|
Cuatro golazos
En efecto, en la noche del sábado día 2 de
febrero se marcaron cuatro golazos de esos que hacen historia por las
consecuencias que conllevan. Los tres primeros se los metió el
Atlético de Madrid al F. C. Barcelona en el partido de fútbol que se
celebró en el Estadio a orillas del Manzanares, en Madrid. El Barça,
que ya venía tocado de ala y con un entrenador de circunstancias ya que
el prepotente holandés Van Gaal acababa de ser destituido hacía apenas
dos días, se marchó para su tierra con tres "chicharros",
como se dice en términos futboleros, que encajó a pesar de su
intencionado propósito de la enmienda que no le sirvió de nada ante el
empuje de las huestes rojiblancas dirigidas por "el sabio de
Hortaleza", Luis Aragonés. Vergonzosa y humillante derrota ante un
conjunto que acaba de subir de Segunda División aunque por historia
siempre haya sido de Primera. Tanto que esa debacle puso en el
disparadero de la dimisión al Presidente del club, Joan Gaspart,
abucheado por sus socios ya en partidos anteriores y acabado de rematar
en esa Noche Triste para los culés y feliz para los colchoneros.
Gaspart, bien aconsejado por sus familiares y amigos y aquejado de una
fuerte depresión de ver al gran equipo, (el Barça siempre ha sido
"algo más que un club"), representante por excelencia de las
esencias catalanas, al borde de las posiciones de descenso, ha decidido
dimitir. O convocar elecciones generales anticipadas a las que no piensa
presentarse, que viene a ser lo mismo. Pero, como verán ustedes,
continuamos siempre igual: En este país nadie, salvo muy honrosas
excepciones algunas de las cuales habría que estudiar porque tal vez
oculten el acceso a otro puesto de más relevancia, no dimite ni Dios
por muy mala que sea la gestión que haya hecho. ¿Qué tendrá el poder
que ata de esta manera a la gente a los cargos que ostenta,
impidiéndoles conjugar el verbo dimitir en su primera persona de
indicativo? O sea: -" Yo dimito". Dicen que es algo conocido
como la orgásmica del poder, algo que los que no hemos estado nunca en
esa posición no alcanzamos a comprender pero que debe tener un
atractivo más que maravilloso.
Pero hubo un cuarto gol de mucha mayor importancia, porque al fin y al
cabo el fútbol solamente es un juego aunque mueva mucho dinero y ya
haya pasado a ser un negocio para sus directivos, dada la cantidad de
influencias y favores que proporciona. Que se lo pregunten si no al
Presidente del Real Madrid, que ha conseguido que le recalifiquen unos
terrenos verdes que le fueron donados a la entidad blanca por el
Ayuntamiento y que ahora ha convertido en un centro empresarial con
cuatro torres, dos más que las Gemelas y las del Señor de los Anillos.
Ese gol no es otro que el que le metieron al Gobierno del señor Aznar
esa misma noche en la entrega de los Premios Goya de cine. Y, para mayor
colmo, éste también fue televisado en directo y habiendo pagado buenos
euros por hacerlo.
Ante la atónita mirada de la señora Ministra de Cultura, los actores
nominados e incluso la presentadora, Marisa Paredes, Directora de la
Academia de Cine Española, lucieron unas pegatinas con un NO A LA
GUERRA que se pudieron contemplar en toda España y parte del
extranjero. Y en todas las manifestaciones que hicieron los premiados,
comenzando por ese grandísimo y venerable actor que es Vicente
Aleixandre, se puso de manifiesto que los artistas españoles están en
contra del conflicto bélico. Habrán notado que he escrito artistas que
no intelectuales, como se ha publicado en la Prensa y demás medios. Y
es que, aunque a muchos de ellos se les podría otorgar tal título, me
niego a llamar intelectual a cualquier comediante advenedizo, porque hay
muchos que solamente pueden presentar unos méritos de favores más que
dudosos. Creo que a buen entendedor, pocas palabras bastan. Las
historias de cama son para las revistas "del corazón" y no
para la sección de este villano.
El caso es que a Aznar le metieron un golazo por toda la escuadra y
desde dentro de su área, ya que se lo hicieron en la Cadena Estatal por
excelencia. Dicen que el espectáculo tuvo menos audiencia que otros
años por tal motivo, pero yo pienso que eso no tuvo nada que ver. Uno
puede ser partidario del PP o del PSOE pero tener la inteligencia
suficiente para pasar ampliamente de perder el tiempo contemplando un
evento que no interesa más que a los implicados en el mismo: Los
actores, productores y demás gente del cine. Al resto, la verdad que
poco o nada nos va ni nos viene. Observemos que ni el mismo Pedro
Almodóvar, y ése sí que es uno de los posibles interesados, asistió
al acto; aunque dicen que se debió a motivos de rencillas personales
por no haber sido nominado para el Oscar. Es que este Pedro, a pesar de
ser un genio, no deja de ser un niño ya viejo con rabietas, la
verdad...
La cuestión es que el golazo, que podía haber tenido consecuencias
parecidas a las de horas antes en el campo de fútbol, se lo ha pasado
el Gobierno por el forro de sus caprichos. Se ha organizado una
polémica en los medios de comunicación, unos exigiendo la dimisión de
la Directora de la Academia y otros alabando su postura y, al cabo,
aquí paz y después gloria. Todo se hubiera quedado solamente en eso si
el espectáculo no se hubiera llevado y repetido al Congreso de los
Diputados el miércoles 5. Esa tarde, invitados por los Partidos de
izquierdas, varios de estos actores asistieron al debate sobre la guerra
de Irak desde la tribuna pertinente. A pesar de haber sido vilmente
acosados en sus derechos constitucionales al ser sometidos a un cacheo
incomprensible e insultante, más propio de un estado fascista que de un
Estado que alardea de demócrata, los invitados asistieron en silencio
al primer discurso del Presidente del Gobierno y a las réplicas de los
grupos de la oposición. Pero cuando el señor Aznar volvió a tomar el
uso de la palabra para rebatir los argumentos de sus adversarios, se
armó la marimorena. Salieron a relucir las camisetas con el mismo
eslogan de pacifismo y de oposición a la postura gubernamental y se
produjo el desalojo de los alborotadores mediante el uso de la fuerza,
lo cual esta vez sí pudo estar justificado, ya que los invitados a una
comedia tienen la misma misión que la claque del teatro: Aplaudir el
espectáculo. Y si no les gusta, observar un estricto silencio, el cual
muchas veces es más estruendoso que la algarabía de los gritos.
Más tarde, en la Carrera de San Jerónimo, literalmente tomada como
nunca por las Fuerzas del Orden, los expulsados manifestaron su protesta
airada haciendo uso de pancartas preparadas de antemano, lo cual indica
que la revuelta ya estaba amañada desde antes del comienzo de la
sesión.
Personalmente, estoy y estaré, en contra de la guerra por muchas
razones que nos quieran ofrecer, algunas de las cuales sí comparto y
respeto como puede ser un posible atentado con gas letal en el Metro de
Madrid o en el de Barcelona, no por parte de Irak pero sí de sus
posibles clientes. Pero lo que no voy a respetar, ni mucho menos a
compartir, es la algarada callejera, venga de donde venga, aunque sea
del mundo de los intelectuales. La libertad de expresión, de la cual
tanto se habla pero poco dejan practicarla, se manifiesta en la urnas y,
mediante ellas, se aparta del Poder a quienes lo están ostentando de
forma ineficaz y excesivamente autoritaria. Y las elecciones están a la
vuelta de la esquina, en Abril. Ahí es donde se debe dar el do de pecho
y no berreando en la vía pública, donde hasta el más culto pierde
toda su compostura.
Allí, en las urnas, es donde hay que marcar el gol definitivo que
otorgue el triunfo a la Libertad, teniendo en cuenta que la de cada uno
termina donde empieza la de los demás. Los partidos se deben ganar en
el campo y no en los despachos y todo lo que no sea vencer en unos
comicios y manifestar el descontento en las calles es apelar al recurso
del pataleo que no sirve más que para enconar los ánimos de todos.
Esperemos que la prudencia y la sabiduría inculcadas por anteriores
votaciones sepan guiar la mano de los votantes a la hora de reclamar lo
que es del pueblo soberano: La soberanía. Que el poder radica en ella y
no en el capricho de un político más o menos afortunado.
A
portada |