Veinticinco días después

Sí. Ése es el tiempo que ha tardado en reaccionar el Gobierno Aznar ante la catástrofe. No sé qué hubieran tardado si las cosas hubieran sido menos urgentes.
Las Navidades que comienzan dentro de pocos días serán recordadas durante mucho tiempo por la cantidad y calidad de trágicos sucesos que amenazan al mundo, unos ya convertidos en realidad y otros a punto de hacerlo. Este año la cosa no está para chistes sobre el cuñado gorrón ni sobre el consumismo compulsivo. Y bien que lo siento porque, a mí, lo que me gusta es escribir sobre cosas simpáticas, hacer comentarios jocosos y reírme hasta de mí mismo. Pero en esta ocasión la cosa no está para risas ni para tomarse a broma nada.
Ya saben ustedes que las costas gallegas y las muy cercanas de Asturias, Cantabria, Vascongadas y de Portugal, y hasta la misma Francia, están amenazadas, cuando no ya inundadas, por el fuel derramado por el petrolero Prestige. Esto, aparte de sumir a miles de familias en la pobreza, ha destrozado los caladeros marisqueros de aquella zona para muchos años, siglos acaso, a pesar de la lucha titánica que los habitantes de la costa e infinidad de voluntarios procedentes de toda España han llevado a cabo. Le han echado dos manos al trabajo y un par de narices al asunto; pero los medios puestos a su alcance no han sido suficientes. Ahora, transcurridos veinticinco días, a alguien se le ha ocurrido recordar que contamos con un Ejército profesional que muy listo estuvo para reconquistar el islote de Perejil, pero que ha sido mantenido en la reserva mientras el pueblo, todos a una como en Fuente Ovejuna, ha tenido que pelear contra la desgracia.
Mi humilde opinión es que, en cualquier país sensato, con un poco de sentido democrático real y sincero, este suceso hubiera supuesto la dimisión de "alguien" que tuviera vergüenza torera; pero aquí, como de costumbre, el Gobierno ha actuado como Poncio Pilatos y se ha lavado las manos, manchadas no precisamente de petróleo sino de un producto tan sucio y mucho más pestilente que éste. Cuando ha querido actuar ha demostrado la poca previsión de que se dispone ante desastres como el acaecido. Pasa como con las carreteras y los famosos puntos negros. Hasta que no se han matado cinco personas en una curva no se señala como peligrosa. Y, aún entonces, en vez de corregir el peralte y hacer una buena capa de rodadura con su drenaje correspondiente, se limitan a eso: A poner un cartel que indica el peligro. En la mar se conocía desde hace muchos años el peligro que representaban esos barcos que no cumplen con la normativa vigente y, además de dejarles transitar a su antojo, no se tenían preparadas medidas por si hubiera cualquier accidente. Pero no importa; se ve que tenemos tal grado de capacidad de improvisación que no es necesario prever nada. Ya se actuaría cuando llegara el infortunio, si es que llegaba. Y cuando ha llegado, se ha actuado mal y a destiempo. Los políticos no tienen por qué entender de mareas negras pero sí disponen de unos técnicos que saben de ellas. O es que no los utilizan y les están pagando el salario por tocarse las pelotas o es que es más fácil mentir para no asustar al ansiado votante. En cualquiera de los dos casos, se impondría la dimisión, aparte de la búsqueda de responsabilidades, pero como el que sería responsable es el amiguete de turno, el paniaguado a quien a su vez se le deben favores, pues a callarnos que estamos más guapos sin hablar.
Y peor que todo eso es no ya no actuar sino mentir, diciendo que se ha estado en el despacho trabajando cuando la verdad es que se ha estado pegando tiros en una cacería. El político que miente de esa forma, ¿qué fiabilidad va a tener en los próximos comicios? Pues a pesar de ello sacará votos y hasta es posible que gane las elecciones. No sería de extrañar, porque la oposición que tiene tampoco vale gran cosa. Lo único que saben es ir al lugar de la catástrofe y estrechar la mano de los damnificados. Todo ello, "para salir en la foto". Aunque la Televisión Estatal les conceda poco tiempo, pero algo figuran, que es lo que importa. Plantear una moción de censura en serio, a pesar de que sepan que la pierden por no contar con la mayoría suficiente, deben considerarlo como trabajo perdido y, además, mejor no menearlo, que huele peor y mañana les puede tocar a ellos. Napoleón les dijo a sus ministros: - "Sois como una media de seda rellena de mierda". ¡Cómo conocía a los políticos el gran corso!
Y del extranjero, pues casi mejor ni hablar. Siguen los niños muriéndose de hambre en Argentina, el país más rico en producción ganadera, y ya veremos si al abrir "el corralito" no se les escapan todas las reses en busca de mejores y más tranquilos pastos. Como siempre, el que se llevará los dineros será quien los tenga; porque el trabajador, el obrero, tendrá que emplear los pocos de que disponga en comer. Lo dicho: Repugnante.
Y ya saben: Aunque los inspectores de las Naciones Unidas no hayan encontrado rastro de armas de destrucción masiva, el señor Bush, que suele estar muy bien informado y sabe que Irak las posee, hará caso omiso del informe de la ONU y se lanzará a una nueva guerra con el único propósito de hacerse con el dominio de dicha nación. No sé entonces para qué se ha hecho el paripé de que vaya nadie a verlo sobre el terreno. Para ese viaje, poca falta hacía de alforjas. Les hubiera cascado por las buenas y aquí paz y después gloria. Si nadie, por mucho que los ciudadanos del mundo pongan el grito en el cielo, le va a llamar la atención. Es el amo del Universo y con eso le sobra para hacer lo que le salga de la punta del pie. Así se gastan bombas, se destruyen algunos aviones y tanques que habrá que reponer, se destrozan puentes y carreteras que habrá que reconstruir y, al morir bastante gente y haber necesidad de hacer reparaciones, disminuirá el paro. ¡Mira cómo ha dado con la solución a la falta de puestos de trabajo el inteligente texano! Y luego le llaman tonto. Al parecer eso no se le había ocurrido a nadie y llega él y lo inventa. Lastimoso.
Aquí, en España, nos anuncian que este año gastaremos más dinero durante las Fiestas Navideñas en comida y en Lotería y menos en viajes y en juguetes y regalos. De ello se pueden sacar varias conclusiones, según el punto de vista de cada uno. Y yo saco las siguientes:
1º. No es que comamos más, aunque gastemos más en hacerlo. Es que la comida está mucho más cara; pero la inflación no es tan elevada, aunque la gente lo diga. Los expertos del Gobierno hacen ellos la compra todos los días y pueden asegurarlo, de verdad que sí.
2º. En España no falta el trabajo, porque lo que todos queremos es que nos toque la Lotería para dejar de trabajar. Luego no sé de qué coño nos quejamos cuando se publican las cifras de parados.
3º. No es que no queramos viajar y nos hayamos hecho comodones y caseros. Es que allí dónde vayamos nos van a sangrar más que en nuestras casas y no está el horno para bollos. Pregunten cuánto cuesta una habitación en cualquier hotel de Madrid, que es lo que mejor conozco, y les aseguro que se les quitará el sueño y no dormirán con tal de amortizar cada segundo de estancia. Y las comidas en restaurantes se han subido no a la parra sino al mismísimo madroño, pero eso no se refleja en ninguna parte. O no interesa reflejarlo.
Y 4º. No es que se haya acabado con la elegancia sutil del regalo o que nuestros niños jueguen menos. Bueno, esto último sí puede ser que sea, porque les tienen medio idiotizados con tanto Señor de los Anillos, tanta magia de Harry Potter y tanta rebelión de no sé qué clones y, en vez de jugar a la pelota o con las muñecas, se pasan las horas ante la caja tonta, "disfrutando" de la basura que les inculcan con esas series infames que les ponen los días de fiesta por las mañanas. En cuanto a los regalos que siempre ha realizado usted a sus parientes, vaya a mirar los precios y ojalá no le dé un infarto.
En definitiva, un asco de Navidades; pero, a pesar de todo, esperemos que las pasemos lo mejor posible y con una sana alegría. Al menos, así se lo desea de todo corazón este villano desde las páginas de ciberanika. ¡Que así sea!
Por cierto, ustedes leerán estas líneas el viernes 13, día de Santa Lucía, patrona de los invidentes. ¡Que ella conserve el oído a nuestros políticos, porque lo que es la vista me parece que ya llega tarde..!

 

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