernan me daría por contento...
¡Y dale! Otra vez con lo mismo. Dejémoslo y volvamos a lo del solsticio. He dicho que la noche del día 21. Pues llegó un buen día la Iglesia y dijo que no, que había que hacerlo coincidir con el día de San Juan, para santificar la fiesta pagana. Y así se viene haciendo desde entonces; lo mismo que la Nochebuena el 24 de diciembre, el nacimiento de Cristo, que está más que comprobado que ocurrió en julio. Con razón dijo Don Quijote que había topado con la santa institución. Les trae sin cuidado cambiar hasta el calendario con tal de alcanzar su meta. Cualquier año de estos nos suprimen hasta la primavera para que no se nos altere la sangre, que luego dicen que es pecado.
Total que, yo, que al pecado no le temo pues creo que es un invento para asustarnos, decidí salir esa noche a contemplar el solsticio madrileño. Así que me fui a bailar. Y lo pasé bien, es cierto. Conocí gente interesante, reencontré viejos amigos y, sobre todo, me olvidé por unas horas de la pesadilla electoral.
Al día siguiente, domingo, se celebró la última jornada del campeonato de Liga. Y una vez más, el Real Madrid salió campeón, como diría Joaquín Sabina, dejando con tres palmos de narices a los esforzados donostiarras de la Real Sociedad. Yo me alegro por mis paisanos; lo que ya no me hizo gracia es que los vascos, tomando justa venganza, le clavaran tres goles a mi infortunado Atleti. ¡Si es que en verdad tenemos bien ganado el calificativo de El Pupas! Encima que el vecino es campeón, van y nos golean.
De esta forma terminó el dichoso solsticio y llegó la noche de San Juan.
Las hogueras alumbrando todas nuestras playas, nuestros patios, nuestros solares... Un gran evento, sin duda. Pero la noticia no vino del fuego ardiente sino de la fría decisión que adoptó la directiva madridista no renovando a su entrenador después de haberles ganado la Liga. Y poniendo de patitas en la calle al malagueño Fernando Hierro tras de catorce años rompiéndose el pecho y sudando la camiseta blanca. ¡Qué desagradecidos, válgame el Cielo! Me recordaron a dos individuos que están en la Asamblea de Madrid... ¡Y dale con el mismo tema!
Lo de Del Bosque se veía venir, sinceramente. Para dirigir a esos jugadores tan galácticos no hace ninguna falta tener carné de entrenador. Basta con decirles: - Salgan y jueguen como saben. Y a llevárselo muerto, como está mandado y como cunde el ejemplo desde más altas esferas.
Lo de Hierro ya sí duele. El pobrecillo no hizo otra cosa que enfrentarse a su presidente, que es el que le paga, e influir en los más jóvenes para que plantearan un motín parecido al de La Bounty. El mismo Raúl, gran jugador sin duda, pedía a gritos hablar con el alcalde para que le dejasen abrazarse a la Cibeles y colgarle una bufanda, a lo cual se opuso el nuevo edil lógicamente, para que la diosa no se asfixiara con tantas calores.
Resumiendo, que estos nuevos ídolos del público, jóvenes, díscolos y caprichosos, creen que pueden hacer lo que les salga del pie, y nunca mejor dicho, merced a su fama y su dinero, ganados pegándole cuatro patadas a una pelota.
Si es lo dicho... Enseñamos a los jóvenes a corromperse desde niños y luego queremos pedirles responsabilidades cuando son mayores. La seriedad es una asignatura que se imparte con el ejemplo y si no hay maestros, difícil es que los alumnos lleguen a aprenderla. Como dijo Pepe Moros: Cuando hay toro no hay torero y cuando hay torero no hay toro.
Esperemos que tú, Natacha, hija de Anika, mi amable anfitriona en su página, sí cuentes con quien sepa enseñarte buenos modos y seas una mujer de provecho como lo es tu madre.
¿Ven? Al final he conseguido no hablar nada de política. Mejor. Con estos calores poco me apetecía hacerlo; que ya saben lo del cántaro, que de tanto rodar del caño al coro y del coro al caño... Tendré cuidado con las palabras; más que lo tienen otros con sus hechos, porque es bien sabido que, al final, por mucho que se esfuercen por conseguir un escaño... ¡Van y la escoñan!

 

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