|
Autodeterminación
¿Y por qué no llamarle independencia a secas
y acabamos antes? Estados Asociados, pero con un orden jurídico
distinto; plena disponibilidad de todos los recursos fiscales y de las
Fuerzas de Orden Público... En suma, encubiertamente aunque bien a las
claras, lo que el lehendakari Ibarretxe acaba de proponer a la Comunidad
Autónoma Vasca, llamada Euskadi en su idioma, es la total separación
no del Estado Español, del cual podría seguir siendo socio de forma un
tanto meliflua, sino de España, Nación Soberana desde la época de los
Reyes Católicos y que se constituyó a partir de la unión, que no
anexión ni conquista, salvo el caso de Navarra, de diferentes reinos y
regiones, una vez conquistado el terreno a los musulmanes.
Es cierto que durante el reinado de los citados Reyes, las Coronas de
Aragón y de Castilla siguieron más separadas que unidas, hasta la
subida al trono de su nieto Carlos I, el que sería más tarde Emperador
del Sacro Imperio Romano Germánico como Carlos V, y su victoria final
sobre los Comuneros de Castilla y los movimientos rebeldes en Levante;
pero ambas reinos, Castilla y Aragón, colaboraron en empresas comunes
hasta conseguir tomar Granada y acabar así con una Reconquista que
duró ochocientos años. Luego, ambas se expandieron cada una con un
objetivo diferente: Castilla dedicó todo su esfuerzo a las recién
descubiertas Indias y al norte de África, en tanto que Aragón
predominaba por el Mediterráneo. Ya he mencionado que el caso de
Navarra fue diferente. Próxima a anexionarse a Francia, después de
haber sido la cuna de las mismas Castilla y Aragón y tras pasar por
diferentes manos, fue finalmente conquistada por las armas de Fernando
el Católico, el cual la incorporó a la Corona castellana en 1515,
cediéndola en suma a la herencia de su nieto, que un año más tarde
sería coronado Rey de España.
Durante todos estos siglos, los vascos, esos que ahora habitan lo que
denominan Euskadi, pasaron de unos gobernantes a otros, dependiendo
primero de Navarra y pasando a formar parte de Castilla a petición
propia para eludir el férreo dominio a que se veían sometidos por
parte de aquella. Resulta sorprendente que los mismos que quisieron huir
de la tiranía de unos dominadores digan ahora que éstos, los navarros,
forman parte de Euskadi. Es cierto que a principios del siglo IX fueron
los vascos quienes crearon el Reino de Pamplona, después llamado de
Navarra, pero la Historia bien dice lo contrario: Si alguien perteneció
a alguien fue Vasconia a Navarra y no lo que pretenden los seguidores de
las ideas nacionalistas de Sabino Arana.
En definitiva, y para no cansarles con tanto argumento histórico, los
vascos como tales, ya sean los nacidos en las provincias integradas en
Francia como los nacidos en España, nunca han formado un Reino; no han
pasado de ser un Ducado, el de Vasconia, y más tarde un Señorío, el
de Vizcaya, dependientes en todo caso de las naciones limítrofes.
El propio origen de este pueblo es en verdad desconocido. Hay fuentes
que afirman que provienen del centro de Europa o de sus confines. Lo
cierto es que su idioma no tiene nada que ver con ningún otro de los
indoeuropeos, datándose de mayor antigüedad y teniendo ciertas
concordancias con el suomi, finlandés, por lo cual es muy probable que
provengan de aquellas lejanas zonas de Europa, expulsados de su cuna por
diferentes movimientos étnicos y en busca de mejores tierras, ocupando
las que en la actualidad habitan y resistiendo la pretendida conquista
de los árabes. Puede ser cierto que pertenezcan a una raza diferente y
de ahí lo del Rh negativo que dicen que les caracteriza. Pero lo que es
innegable es que siempre, desde los más antiguos tiempos de España
como Nación, han estado sometidos voluntariamente a ella y han
contribuido de gran manera en todas las empresas que el pueblo español
ha acometido, dejando constancia de su españolidad y su valor en la
Conquista de América, en la que participaron activamente.
Y llega el señor Ibarretxe y solicita la autodeterminación,
considerando que la mayoría de sus conciudadanos están de acuerdo con
ella. En su discurso ante la Cámara, como todos los políticos,
alardeó de los logros obtenidos en estos años por su forma de
gestionar los asuntos, lo cual discutirán los partidos de la
oposición, como es costumbre. Pero esta exposición sólo era el
preámbulo para soltar lo que después dijo y que se propone poner en
práctica: Un referéndum al pueblo vasco en el que se cuestione la
vieja idea separatista de dejar de formar parte de España,
disfrazándola con un maquillaje de asociacionismo. Todo ello dentro de
un lenguaje muy democrático y basándose en razones que considera
ajustadas a Derecho.
Pero da la casualidad de que la primera norma de Derecho que rige en una
Nación es su Constitución. Y la española lo dice claramente: La
unidad de España es indisoluble. No es posible ampararse en cuestiones
de lenguaje, de costumbres ni de credos. El artículo es claro y preciso
y no hay discusión que valga. Todos los razonamientos que se argumenten
para decir lo contrario son banales y no merecen ni discutirse.
El País Vasco, (si así queremos llamarle, cuando no se les denomina
habitualmente de igual forma a Galicia ni a Cataluña, País Gallego o
País Catalán, y tantos argumentos tienen para ello si no más), forma
parte de un conjunto denominado España. España la forman los
españoles, los ciudadanos que viven, han vivido y vivirán sobre esta
tierra de Dios. Luego, si el lehendakari quiere hacer un referéndum,
¿por qué no lo hace a escala nacional? O sea, preguntando a todos los
españolitos si están conformes con que se le arrebate a su país una
parte del mismo. Porque puede ser un asunto vasco, pero no solamente de
los vascos sino de todos los que hemos nacido en esta nación,
independientemente del lugar.
La vivienda del portero de una Comunidad de Propietarios es propiedad de
todos ellos. No sería lógico que su ocupante circunstancial, por
muchos años que lleve en ella y aunque el cargo le pueda venir
hereditariamente, quiera quedarse con la propiedad sin consultar a los
vecinos. Tendrá todo su derecho a pintarla del color que desee
interiormente, pero no a cambiar el aspecto exterior de la puerta que
debe ser idéntico a las demás de la finca. Ni a organizar escándalos
que molesten a los vecinos y, menos, a echarles la basura delante de sus
puertas. Y esto, ni más ni menos, es lo que Ibarretxe quiere plantear:
Hacerse amo y señor del terreno por el mero hecho de ocuparlo con el
permiso de sus dueños, todos los españoles, incluidos los vascos como
es lógico.
Los dirigentes del PNV se han valido, digan lo que digan, del terrorismo
sembrado por ETA. Y si no han simpatizado abiertamente con ella, sí se
han servido de sus crímenes para conseguir prebendas. Tantas han
conseguido que ya se ven los resultados, la presentación de una demanda
en contra de toda lógica. Si no se les concede, se recrudecerá el
terrorismo. Y si se les otorga tal derecho, no pueden asegurar que
acaben los asesinatos ya que los pistoleros no militan en sus filas,
según ellos. ¿Qué autoridad moral tiene quien no ha sido capaz en
tantos años de controlar esos desmanes? Según el discurso, la culpa ha
sido del Gobierno español, fuera de un partido o de otro. Ellos, se han
limitado a ser testigos pasivos de la lucha de "las fuerzas de
ocupación" contra "los valientes gudaris" que asesinan
con un tiro en la nuca. Y a hacer oídos sordos a la lucha callejera de
todos los fines de semana. Se han confiscado los bienes de Batasuna
merced al auto de un juez y han puesto el grito en el cielo. Se ha
propuesto la ilegalización de dicho partido y han sacado los pies del
tiesto con el anuncio de la convocatoria de este plebiscito. ¿Y ellos
que no saben poner orden en su casa quieren enseñar a los demás como
ponerlo en el resto del estado? De risa, si no fuera porque mucho me
temo que van a tirar para delante y no va a haber quién les pare los
pies ante unos hechos consumados. Entretanto, los catalanistas se frotan
las manos y esperan tranquilamente a ver qué ocurre. Si los vascos lo
logran, no van a ser ellos menos. Ya se sabe que a río revuelto,
ganancia de pescadores. Ya veremos si hay alguien que esté dispuesto a
mojarse en este asunto. Pero prefiero que sea en vino, como ha dicho
Arzallus en una más de sus patochadas de costumbre, y no en sangre. Al
menos es más alegre.
A
portada |