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Una inmensa
mayoría
Según estudio del C. I. S. (Centro de
Investigaciones Sociales), un 91% de los españoles están en contra de
la guerra que Estados Unidos y el Reino Unido, secundados por España en
ese extraño maridaje que impulsó al Presidente Aznar a aliarse con el
mandatario norteamericano, han desatado en contra del pueblo iraquí. Y
he dicho bien porque, aunque la coalición diga que va tras de Sadam
Husein, la verdad es que quien está sufriendo las consecuencias es su
pueblo, que son los que resultan bombardeados salvajemente. Porque eso
de las "intervenciones quirúrgicas" fue un camelo de los
primeros días. Como no lograron alcanzar al líder en aquel instante,
ahora ya van a masacrar a la población civil cometiendo "errores
de cálculo" que luego no saben explicarse. Si los tácticos
militares nos hablaron en los primeros días de la contienda de que el
máximo error de un proyectil inteligente era de dos metros, no se
comprende que se desvíen y alcancen núcleos de población civil contra
los que no iban dirigidos. Salvo que los que los disparan sean unos
burros, que es que deben serlo por mucha tecnología que posean.
Pero no deseo hablar más de esta absurda y cruel guerra que nos están
televisando, a medias claro está, en todos los noticiarios de
televisión. Lo que aquí pretendo recalcar es ese alto porcentaje de
españoles que está en contra de ella. Si es cierto que es más de un
90%, significa que nueve de cada diez ciudadanos no están a favor de la
postura del partido en el Gobierno. Y éste alcanzó la mayoría
absoluta en su día con un programa político y una serie de promesas
que, según esta encuesta, han sido tergiversadas e incumplidas. Nadie,
ni siquiera sus votantes, le dio al señor Aznar una carta de libertad
para embarcarnos en semejante empresa. La mayoría del pueblo le
concedió su voto para que hiciera prosperar a España, nos introdujera
de lleno en Europa y, en suma, para procurar el bienestar de todos los
ciudadanos. Y hete aquí que, haciendo uso de esta patente de corso, nos
ha metido en una contienda no deseada más que por unos cuantos. Y ni
tan siquiera deseada, porque el mismo Presidente dice que a él es al
primero que le repele. Digamos, entonces, consentida.
La mejor manera de no desear una cosa es oponerse a ella y no dar alas
al promotor, al señor Bush, tan megalómano y tan dictador como el
mismo Sadam Husein. Como él mismo dijo, el que no está conmigo
está en contra mía. Ya me dirá quien sea si ésta no es una
actitud dictatorial y de abuso de poder. O eres mi amigo o eres mi
enemigo. ¿Es que no se puede ser simplemente conocido? Porque los
países de la Unión Europea, de la cual formamos parte, no cabe duda de
que, puestos a elegir, estarían más del lado americano que del
iraquí, por cuestiones culturales, económicas, sociales e incluso
religiosas. Pero de ahí a bendecir su conducta y a prestarle su ayuda y
sus aplausos media un abismo. Ése ha sido el error de nuestro
Presidente: Anticiparse a los acontecimientos y querer sentarse a la
diestra de Dios Padre, que en este caso debe ser Bush hijo, sin aguardar
que le tocase el turno como han hecho todos. El caso es llegar a la
Gloria, aunque ésta no sea celestial en este caso.
¿Qué ha conseguido con ello? Nada menos que dinamitar la unidad de
Europa enfrentándonos con nuestros vecinos y socios, los cuales son, en
definitiva, quienes deberán sacarnos las castañas del fuego en un
futuro. O con quienes deberíamos haber colaborado nosotros realmente
para consolidar una moneda poderosa y una unidad económica que pudiera
competir con el dólar, cosa que es lo que han pretendido evitar y han
conseguido los yanquis gracias a las ganas de destacar de nuestro
querido señor Aznar. Cuando dos naciones secularmente enfrentadas por
las guerras a través de los siglos como Francia y Alemania han
coincidido en una misma labor, va nuestro Presidente y, simplemente, la
caga, rompiendo la neutralidad tradicional española en los conflictos
internacionales. Como muy bien ha dicho don José Bono, Presidente de la
Comunidad de Castilla - La Mancha, lo que han hecho los Estados Unidos
es un crimen y, para nuestro país, nuestra colaboración significa una
deshonra.
A todo esto... ¡Y dale con la confusión de las palabras! Ya le hice
corregir hace un mes a la Revista TIEMPO, en carta dirigida a su
director, el significado de la palabra homólogo, al comparar los
papeles de Bush y de Aznar. Pues en la Cadena SER continúan cayendo en
el mismo craso error. El único homólogo del Jefe del Estado
estadounidense es nuestro rey don Juan Carlos, que es el Jefe del Estado
y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas. José María Aznar es un
Primer Ministro, como lo es Blair, pero parece que le gusta atribuirse
honores que no tiene aunque la Constitución le otorgue poderes que le
niega al rey. Tal vez por eso, éste guarde silencio y no interfiera en
aquello donde tendría razones para hacerlo. Porque la fatuidad de Aznar
ya ha llegado al extremo de decir que si su Partido es derrotado en las
próximas elecciones significará la desintegración de la unidad de
España. Es decir, después de mí, el Diluvio, que dijera Luis
XIV de Francia. ¡Ya estamos con los salvadores de la Patria, que nunca
nos faltan en España! Si nosotros no queremos que nos salve nadie, sino
solamente que nos gobiernen bien para procurarnos bienestar. Me aterran
esos gobernantes que se creen insustituibles e indispensables cuando la
Historia está harta de demostrarnos que no lo son. Orgullo, vanidad y
ansias de pasar a la posteridad, aunque sea a base de despropósitos y
errores. Lo peor de todo es que en su Partido todos agachan las orejas y
le secundan, quitando algunos elementos con vergüenza que todavía
tienen conciencia y dimiten de sus cargos o frenan en el mismo Consejo
de Ministros la idea fomentada por el señor Trillo de enviar el
portaaviones Príncipe de Asturias al frente de batalla. El resto, presta sumiso vasallaje a su
señor y no hay nadie que se atreva a decirle que ha metido la pata
hasta el corvejón. ¿Qué papel va a dejarle a aquél que le suceda?
Cuando una mayoría tan grande del electorado se opone a su conducta,
les está brindando a los socialistas la victoria en fuente de plata,
igual que le ofrecieron a Salomé la cabeza de San Juan Bautista. Sus
propios ministros parecen idiotizados y no saben ni qué hacer ante
tales despropósitos. Y los que sí saben, que son pocos, son tan
prudentes que permanecen en silencio. El caso es no perder las gabelas
que conlleva consigo el cargo ministerial y si el jefe se tira a un
pozo, ellos irán tras él a ciegas.
Conclusión: Aznar sabe que cualquiera que se presente, que no sea él,
como candidato, lo tiene todo perdido. ¿No será su pretensión ésa,
"el que le obliguen a sacrificarse" y concurrir nuevamente a
las elecciones? Cosas más raras hemos visto en la Política, desde
luego. Aunque hubo una noticia no muy difundida por la Prensa y que ha
pasado más bien desapercibida para el gran público, que tal vez
explicase su alianza con Estados Unidos: Marruecos ha adquirido gran
cantidad de armas sofisticadas a un país árabe y ha llamado a varios
cientos de miles de sus reservistas a filas. No creo que los destine
a intervenir contra el Frente Polisario. ¿No habrá querido nuestro
señor Presidente hacernos un seguro de vida contra una posible
invasión alauíta, hermanándose con el coloso norteamericano? Pues si
es así, debiera de explicarlo. Que creo que ya somos mayorcitos y lo
suficientemente listos como para conocer de qué parte nos pueden venir
los tiros. El ocultar esas cuestiones es considerar tonto a un pueblo
que de tal no tiene ni un pelo, de verdad. ¿O es que se nos sigue
considerando menores de edad y encima gilipollas? Pues muchos somos
universitarios y todos tenemos derecho a saber lo que acontece. Aun los
que no somos votantes del PP, aunque ni a esos mismos se les den
explicaciones. Hable usted, señor Aznar, no pida solamente que le
creamos. Porque es que corre el peligro de que luego le digan que se ha
callado como un puta. Y eso sienta muy mal el escucharlo.
A todo esto, parece que, según las últimas encuestas, el 60% de los
votantes desearía la dimisión del Presidente. Verdaderamente, es una
inmensa mayoría...
A
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