Navidades sangrientas

Sí, eso es lo que nos deseaban los hijos de puta de ETA a todos los madrileños y, en general, a todos los españoles, pues hay mucha gente de otras provincias que se desplazan a Madrid en estas Fiestas.
Afortunadamente para el resto de ciudadanos, hubo dos hombres con la suficiente presencia de ánimo que se percataron de que algo anormal sucedía en un vehículo estacionado en la vía de servicio de la carretera de La Coruña, dirección Madrid. Ni cortos ni perezosos, haciendo gala de valor, pero también con un poco de inexperiencia, (cuando se trata con asesinos no valen las medias tinta, a pesar de lo que luego puedan opinar los medios y el público), el guardia civil Antonio Molina Martín se acercó a identificar a los ocupantes del coche sospechoso y fue vilmente asesinado. Su compañero, Juan Aguilar Osuna, disparó contra ellos, hiriendo de gravedad a uno de ellos y siendo alcanzado a su vez en un brazo. El gesto de valor de ambos miembros de la Benemérita salvó muchas vidas de ciudadanos, indefensos ante la metralla carnicera que esos miserables pretendían poner pocas horas o días después en Madrid.
He escrito que "con un poco de inexperiencia" porque, al parecer, la Policía sabía que se preparaba algo y, es más, tenían las huellas de los terroristas, dejadas en unas herramientas tras el atentado en Santander, unos días antes. Si estaban sobre aviso, todas las precauciones son pocas y en vez de acercarse a cuerpo gentil, gallardamente, debieran haber hecho uso de la megafonía de que disponen y haber obligado a descender del vehículo a sus ocupantes, con las manos bien visibles y teniéndoles en todo momento en el punto de mira. Si en la dotación hubiera ido un "chusquero", un brigada de aquellos de mostacho clásico, seguramente hubiera actuado de esa manera. Estos muchachos, valientes pero un tanto bisoños en estas lides, cayeron en la trampa y, de resultas, a Molina le costó la vida.
Se ha especulado con cuál era el objetivo de ETA. La primera versión oficial fue que pretendían hacer explosionar la tarde de Nochevieja varios artefactos en diferentes edificios comerciales. Sinceramente, eso no me lo creo. ¿Asustar por asustar y sin causar víctimas? Ya sabemos que la intención de esta gentuza es mantener vivo el terror, que todas las personas que salen a la calle vivan pendientes de si ocurre algo, de crear el pánico. Pero, en esta ocasión, y dada la presteza con la que hicieron frente a sus interceptores, no vacilando en hacer uso de sus armas, cuando normalmente los "valientes" etarras enseguida se declaran como miembros de la banda y gimen diciendo que no van armados, como ocurrió en Sevilla hace tiempo, que hasta se desnudó uno en plena calle para demostrarlo, dan toda la impresión de que venían dispuestos a matar. Y lo más salvajemente que pudieran, además.
Algún medio informativo ha dicho que su propósito era hacer una gran explosión en la Puerta del Sol en la tarde de Nochevieja, para crear confusión y que no pudieran ser retransmitidas las doce campanadas de Fin de Año e interrumpir la tradicional presencia de miles de asistentes a las mismas en aquel lugar. Sigo sin creérmelo. Si venían dispuestos a correr el riesgo de mantener ocultos los explosivos durante tantos días en la capital, cuando sabían que las Fuerzas del Orden estaban tras sus huellas, no se hubieran limitado a meter miedo: Las hubieran hecho explosionar a las 12 en punto, sembrando así de cadáveres tan concurrido sitio en esa noche. Cientos, miles, de cadáveres regados por su sangre en vez de por el cava que acostumbra a consumirse en esa ocasión, hubiera sido un claro exponente de los deseos reivindicativos de la banda terrorista.
Estos dos canallas venían dispuestos a jugársela. Por eso expusieron su vida en el tiroteo con el agente Molina y su compañero. ETA siempre se ha distinguido por su "valor" a la hora de cometer atentados. Si han visto difícil la huída, no lo han llevado a cabo. Si le hubieran echado bemoles al asunto, nuestro mismo Rey hubiese muerto en Mallorca hace unos veranos, cuando le tuvieron a tiro de teleobjetivo. Pero como escurrir el bulto entre tanta vigilancia era imposible, no cometieron el magnicidio.
No. Estos venían a matar y a llevarse por delante lo que fuese y, si era necesario, a morir en el intento. Deben de haber adquirido experiencia de los comandos suicidas de Palestina, aunque estos tengan bastante razón en sus legítimas pretensiones mientras los etarras no tienen ninguna.
Por tanto, y en vista del peligro que suponía mantener oculta su letal carga durante tanto tiempo, insisto, se me ocurre, y así lo ha apuntado más de una fuente bien informada, que su objetivo no era otro que "dar el Centenario" al Real Madrid, ya que al otro día se jugaba el partido homenaje del mencionado club, televisado a muchos países y con gran afluencia de personas. Eso sí hubiese llamado la atención del mundo entero y les hubiese prestado una triste publicidad, pero publicidad al fin y al cabo.
Nunca tantos podremos agradecer todo a uno solo. Antonio Molina fue un valiente y gracias a su sacrificio se ha evitado una masacre. Gracias a él y al valor de su compañero, Juan Aguilar, y al de otro miembro del Instituto Armado que circulaba de paisano por las cercanías y que se aprestó a perseguir al terrorista huido.
Merced al gesto de los tres, lo que hubieran sido unas Navidades sangrientas van a ser tan sólo unas Fiestas manchadas por el chapapote del Prestige; pero el fuel, con ser denso, lo es menos que la sangre.
Digo yo, y hablando del chapapote y de los voluntarios que se han prestado a limpiarlo y a dejarse los cuernos combatiéndolo, ¿por qué no pide también el Gobierno voluntarios para acabar con ETA? Estoy seguro que acudirían a miles y se resolvería el problema de una vez por todas. Y simplemente empleando un palo, sin necesidad de armas. Si esos miserables, cara a cara y con las armas en la mano, no se atreven a pelear. Lo de este luctuoso hecho que ha causado la muerte del valiente Molina es la excepción que confirma la regla. Por ello, me afirmo en mi impresión de que no venían a asustar sino a armar la marimorena. En vez de villancicos nos iban a interpretar la Marcha Fúnebre... ¿Tendrán madre o serán producto genuina y exclusivamente de su padre, el Diablo? Aunque creo que ni ellos mismos saben de quién son hijos, porque si lo supieran no podrían estar orgullosos de pertenecer al noble pueblo vasco, que siempre se ha distinguido por su valor e hidalguía frente al enemigo y no como estos cobardes que solamente matan por la espalda y con el tiro en la nuca.
¡Ojalá que en el 2003 veamos el final de esta tragedia, aunque mucho lo dudo! Mientras, brindaremos con las uvas de la suerte y recordaremos al héroe que nos ha hecho posible disfrutar de ella. Su familia no podrá hacerlo. Su madre le seguirá llorando y recordando que, gracias a haber tenido tal hijo, miles de españoles podrán brindar con cava. Gracias, señora. Su hijo sí sabía quienes eran sus padres: Una gente de bien, no como otros que matan en nombre de la Libertad, a sangre fría.

 

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