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Morir es bien
sencillo
Sabido es que la muerte es una
etapa necesaria más de la vida, pero a todos nos gustaría fallecer
después de una larga y próspera existencia, tranquilamente en nuestro
lecho, sin dolores, en paz con uno mismo y rodeados de nuestros
familiares. Pero en este siglo en que nos hallamos y en este año que ha
empezado con mal pie, parece que morir así no va a ser tan fácil.
Al que no le caiga un bombazo en la cabeza, como les ha pasado a los
iraquíes, le van a degollar sus vecinos africanos por ser de otra etnia
o le van a tomar como objeto de sus represalias los judíos en
Palestina. Y si no, aún nos queda el remedio de contraer la neumonía
atípica procedente de China, salir de vacaciones en Semana Santa o,
simplemente, de vivir en Madrid, ciudad que se ha convertido en una de
aquellas del clásico Oeste americano donde la muerte se encerraba en el
cilindro de un revolver. Todo ello contando conque no seas sirio y te
veas amenazado por la ambición del Imperio o que los coreanos no te
fijen como objetivo de sus armas nucleares.
Los recientes sucesos de la guerra me han impedido tratar estos otros
temas, por el aquél de la actualidad; pero ya tenía yo ganas de
comentar el estado de temor en que vivimos los ciudadanos madrileños.
Cuando no es el asesino "de la baraja", que marca a sus
víctimas con una carta del palo de copas, son los ajustes de cuentas
entre las diversas mafias, casi siempre foráneas, que campan a sus
aires en esta ciudad. Y cuando no, el robo. El día de Viernes Santo
amaneció tranquilo y a las 2 de la tarde hallaron el cadáver de una
pobre mujer de noventa y muchos años estrangulada en casa de su hijo,
al cual había venido a ver en estos días. Es un suceso como tantos y
que solamente ocupa unas líneas en un periódico y pocos minutos en un
informativo de televisión. Pero cuando ocurre en la casa contigua a la
que uno vive, cuando sus ventanas dan casi frente por frente de las
tuyas, te entra un repelús que te estremece. Piensas que el asesino, o
la asesina según parece, podía haber entrado en tu portal en vez de en
el de ella y haberte tocado a ti la china o a cualquiera de tus vecinos,
con los que convives hace tantos años. Con éste, dicen que van treinta
y ocho asesinatos en la Comunidad de Madrid en lo que llevamos de año y
lo cierto es que, a pesar de los esfuerzos de la Policía, se han
resuelto pocos casos. Va a ser cuestión de compartir la teoría yanqui
de un hombre, un arma y un voto y salir a la calle armado hasta
los dientes, aparte de estar bien preparado en el propio domicilio. Y al
primero que te solicite la hora o se acerque a preguntarte una
dirección o que llame a tu puerta para venderte algo, descerrajarle dos
tiros por si las moscas. Hasta ese punto hemos llegado. Me decía la
otra mañana una conocida, que quería adquirir una recarga para un
móvil y a la que un señor le indicó dónde podría hacerlo, que qué
amables éramos los madrileños. Pues vamos a tener que dejar de serlo y
a empezar a caminar por la calle con cara de pocos amigos para que los
delincuentes nos tomen miedo. Y a exigir que nos enseñen la patita
antes de franquear nuestras puertas a nadie.
Lo de la carretera en estas minivacaciones ya es que no tiene nombre.
Hace un año escribí sobre el tema y en éstas ha vuelto a suceder lo
mismo. Ciento treinta vidas perdidas en estos días por causa de la
velocidad, del progreso y de la locura de unos cuantos. Dicen que es
inevitable dada la cantidad de vehículos que viajan, pero algún
remedio hay que encontrar para detener esa sangría. Mas como a ella ya
estamos acostumbrados, lo máximo que hacemos es detenernos un instante,
observar cómo rescatan los cadáveres y seguir nuestro camino un poco
más despacio, hasta que nuestro miedo desaparece y volvemos a apretar
el acelerador a fondo. Se nos olvida bien pronto aquel slogan de hace
años: Más vale perder un segundo en la vida que la vida en un
segundo.
Hay otras cosas más sobre las que hablar, pero no quiero dejar de
hacerlo sobre las manifestaciones de Arzallus en la celebración del
Día de la Patria Vasca. Los pistoleros de ETA lo han calificado como un
picnic que el buen señor (¡qué ironía ambas palabras!) se fue a
celebrar a Francia, pero el caso es que él afirmó que las relaciones
con el Estado Francés atravesaban por muy mal momento mientras que con
el Estado Español casi estaban inmersos ya en la guerra. ¿Es que no
hay quien ponga freno a las memeces que suelta este individuo cada vez
que habla? Y a ver si el lehendakari chilla un poco menos cuando expone
sus puntos de vista, que cualquier día le va a dar una isquemia del
frenesí con que lo hace. Si España hubiera querido entrar en guerra
con el País Vasco ya lo hubiera hecho hace años, que motivos no le han
faltado. Pero como no todos los nacidos en esa hermosa tierra son tan
hipócritas y desalmados como ese renegado jesuita que es el Presidente
del PNV, ni siquiera lo ha considerado. Ni eso ni imponer siquiera el
estado de excepción, facultad que sí le proporcionaba la Constitución
de 1978. Pues que no se anden con tonterías que, ahora que Bush es tan
amigo de Aznar, lo mismo César Imperator les lanza los marines y
les pone firmes en dos días.
De la neumonía atípica que está causando tantos muertos y que tiende
a extenderse por todo el planeta, solamente decir que mejor hubiese sido
que se empleara el dinero que valen unos cuantos misiles en investigar
el virus que la causa que en lanzarlos sobre Irak, que se han cepillado todas las
riquezas culturales de Babilonia como hace siglos se incendió la Gran
Biblioteca de Alejandría, por culpa de la guerra y de las ansias de
matarse unos a otros.
¡Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de
Dios! Y los que se alegran con la guerra y con los males que conlleva,
esos no sé de quien serán llamados hijos. Aunque lo tengo en la
puntita de la lengua...
Así que, morir es bien sencillo, pero vivir no tanto. Y si es bien,
todavía mucho más difícil, digan lo que digan el señor Aznar y sus
promesas.
A
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