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Al loro, que viene
el moro
Y no a trabajar, precisamente. A primera hora
de la tarde del 30 de julio de 2002, el rey de Marruecos, Mohamed VI ha
pronunciado un discurso dirigido a España en el cual si no amenaza con
una declaración de guerra, poco le falta.
Parece ser que el incidente del islote del Perejil, que fue resuelto de
forma eficaz por el Gobierno Español y gracias a la buena gestión de
la ministra Ana Palacio, solamente fue la punta del iceberg de todo el
conflicto que Marruecos tiene o quiere plantear a España. Ya se
produjeron hace días manifestaciones en Melilla, que provocaron el
cierre momentáneo, por unas horas, de la frontera. Y las
reivindicaciones por parte de la Monarquía marroquí sobre nuestras dos
ciudades en la costa africana, así como sobre las islas y los peñones
aledaños ya son un hecho cierto. La invasión del Perejil sólo fue un
pequeño pulso para ver cómo reaccionábamos y tomar la medida de
nuestras fuerzas, a la vez que llamaban la atención a todo el mundo
sobre lo que ellos llaman "una actitud colonialista" por parte
de nuestro país. La actitud firme de los políticos españoles y la
inmediata actuación de nuestras fuerzas militares resolvieron el
conflicto pero nos ha puesto en la picota internacional, comparando el
caso de esas ciudades españolas, que no posesiones, con el de Gibraltar,
como si fueran de idéntica naturaleza. La diferencia estriba, ni más
ni menos, en que mientras el Peñón de la discordia entre Inglaterra y
España, aparte de estar enclavado en territorio europeo como Melilla y
Ceuta lo están en territorio africano, fue conseguido mediante un
tratado que puso fin a una contienda hace tres siglos entre dos Estados
Soberanos y de larga historia, las ciudades españolas en África fueron
construidas por los españoles en un territorio donde no había más que
unas tribus nómadas, no existiendo por aquel entonces el Reino de
Marruecos. Melilla fue española antes que Granada, por si alguien lo
ignora, y Ceuta perteneció a Portugal hasta que por tratados de
matrimonio pasó a formar parte de la Corona Española. Gibraltar, sin
embargo, fue entregado como rehén de una rendición sin condiciones
ante la superioridad británica. Así que el caso es bien distinto.
Nosotros nos hallamos con un desierto en el que construimos dos bellas
ciudades andaluzas y los ingleses con una roca a cuya sombra habitaba
todo un próspero pueblo de Andalucía.
No cabe duda de que en el trasfondo de toda la cuestión está el asunto
de Sahara, que tiene preocupados a los marroquíes y quieren arrimar a
su sardina el ascua de la ayuda de USA y de otros países europeos, como
nuestros socios los franceses que se mueven por meros intereses
económicos. En aquellas tierras y en aquellas aguas existe petróleo,
como existían fosfatos que fueron explotados, con grandes inversiones,
por España. Y eso es lo que mueve todo el tema. Si aquellas tierras
fueran desérticas no habría discusiones, pero el dinero es el que
mueve la política.
Inglaterra ha censurado la actuación militar en Perejil porque está al
lado de Marruecos y algo lejana de España. Hace pocos años ellos
enviaron a toda la Royal Navy a conquistar unas islas, las Malvinas o
Falkland, que están a miles de kilómetros de Gran Bretaña y que
habían sido ocupadas por lo argentinos ya que de derecho les
pertenecen. Hubo una guerra y bien cruenta. Francia ocupó Túnez,
Argelia y Marruecos durante siglos y provocó verdaderas matanzas entre
los bereberes y demás ocupantes autóctonos con tal de dominar esos
territorios. El islote abandonado, sin embargo, se ha recuperado sin
pegar un tiro. Parece que las cosas se miden por distinto rasero según
la importancia que un Estado tenga en el peso de la economía mundial, o
que estamos cortos de memoria.
Exactamente hace cuarenta años que estuve en Melilla. Por aquel
entonces ya era una ciudad moderna. Supongo que hoy en día lo será
mucho más. Solamente daban verdadero asco los barrios habitados por los
indígenas que se dedicaban a haraganear todo el día y a vivir en la
miseria en un ambiente de la Edad Media. Si hoy en día la ciudad vale
algo ha sido gracias al trabajo y al dinero invertido por España. Eso
es lo que ahora pretende Mohamed VI: Obtener gratis dos ciudades
europeas sin haber invertido un euro y el esfuerzo de construirlas.
Al margen de los ciudadanos españoles nacidos y que viven allí, a los
que habría, y es posible, que dar una nueva existencia en la
Península, a mí me importa un bledo la soberanía de esos territorios,
por mucha sangre que se haya vertido por ellos. Pero puestos a
devolverlos, creo totalmente justo que lo hiciéramos tal como los
encontramos; o sea, sin luz, sin agua, sin calles y, ya puestos, sin
ciudades. El territorio puede ser suyo, pero las construcciones no. Que
las rehagan en vez de gastar el dinero en lujosos palacios para el
disfrute del monarca mientras hace pasar hambre a su pueblo. Lo malo es
que no nos lo van a consentir las presiones capitalistas de
"nuestros aliados". Las tropas españolas interesan a la OTAN
y a la UE cuando se baten el cobre en Yugoslavia pero son impopulares
cuando defienden el territorio nacional. Mientras, se habla de un ataque
contra Irak por motivos de seguridad y se quedan tan tranquilos.
Lo que más me preocupa de este incordio es que, gracias a los esfuerzos
de los sucesivos gobiernos españoles, se ha conseguido inculcar a la
ciudadanía un sentimiento de falso pacifismo y de desprecio o
repulsión a las palabras Patria y España. Ya lo dije hace poco y me
reitero en lo dicho. Hace días, un eminente sociólogo publicó en un
periódico madrileño un artículo despreciando el sentimiento
patriótico. Le cursé la carta que a continuación les copio y, claro
está, no he obtenido respuesta. Las críticas cuando escuecen no se
escuchan, no como este mísero villano que responde a todas. Les dejo
que juzguen:
Muy señor mío: Leo hoy con desagrado su artículo titulado VUELVE EL
PATRIOTISMO, el cual comienza describiendo como "batallita de
opereta" la intervención de las Fuerzas Armadas españolas en el
islote de Perejil. Lo concluye aludiendo al Premio Nadal Rafael Sánchez
Ferlosio y al también sociólogo alemán Jurgens Habermas y a las ideas
de ambos, con las cuales parece estar usted muy de acuerdo.
Como muy bien dice, en nombre de la Patria se ha matado y muerto a
destajo y es cierto que durante siglos anteriores se ha utilizado dicha
palabra para justificar levantamientos y regímenes dictatoriales que
difícilmente se podían legitimar de otra forma. Pero confundir o
asimilar la voz patriotero con patriota es sacar las cosas de contexto
por mucho que lo digan tan eminentes personalidades.
Particularmente, no soy militarista; antes bien, considero que la paz es
uno de los más preciados dones que pueden ser otorgados al ser humano,
al igual que la libertad. Pero francamente me siento orgulloso de esos
jóvenes profesionales españoles que, aunque pareciera que no existía
un verdadero riesgo de verse repelidos por los ocupantes del peñón, se
han jugado la vida por defender el honor de España. Y hablo del honor
porque el islote en sí, ni siquiera como posible lugar estratégico, no
merecía el menor esfuerzo. Tanto es así que nunca se ha usado con ese
fin ni con ninguno. Pero el buen nombre de nuestra Nación y el
demostrar que no estamos dispuestos a ser el hazmerreír de un monarca
caprichoso, cuyas pretensiones territoriales hasta el más lerdo del
lugar puede adivinar, sí valían la pena esa demostración de fuerza
que usted denomina "de opereta".
No ignoro que, merced a querer olvidar otros tiempos y el significado
que todo lo militar supuso en ellos, actualmente nuestra juventud no
puede siquiera definirse como española, salvo cuando hay que corear los
goles de la Selección de Fútbol, porque automáticamente son tildados
de facciosos y antidemócratas. Le juro que no entiendo esa postura
absurda y creo que es confundir el culo con las témporas.
La idea de la Patria no es un anacronismo ni en este siglo ni en los
anteriores ni en los venideros. Cuando escucho a un intelectualoide
definirse como "ciudadano del mundo", no dejo de sonreírme.
¿A qué mundo se refiere? ¿Al planeta en que habitamos o al de los
pobres y de los ricos? Porque yo poco tengo que ver, salvo que todos
somos seres humanos, ni con un finlandés rubio ni con un sudafricano de
color. La diferencia de culturas, historia y, sobre todo, de nivel de
vida no nos asemejan en nada. Así que tendré que sentirme paisano y
compatriota de aquellos que hablan mi mismo o similar idioma, cuyas
raíces provienen de la mismo civilización, la romana, y, en suma, de
los que más o menos comparten mi forma de ser. Una cosa es ser
xenófobo, (palabra que ahora también se aplica con mucha alegría), y
otra es defender las costumbres propias. Contemplo con agrado que los
ciudadanos de las diferentes nacionalidades españolas conserven y aún
potencien sus peculiares hábitos, idiomas y cultura. Eso es riqueza
para todos, a pesar de que algunos de esos nacionalistas puedan opinar
que siguen dominados por la égida del centralismo proveniente de hace
siglos. Lo contrario, querer erigir ese folklore particular en la razón
de un separatismo de España, en una independencia total, es mear fuera
del tiesto. España es cada una de las personas que en ella habitamos,
incluidos los emigrantes, y el territorio español es intocable. El
islote del Perejil, así como las ciudades de la costa africana, son de
soberanía española mientras no se demuestre lo contrario. Por esa
razón, veo muy motivada la reacción del Gobierno actual, del cual no
soy votante, cuando dio orden de ocuparlo y volver a la situación
existente antes de la invasión marroquí. Usted es vicepresidente de la
Asociación Pro Derechos Humanos de España y por ello debería saber
que el primer Derecho de cualquier hombre es tener una Patria. Lo
demás, son zarandajas de pacifistas, cuando no de cobardes. Si opinar
de esta manera le parece que es caer en el patrioterismo, creo que está
muy confundido. Y si es pensar como un patriota, estoy muy orgulloso de
serlo, porque digan lo que digan sus autores mencionados, es muy
diferente.
Atentamente le saludo.
Poco queda que añadir después de lo
expuesto. Había un dicho en la época franquista, atribuido a los
soldados del Tercio, que decía: "Quien al oír ¡Viva España! con
un ¡Viva! no responde, si es hombre no es español. Y si español no es
hombre". Se me da una higa que me tilden de facha. No lo soy, pero
me siento español y subrayo dicha frase.
Perdonen la extensión que me he tomado hoy, pero hay cosas que tocan
los busilis. Y ya nos lo están tocando demasiado. Menos mal que doña
Ana Palacio, con todos mis respetos, parece que los tiene mejor puestos
que su colega marroquí. Por cierto, la postura enérgica de Aznar le ha
proporcionado unos millones de votos que tenía perdidos. Eso es lo que
más me molesta. Pero espero que siga en esa postura, respaldado por
nuestro Rey, Don Juan Carlos I, Jefe Supremo de nuestras Fuerzas
Armadas, que ya habrá podido comprobar el cariño que le tenía aquél
que le llamaba "su tío".
A
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