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Mear fuera del
tiesto
Ahora que ya estamos en las postrimerías de
la batalla de Bagdad, que no de la guerra porque ésa va a durar mucho
más tiempo cuando los partidarios sobrevivientes de Sadam se dediquen a
incordiar en guerra de guerrillas como hicimos los españoles con las
tropas napoleónicas en el siglo XIX, (pero, ¡ojo!, que estos son
suicidas y hacen la guerra santa y les atrae el hecho de ser mártires),
a las fuerzas aliadas, a las que les va a costar Dios y ayuda y mucha
sangre dominar enteramente el país, creo que es hora de que juzguemos
lo que todos estos acontecimientos han supuesto para España, para el
partido en el Gobierno y para la oposición.
El presidente Aznar, por motivos que solamente él y sus allegados
conocerán, decidió aliarse con Bush y formar una especie de
triunvirato junto con éste y con Blair. Pero en los triunviratos que
han sido célebres en la historia, (Pompeyo, César y Craso o Marco
Antonio, Octavio y Lépido, por no hablar de la alianza cuatripartita
más reciente que formaron Rooselvelt, Stalin, Churchill y De Gaulle, en
la cual este último se comió la rasca del chivo al final y eso que era
mucho más estadista que Aznar), siempre ha habido uno que ha estado de
más y, al final, el poder se lo han repartido entre los dos más
poderosos, aunque luego acabaran a palos entre ellos. Craso puso el
dinero para financiar a César. Luego murió en lucha contra los partos
y quedaron enfrentados los dos grandes rivales, el conquistador de las
Galias y Pompeyo. Con Lépido ocurrió lo mismo: Le pusieron para ser
árbitro y acabaron por quitarle de en medio para dividirse el mundo de
entonces entre los dos grandes rivales, Octavio César Augusto y
Antonio, el comandante predilecto de César y amante de Cleopatra.
Pues con Aznar va a suceder lo mismo, si no me confundo. Que va a ocupar
el papel de Lépido, porque el de Craso le queda grande al ser España
pobre, y no participará en los beneficios que la guerra pueda reportar
al mundo occidental. Para eso estarán los alemanes y los franceses que
son más listos que nosotros. O más oportunistas. Total, que don José
María se va a quedar compuesto y sin novia, porque no deseo pensar que
haya otros intereses inconfesables que le hayan llevado a tomar ese
partido.
Pero su conducta, involucrando a todo un país que desea la paz en un
conflicto que ni nos iba ni nos venía, le ha echado encima a la mayor
parte de la opinión pública y, por tanto, ha dado alas a sus oponentes
en vísperas de unas próximas elecciones. Y como aquí, ya se sabe, a
río revuelto ganancia de pescadores, el líder del Partido Socialista,
Rodríguez Zapatero, ha querido sacar tajada del error de su rival y se
ha puesto a la cabeza de ese movimiento ciudadano que reclamaba la paz.
Es cosa natural y normal en la política. Si el enemigo presenta un
flanco debilitado hay que atacarle en donde más le duele. Pero esas
manifestaciones ciudadanas que comenzaron espontáneamente y que
representaban un deseo legítimo del pueblo se han visto trastocadas en
una guerra de partidos que quieren ganar los comicios como sea,
valiéndose de esos manifestantes anónimos que deseábamos solamente la
paz.
¿A qué vienen esos ataques a las sedes del PP así como a que se
sellen las oficinas del PSOE? ¿Qué pintan y quiénes son esos
encapuchados que se encargan de agitar las manifestaciones provocando a
la Policía para que cargue contra una multitud que actuaba
pacíficamente? Los populares descalifican a los partidos de izquierdas
en sus mítines; estos se ocupan de reventar los actos electorales de
los otros... ¿Esto es democracia? Pues como dijo don José Ortega y
Gasset en vísperas de la guerra civil: ¡No es eso, no es eso..!
¡Qué elegancia tuvo Alberto Ruiz-Gallardón cuando le fastidiaron la
entrega de esos premios a los artistas! Encajó el golpe
caballerosamente y luego invitó a los provocadores a la fiesta del año
próximo, si es que es alcalde de Madrid. Así, con esa galanura
deberían proceder todos sus colegas, tanto los de su bando como los del
contrario. Pero eso de llamar asesino a Aznar, como ha hecho Llamazares,
me parece fuera de lugar. Si le hubiera llamado tonto, seguro que hasta
le aplaudiría; pero creo que se ha excedido en el calificativo.
Aznar no ha matado ni ha mandado matar a nadie. Si ha figurado en la
reunión de Azores donde se decidió la guerra, aunque ésta estaba ya
más que decidida por el asesino, ése sí, de Bush, ha sido para ocupar
el lugar de comparsa y porque, estoy convencido o quiero estarlo, creía
sinceramente que hacía lo mejor para nuestro país. Que haya hecho el
idiota es otra cosa porque, aparte de poner a su partido en candelero,
ha puesto a la nación entera en el punto de mira y como posible
objetivo de los extremistas islámicos. Pero él no ha intervenido para
nada en que los Estados Unidos decidiesen la invasión de Irak. La que
me sorprende es la actitud del ministro de Defensa y de algunos
militares. ¿Querían tomar parte en la contienda? Será que les
gustará jugar a los soldaditos y, como no se atreven con nuestros
vecinos del sur, querían irse a hacer los machos al continente
asiático al amparo del poder bélico de los marines. Ahí sí que
deberíamos exigir dimisiones en cadena y retiradas de cargos. Aunque
tal vez es que siga sonando aquel ruido de sables que parecíamos haber
olvidado hace ya años y continuemos teniendo miedo a la bota militar.
Está visto que "el abuelo" llevaba en parte razón cuando
decía que los españoles no tenemos arreglo y que solamente entendemos
la libertad cuando nos beneficia a nuestros propios intereses y no
cuando coarta nuestras ambiciones. Aquí la democracia no nos ha calado
todavía y queremos hacer uso de nuestros derechos antes que de nuestros
deberes, cuando ambos deben de ir unidos de la mano. A eso, en Madrid, y
creo que en toda nuestra nación, se le llama mear fuera del tiesto o
confundir los cojones con comer trigo.
Yo veo claramente que Aznar no debe renunciar a presentarse nuevamente a
las elecciones generales. Si sigue con su propósito de no hacerlo, el
embolado que va a dejar a quien designe como delfín no va a ser
pequeño. El ejemplo lo tenemos en la Alcaldía de Madrid, para la que
designó como candidato al Presidente de la Comunidad Autónoma, el
citado Ruiz-Gallardón, el cual, ante los acontecimientos producidos
más tarde con la cuestión iraquí, tiene que estar arrepintiéndose de
haber aceptado.
El que la hace, la paga. Si Aznar se ha confundido, debe ser él mismo
quien apechugue con la posible derrota. En la Edad Media, las
diferencias se dirimían en el llamado Juicio de Dios, enfrentándose
los dos contrincantes armas en mano. Que haga ahora lo mismo, aunque
estemos en el siglo XXI. Y si no, no tendremos por qué creerle, como
tanto nos ha suplicado.
A
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