Conde, o la soberbia infinita

El Tribunal Supremo ha emitido sentencia en el caso Banesto. Y si no querías caldo, ¡toma dos tazas! Don Mario Conde, el antaño ídolo de los jóvenes estudiantes de Economía gracias a las magistrales jugadas financieras que ingeniaba y que le reportaban buenos dineros en dos días, aquél que fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad Complutense, con presencia de Don Juan Carlos incluso, y cuyo talante y energía fueron admirados por más de un ingenuo que se creyó que las ranas crían pelo, ha sido condenado al doble exactamente de la pena que en su día decretó la Audiencia Nacional. Y eso, por listo. Y por soberbio, que lo es en grado sumo. De ahí provienen sus desgracias.
Cuando comenzó la causa, Conde se propuso defenderse a sí mismo, desechando los servicios de otros abogados de mayor prestigio en los Tribunales y con mayor experiencia. Él tenía los estudios; se licenció en Deusto y se creyó que, ya que era Abogado del Estado, una Corte, como dicen en las películas de idioma sajón, era el lugar más apropiado para hacer gala de su apellido. Él podrá saber mucho, más que ninguno, de ingeniería financiera y sabrá darle la vuelta a cualquier balance para hacer parecer blanco lo que es negro, como han hecho otros prestigiosos, más que él acaso, asesores internacionales a los que se les ha visto el plumero y les han recortado las plumas cuando ya se lo habían llevado crudo. Pero conocer, lo que se dice conocer, los entresijos de un Juzgado de lo Penal, es que no lo había visto ni por el forro. Al de la toga me refiero, que el otro que ustedes piensan lo debe de tener bien curtido según se refleja en su mirada decidida tras conocer la sentencia de veinte años de cárcel. Ya veremos si ahora no le se achican un poco y se le arrugan más de lo que él quisiera.
Don Mario fue un excelente estudiante y sacó buen provecho de sus noches de vigilia dándole al libro. Supo proyectarse en su carrera como bien pocos y, de esta manera, siendo muy joven, demasiado, aunque en estos tiempos a los cuarenta ya te consideran viejo, logró hacer millonario de por vida a Juan Abelló mediante la venta de unos pequeños laboratorios que no valían apenas el solar en que se ubicaban y que encasquetó a una multinacional con más ambición que sabiduría. De ese asunto, aparte de hacer rico a su jefe y ya socio, sacó una buena tajada que le hubiera permitido retirarse a vivir una vida placentera y sin tener que volver a dar un palo al agua. Lo mismo que pienso hacer yo en cuanto me toque una de esas Primitivas multimillonarias, que no me van a ver el pelo ni en pintura como no vayan a visitarme a la isla de Bora Bora.
Pero dicen que la avaricia rompe el saco y que el que más tiene más quiere. No se conformó con lo que hasta entonces había ganado más o menos honradamente, porque el que roba a un ladrón ha cien años de perdón. Y todos sabemos con qué tipo de beneficios especulan los magnates de la industria farmacéutica, que aparte de jugar con nuestra salud nos sangran bien el bolsillo. Luego hasta ahí, la conducta de don Mario me parece hasta correcta. Mas quiso jugar a ser banquero, cuando ése es un mundo cerrado donde sólo se toleran unos privilegiados y se elimina a cualquier advenedizo. Junto con Abelló se hizo cargo de Banesto e impuso su mano de hierro. Su socio, menos inteligente pero más listo, supo escabullirse a tiempo y dedicarse a otros quehaceres que no le causaran problemas. E hizo bien.
Jugada tras jugada, descubrió que aquello era un filón y que de aquella bicoca podía sacar tajada pero a gusto. Y comenzó a sacar beneficios de donde no había, y si los había no eran suyos. Y para colmo de males y por su loca cabeza, ésa que tan engominada lleva y que marcó moda por aquellos años, no se le ocurrió más que meterse en política y, creyendo que todo el monte era orégano, aspirar a ser Presidente del Gobierno. Si el mundo de la gran Banca es un círculo restringido donde entran pocos, no digamos el de la política. Ahí ya, si no eres de la familia, y más en la derecha que era su tendencia natural, mejor que no te atrevas a salir al ruedo porque de fijo que te coge el toro. Como el PP no le quiso en sus filas, ya que se intuían sus manejos en el Banco y su propósito era desbancar a Aznar, optó por renovar el antiguo partido de Adolfo Suárez, el CDS. Y se las dieron todas en el mismo carrillo. Hasta quiso pactar con el PSOE anteriormente, amenazando con tirar de la manta en asuntos de Estado, pero le salió el tiro por el Perote, digo por la culata.
Aquellos lectores que hayan tenido la curiosidad de entrar en mi página personal y hayan leído lo que hace años escribí en la revista Primeraclase, habrán podido ver un artículo titulado GILICONDE, en el cual me refería, haciendo un juego de palabras y queriendo dármelas de inventor de las mismas, a que tanto Gil y Gil como Mario Conde lo único que estaban haciendo con presentarse a las elecciones era el gilipuertas. Y uniendo sus apellidos obtenía la palabreja que mejor les definía: Giliconde. Sinónimo de tontos del haba o mejor tontos del culo. El caso de Jesús Gil es diferente, porque este individuo no tiene estudios, proviene de una familia humilde, comenzó su carrera haciendo trapicheos y viviendo en una casa de putas, con las cuales confraternizaba, en Madrid, según él mismo cuenta. Mario Conde se formó en una de las más prestigiosas Universidades y no se le han conocido escarceos sexuales, al menos que yo sepa. Pero, al fin y al cabo, uno listo y otro listillo, nos hallamos ante dos "chorizos", uno de pueblo y otro con denominación de origen. Ambos han estado en la cárcel por malversación de fondos; los dos han buscado la impunidad en la política e, igualmente, han jugado con dinero ajeno.
Cuando leí la estupenda obra del eminente periodista Luis Herrero, Conde, el ángel caído, no dejó de extrañarme el ambiente en que se movía el pájaro dentro de Banesto. Un ambiente de lujo, almuerzos servidos en comedores de lujo, cuadros de inmenso valor... Vivía como un Dios y como tal casi se consideraba. Pero al parecer va a terminar como el Diablo. Bien acertó Herrero al titular su relato, ya que no se refería, opino, a la caída del gigante sino al mismísimo Satanás en persona, cuya estatua luce en El Retiro Madrileño. Y si se observa con fijeza la cara de Conde, aparte de que sea dura, hallaremos en ella trazos de Mefistófeles.
La sentencia son veinte años y unos meses. Gil también estaba condenado y salió de prisión y hasta ha sabido subir de nuevo al Atlético de Madrid a Primera División, de la que había descendido merced a sus chanchullos. La Ley prevé que, con remisión de penas y artilugios, Conde cumpla al menos cinco años. ¿Nos apostamos algo a que mucho antes le vemos en la calle, dándose la gran vida y viviendo de las rentas? Al carterista que roba a una señora le dan un garrotazo y le untan a palos. Aquí también se "untará" a quien sea necesario. Pero es que el que hizo la Ley hizo la trampa y en eso sí que don Mario es único. Así lo avala su carrera y cómo ha sabido salir de otras peores. Lo mismo hasta le alquila la celda a cualquier panoli, si no es que vende Alcalá - Meco completo.
Son paradojas de la vida. Los tontos solamente sabemos trabajar y soñamos con ir a Bora Bora. Los listos sí se van, a costa del trabajo y de los ahorros de los que sueñan; y se lo pasan en grande. Gallego tenía que ser. Ya saben: No se sabe si suben o si bajan, si entran o si salen; pero el caso es que, dentro de nada, estará fuera. Y si no, ya lo veremos.

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