|
Con el palo en la
mano...
Los españoles somos así: Unas veces vamos
detrás de los curas llevando el incensario y otras les perseguimos con
el palo. Aquí no hay término medio. Ha llegado el Papa y la gente se
ha echado a la calle a recibirle como no se recordaba hace siglos. Es
cierto que el venerable Karol Wojtyla es un hombre carismático que
arrastra multitudes, pero también que los eventos que le organizan
están espectacularmente montados por la camarilla que le rodea, por la
Iglesia española y por el partido en el Gobierno. Hay muchos millones
en juego, muchos miles de votos a la expectativa y demasiados intereses
creados como para desaprovechar la oportunidad de una visita del Santo
Padre. Y más cuando existe un cardenal español futuristamente papable,
Rouco Varela.
A mí, personalmente y con todos mis respetos, este Papa que parecía
prometer tanto cuando fue elegido no me parece que haya hecho demasiado
por el acercamiento de la Santa Sede a la sociedad actual y viceversa.
No discuto que no se haya esforzado por hacerlo ni que se haya dejado la
vida y la salud en ese intento pero, sinceramente, creo que un hombre
que se enfrentó y padeció a los dos sistemas más sojuzgantes de la
historia moderna, el nazismo y el comunismo, debería haber comprendido
que la vida de ahora solicitaba más de la benevolencia de un Dios
Bondadoso que de la dureza del Dios Justiciero cuya imagen ha querido
preservar durante su pontificado. La Iglesia Católica sigue siendo tan
machista como antaño y en exceso conservadora ante la lucha de clases.
Es cierto que ya no se celebran Autos de Fe y no se quema a los
discrepantes, pero se ignoran los derechos de varios colectivos y se
margina a los mismos. Y más que nada, lo que apabulla es la inmensa
riqueza que se atesora en las arcas del Vaticano y la vital
trascendencia con que interviene en los asuntos financieros de todo el
orbe.
"Y empezaron con un pesebre...", me decía un conocido. Pues
bien que les ha rendido la inversión. Podrán rebatirme que también
hay países que gastan sus fortunas en armamento pero, que se sepa, sus
dirigentes no han hecho voto de pobreza ni fomentan el amor al prójimo
precisamente. Y Juan Pablo II sí. Y ese amor comienza por consolar la
angustia en que viven muchas personas que quisieran ser buenos
cristianos pero que se ven rechazados del culto por sus circunstancias
personales: Divorciados, parejas de hecho que no pueden casarse por
diferentes causas, homosexuales e, incluso, hasta muchos de los propios
sacerdotes que desearían contraer matrimonio y no se les permite
hacerlo. No hablemos ya de los casados a los que les es imposible
económicamente tener ya más hijos y a quienes se cierra el camino del
control de la natalidad. O de los jóvenes a los que se les ponen trabas
para que practiquen un sexo clínicamente recomendado. No hablo de
promiscuidad, que eso es salirse por la tangente, pero sí de una vida
amorosa sana, sin cortapisas ni impedimentos religiosos.
Para mí que este Papa no lo ha conseguido y que ni tan siquiera se ha
planteado luchar contra estas normas antiguas y trasnochadas que ya se
han quedado definitivamente obsoletas en el devenir de los tiempos.
Habrá pues que esperar a la llegada de otro que sí desee transformar
las cosas. Pero, a pesar de todo, es cierto que es un hombre
carismático. Tal vez sea su aspecto de abuelito cariñoso y cordial el
que atraiga a los jóvenes a aclamarle. Desde luego es preferible que
los muchachos le aplaudan y canten a la Virgen que no que estén
atiborrándose de cervezas y de drogas, eso es una cosa de sentido
común. Quizás es que el Pontífice se convenciese, o le obligaran a
hacerlo durante su juventud, de que la ley del palo es la que mejor
funciona en ciertas circunstancias. También si se da demasiada libertad
a la gente, ésta saca las cosas de quicio y arrolla todo lo que
encuentra a su paso. Pero la Historia será quien deba juzgarle y no la
opinión de este humilde villano.
Y hablando de palos, - que en realidad eran el motivo de este artículo
pero no podía dejar de referirme a la visita del Papa -, ¡hay que ver
el que le sacudieron al sindicalista Fidalgo el Primero de Mayo! Para ir
a mear y no echar gota. Resulta que va el hombre tan contento a
manifestarse y celebrar la fiesta en compañía de sus camaradas de UGT
y se acerca un desaprensivo y le atiza un estacazo, a traición y con
alevosía. Lo de la traición es porque fue por la espalda. Lo de la
alevosía porque, siendo tan alto como él, a ver quién era el guapo
que fallaba.
Quien le agredió es un antiguo trabajador de SINTEL, la filial de
Telefónica que desguazaron hace años dejando en la calle a todo el
personal. Sí, los que montaron el campamento en la Castellana y
anduvieron tocando los tachines y los tachones al gobierno durante meses
hasta que obtuvieron unas promesas que, por lo visto, no han sido
cumplidas. Y eso que los Sindicatos, tanto el socialista como el
comunista, lucharon por ellas, siendo CC. OO. quien más lo hizo. Pues
van y le pegan al pobre que más peleó por dicha causa aunque no haya
tenido éxito. ¿Y es que, cuándo se van a dar cuenta estos
sindicalistas de que, realmente, no representan a nadie y que los
trabajadores ya se han percatado de que tan sólo se han preocupado de
asegurarse buenos puestos para ellos mismos, estando todo el tiempo a
partir un piñón con la derecha? Aunque hicieran la huelga del pasado
20 de junio en la que al cabo hicieron derogar el Decretazo; pero por lo
demás, ni chicha ni limoná, como se dice en estos lares.
Desengañémonos, aquí cada uno va a lo suyo y si los demás no llegan
a final de mes con sus salarios ésa es cuestión del maestro armero.
Que vayan a él a reclamarle.
Total, que ha sido un principio de Mayo muy movidito. Esperemos que los
finales también lo sean, pero todo dentro de un orden. Apuesto a que,
si el pueblo español es inteligente, - que pocas veces lo ha sido -,
sepa darle un buen revolcón en las urnas al prepotente secretario del
Presidente de los Estados Unidos. No a aquél nacido en América sino a
éste, natural de Madrid, que se ha querido arrogar el cargo de defensor
de causas perdidas y de invasiones imperialistas y lo único que va a
conseguir es dejarnos en manos de los "sociatas", ya que es la
única opción decente de voto que nos resta.
Ahora que recuerdo, el palo también se utilizaba para sostener la
zanahoria con la que se engañaba al borrico para que anduviera ligero
tratando de comérsela. Esperemos que nosotros tengamos más suerte y
seamos más listos que el pobre animal y sí lleguemos a alcanzarla.
A
portada |