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Aquí huele a
mierda
"Algo huele a podrido en
Dinamarca", escribió Shakespeare en su Hamlet. Ahora no
tenemos necesidad de irnos a los países nórdicos. El olor a putrefacto
se encuentra en la misma Comunidad de Madrid tras el resultado de las
elecciones del 25-M y el uso fraudulento que se piensa hacer de los
votos de los ciudadanos. La escasa diferencia de la victoria del Partido
Popular dejaba a éste a un solo voto de la mayoría absoluta que
podría formar la coalición del Partido Socialista e Izquierda Unida.
Fue el partido más votado, sí, pero la suma de los escaños de sus
contrincantes le desplazaban del poder por mucho que la candidata
Esperanza Aguirre protestase por ello. Juntando sus fuerzas los otros
dos, el socialista Simancas se preparaba para ser el nuevo Presidente. Y
de repente llega el instante de la constitución de la Asamblea y dos
miembros de las fuerzas triunfadoras hacen mutis por el foro y
desaparecen en el momento de las votaciones. Resultado: La Presidencia
de la Asamblea para el PP. Ni los mismos "populares" se
lo creían; al menos aquellos que no estuviesen en el ajo de la trama.
Los socialistas menos, claro, porque a esos dos miembros los habían
elegido ellos y parecían gozar de toda su confianza. Tal vez los de
Izquierda Unida sí tuvieran sospechas de que les podían hacer la
jugarreta, pero eso dudo mucho de que llegue nunca a saberse.
¿Qué es lo que ha sucedido? ¿Cómo pueden dos miembros de un partido
político cambiar de la noche a la mañana su opinión y dejar con el
culo al aire a sus compañeros de militancia? Pues muy sencillo: El
señuelo omnipotente del dinero que es capaz de corromper a la más pura
y honrada de las personas. Y estas dos mencionadas de eso ya tenían
poco, según nos hemos ido enterando. Eduardo Tamayo parece ser que
tiene negocios de construcción, (o colabora en ellos con José Luis
Balbás, otro desconocido para los votantes), y María Teresa Sáez no
tiene más titulación que la de un Secretariado en el que seguramente
ha sabido aprender a guardar a buen recaudo las informaciones maliciosas
y los chismes y trapos sucios de sus jefes. Si no, es incomprensible que
sea propuesta para cargos de relieve salvo que sea "muy buena
becaria", cosa que por su edad tampoco parece.
Total, que el ingenuo Simancas, insisto en lo de otro desconocido para
los electores hasta hace poco, se vio ya a punto de sentarse en la
poltrona presidencial y rompió el silencio cauteloso que hasta entonces
había mantenido y ofreció el oro y el moro a Izquierda Unida. Compraba
sus pocos pero necesarios escaños a cambio de una gran parcela de poder
que dejaba en sus manos, entre ellas nada menos que Educación y, al
parecer, Urbanismo, con la cantidad de millones que mueven esas dos
facetas, en particular la última por aquello de las recalificaciones de
terrenos. Tampoco le faltó tiempo para anunciar que las grandes
superficies comerciales no gozarían de tantos días festivos para abrir
sus puertas, así como para proponer cambios en la dirección de Caja
Madrid. ¡Vamos, que abrió la Caja de Pandora! O pretendía hacerlo
porque, automáticamente, aquellos que consideraron que podían verse
perjudicados en sus intereses, incluidos el mismo Tamayo y Balbás, han
reaccionado y le han dicho que verdes las han segado y han pagado
la deserción de los dos tránsfugas no con treinta monedas de plata
sino con montañas de oro, un puñado tan sólo de lo que piensan
obtener si las cosas no cambian.
Yo no voy a culpar, desde luego, ni al PP ni al mismo PSOE de este
desaguisado. Los partidos no son malos en sí mismos sino las personas
que los integran. Es mucho dinero el que se pone en juego y siempre
existe el traidor dispuesto a dejarse comprar.
Esto no ocurriría si las elecciones se celebrasen con listas abiertas y
no cerradas como ahora. Los ciudadanos votarían a la idea que mejor les
pareciese y al programa que más se adaptase a sus necesidades y, luego,
ya se encargaría el vencedor de colocar en sus cargos a las personas
mejor cualificadas para desempeñar los mismos. Los escaños serían del
Partido y no de esos miembros a los que nadie conoce y que se ignora
cómo han llegado a ocupar tal situación. O se votaría a las personas
por su buena calificación y su conocido buen hacer, como se hace en las
elecciones al Senado o en las Europeas. Pero meter en el mismo saco de
los íntegros a dos sinvergüenzas eso sólo puede llevar a una debacle
como la que ahora se presenta.
Hablan de convocar nuevas elecciones. Ignoro, aunque me imagino, cuál
va a ser el resultado si se llevan a cabo. Por de pronto, que va a bajar
el nivel de participación, porque aquellos que se sienten defraudados
van a decir que vote su padre. Después, otro gasto enorme. Y, sobre
todo, los jóvenes... ¿Quién va a tener bemoles para decirles que todo
en política es un engaño? Luego nos quejaremos de que
"pasen" y que prefieran la litrona y el fútbol, la telebasura
y la droga. ¿Pero qué van a escoger si sus mayores no les ofrecemos
más que mierda? Para eso dirán que se la meten ellos y lo pasan mejor.
Y tendré que estar, aún a mi pesar, muy de acuerdo con ellos.
A
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