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Hasta los huevos...
Me voy a permitir parafrasear al señor
ministro de Defensa cuando ocupaba el cargo de Presidente de la Cámara
de los Diputados y pronunció la célebre frase de: ¡Manda huevos!
No recuerdo exactamente con qué motivo soltó tal denuesto el señor
Trillo, pero supongo que algo o alguien había colmado su paciencia. Y
se desahogó de tal manera. Van ustedes a permitir hoy a este villano,
se lo ruego, que se desahogue asimismo utilizando palabras parecidas.
De verdad que estoy hasta los genitales de la postura chulesca y
agresiva de ciertos políticos nacionalistas. Y no digamos ya de las
amenazas de esos asesinos de ETA sin nombre ni calificativos, porque
llamarles hijos de puta de verdad que sería ofender a las personas que
han tenido la mala fortuna de ser fruto del trabajo de una meretriz. Al
fin y al cabo, dicen que ése es el oficio más viejo del mundo y tenía
que tener sus consecuencias: Los hijos tenidos involuntariamente, pero
que no por ello tienen que ser malas personas, aunque sea un insulto muy
recurrido.
No. Esos salvajes ultranacionalistas, que buscan la independencia
sembrando el terror y la muerte de manera indiscriminada, colocando
bombas donde más público hay, en playas, en grandes almacenes, allí
donde reina la paz y la gente se siente tranquila, y que amordazan a
todo un gran pueblo como es el pueblo vasco con la amenaza de la muerte
o de los destrozos, no se merecen ser llamados hijos de puta. Es
demasiado flojo el epíteto. En todo caso, hijos del Diablo. Porque
solamente la maldad y la miseria del Demonio puede albergarse en esas
mentes que planifican a sangre fría la eliminación metódica de sus
oponentes políticos y aún de los que no lo son, incluso de sus
paisanos. Ya no es el odio al Estado Español ni el ansia de romper las
cadenas con las que aseguran estar atados por éste, idea imbuida en sus
paletos cerebros por un demagogo decimonónico que se sacó de la manga
que eran una raza especial y que no eran españoles, cuando la Historia
cuenta todo lo contrario y no hay más que leerse los nombres de los
Conquistadores de América, donde los apellidos de esa amada tierra
vascongada se entremezclan y sobrepasan a los extremeños y castellanos.
Ya es el odio en general a todo el que no piense de la misma forma que
ellos, incluyendo a sus paisanos. El nazismo llevado a ultranza, vamos.
"¿No estás de acuerdo conmigo? Pues hacemos". Como decían
los etarras de Operación Ogro cuando el asesinato de Carrero Blanco. Y
le sueltan dos tiros en la nuca o le plantan una bomba lapa al
disidente. De eso a lo que hizo Adolfo Hitler no va ni un paso. Es
idénticamente lo mismo. Aquél mataba judíos, gitanos, homosexuales,
rusos y al que mejor le venía en gana. Estos acaban con la vida del que
no comulga con su ideario reivindicativo. Y con la de los demás
españoles, de paso, para que no nos olvidemos de que existen.
He apreciado las palabras del Presidente Aznar en todo lo que valen.
"Hasta aquí hemos llegado". Se conoce que él también se
encuentra hasta los huevos, y más habiendo sido víctima hace años de
un atentado que por poco le cuesta la vida. Se ha dispuesto a poner en
marcha el mecanismo legal votado y aprobado para ilegalizar a Batasuna,
la madre política de ETA y parece que lo va a conseguir y en breve
tiempo con el apoyo de los socialistas y canarios. Los catalanes del
señor Pujol se habla que van a abstenerse, así como otros partidos
nacionalistas. Y es que no hay nada como esperar a que el río esté
revuelto para conseguir buena pesca. Si condenan a los independentistas
vascos, malamente podrán luego reclamar su propia segregación de
España, como semeja ser su deseo. En unos momentos, en pleno siglo XXI,
en los que toda Europa busca la unidad e implanta la moneda única, en
este país se juega a los reinos de taifas, aquellos que llevaron a la
derrota a los musulmanes españoles contra sus compatriotas que
profesaban la fe cristiana. Claro, que estos amantes del separatismo van
a llevar la penitencia en su mismo pecado. Los asesinos de ETA han
amenazado por igual a aquellos que voten en su contra como a los que se
abstengan. Así que, o con ellos o contra ellos. No hay diferencias. Y
lo afirman así de chulos. Ya digo... ¡Hasta los huevos!
Y más que podemos estarlo cuando leemos que la vida de un hombre vale
tres mil euros para las bandas de pistoleros colombianos que se han
implantado en nuestro país. Y los muchachos hacen su agosto, porque en
su tierra solamente cobran cien por realizar el mismo trabajo. No es de
extrañar que hace días se me acercase un individuo con aspecto
sudamericano a solicitarme lumbre para su cigarro y, al decirme
¿fuego?, me acongojase en sumo grado. Les aseguro que me puso los
"congojos" por corbata.
Los españoles nunca hemos sido racistas, excepto con los gitanos.
Sentimiento que, por cierto, ha sido compartido por este tan singular
pueblo hacia los "payos". Nunca han querido integrarse en la
comunidad y se han visto rechazados por la misma, al tiempo que ellos la
rechazaban también. Ahora, y sin quererlo queriendo, la xenofobia se ha
implantado en nuestros lares y pagan justos por pecadores. Junto a la
multitud de honrados inmigrantes, que acuden todas las mañanas a su
duro y mal pagado trabajo, han llegado multitud de maleantes y no es de
extrañar que la gente mida a todos por el mismo rasero. Es duro
reconocer el hecho, pero hay que hacerlo si queremos ser honrados.
Antes, y ahora, ante Hacienda, todos los contribuyentes éramos
presuntos defraudadores mientras no demostrásemos lo contrario. Y
todavía, entonces, el inspector fiscal se sentía defraudado por no
conseguir averiguar nuestro fraude. Ahora nos ocurre algo similar con
todos los extranjeros. Primero que prueben que son buenos y luego ya
veremos, porque continuaremos con la mosca detrás de la oreja.
Personalmente, volviendo a lo principal de toda esta basura de sicarios,
dije hace pocas semanas que nunca volvería a opinar sobre los
terroristas mientras los encargados de solucionar el asunto no pusieran
remedio al problema o comenzaran a ponerlo. En este momento opino que
sí lo están haciendo y por ello me pronuncio sobre el tema. Está
claro que, como persona, soy vulnerable a cualquier ataque de esos
desalmados y tengo derecho a sentir miedo por escribir contra ellos.
Miedo que no tenían ni la hija del guardia civil de Santa Pola en su
casa cuartel ni el turista de Torrevieja que esperaba el autobús tan
ricamente. La niña bailaba alegre al son de su música preferida y el
buen hombre iría pensando en sus placeres. A ambos les sobrevino la
muerte de improviso y sin haberla buscado. Yo no la busco, por supuesto,
pero cuando firme estas líneas ya me doy por avisado. Procuraré que el
que me busque me encuentre y tal vez se lleve él la peor parte. Es
solamente un asunto, como dice el título de este artículo, de ver
quién los tiene mejor puestos. Contra la razón de la fuerza, suele
vencer la fuerza de la razón. Pero tampoco me importaría utilizar
argumentos más contundentes que las palabras si me fuerzan a hacerlo.
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