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El móvil nuestro
de cada día...
De los 56 años que este villano acaba de
cumplir, solamente he "gozado" de ese aparato tan peculiar y
tan útil como es el teléfono móvil, celular llamado en muchos
países, desde hace unos cuatro años. Ya sé que existían hace algunos
más, pero eran teléfonos de campaña, como los de las películas de
los marines. Ahora no. Los hay de todos los tamaños y colores, de
tecnologías más avanzadas cada hora, (cualquier día vamos a ver los
partidos del Mundial en ellos), y de diversos precios. Pero todos,
absolutamente todos, son totalmente imprescindibles para el cien por
cien de la población. Ahora mismo, el que no tiene móvil es un pobre
paria y un desarraigado o un personaje de conducta antisocial. Ya he
dicho que los hay de diferente tamaño. Así que bien dicen que de lo
único que presume un hombre de tener más pequeño es del móvil.
Su uso se ha generalizado tanto que cuando viajamos en trasporte
subterráneo, donde no hay cobertura, vamos sufriendo y deseosos de
llegar, no porque tengamos prisa sino para poder disfrutar de nuestra
maravilla tecnológica, por si alguien nos llama. Y si es en autobús,
ferrocarril o automóvil, hacemos uso de él aunque nos cueste la vida
si vamos conduciendo o molestemos a los acompañantes con el pitido o
musiquita de las narices. La otra tarde almorcé en un restaurante y en
la mesa de al lado estaban una pareja y la madre de alguno de ambos.
Pues a los dos les sonó dos veces el móvil, a cada uno por su cuenta,
y a los postres también llamaron a la madre. Me dieron el concierto y
bastante molesto, por cierto.
Se me puede argumentar que también hemos vivido milenios sin Internet,
aire acondicionado, televisión, radio y todos los electrodomésticos
hoy en día existentes, especialmente la lavadora que considero el más
útil, y que ahora no podríamos prescindir de ellos. De acuerdo. Pero
una cosa es el buen uso y otra es el abuso. Yo tengo en mi mesa un
aparato fijo y el famoso celular. Lo lógico es que si quiero llamar a
alguien utilice la línea apropiada para cada ocasión: Si es un fijo,
desde la fija; y si es a otro móvil, pues desde el mío. Yo les aseguro
que estoy harto de ver compañeros que duermen con el aparatito en
cuestión y que no lo sueltan ni para satisfacer sus carnales apetitos o
sus íntimas necesidades. La línea normal no la utilizan, simplemente.
Le han tomado el gusto a eso de asir entre sus manos la voz de su
interlocutor y parece que hasta tienen un orgasmo haciéndolo de tal
guisa.
Comprendo perfectamente que haya profesiones, oficios y circunstancias
en los que sea de una necesidad imperiosa: Médicos desplazados de su
hospital para una urgencia; agentes del orden o funcionarios de
servicios de emergencia cuya localización tiene que ser inmediata;
viajeros que sufran una avería o un percance en carretera, personas que
no puedan recibir en su trabajo llamadas desde la calle y... pare usted
de contar. Porque a un fontanero se le puede dejar aviso en el taller y
él recibirlo más tarde, salvo que haya una inundación y estaríamos
en el supuesto de emergencia. Aparte de que, anteriormente a los
móviles, ya existían los servicios de mensajería instantánea que se
ocupaban de cursar la pertinente noticia para que el interesado llamase
desde cualquier teléfono público o de otro cliente. Todo esto pasó a
la historia. ¿Y saben ustedes por qué? Pues porque el móvil es la
mejor y más grande celestina que pudo inventar Fernando de Rojas y
cualquiera de sus colegas de la picaresca clásica.
Si simplemente pudiéramos obtener permiso para acceder durante unas
horas al contenido de las conversaciones y de los mensajes de texto que
se transmiten a través de los medios celulares, íbamos a descubrir
más infidelidades conyugales y más líos de entrepierna que los que
nos pueda mostrar el célebre bodrio televisivo de TÓMBOLA y todas las
revistas "del corazón" que lo patrocinan. Hace años, un
casado conocía a una casada y era muy difícil, por no decir imposible,
que se dieran los teléfonos de sus domicilios. Los de sus oficinas, sí
era factible. ¿Pero los del santo vínculo conyugal? ¡Eso era pedirle
peras al olmo! (A pesar de ello, alguna te lo daba siempre que jurases
no llamar a determinadas horas). Ahora con el móvil, es que no existe
problema. Te lo dan y si cuando llamas no le interesa cogerlo porque hay
moros en la costa, o sea el cónyuge que hace oposiciones a la
ganadería de Vitorino, como tiene el sonido bajo o en posición de
vibración, con hacer caso omiso ya le basta. Luego, cuando ella ve el
campo libre corresponde a tu llamada si es que eres de su agrado.
Yo tengo un amigo que no había ligado nunca tanto como desde que
existen los móviles. Es que llamar a un domicilio era arriesgado, salvo
que la dama en cuestión viviera sola o pasara gran parte de su tiempo
sin compañía de hijos o de marido. Ahora el móvil lo resuelve de la
forma que les he explicado.
Ésa ha sido la causa de su éxito y su proliferación y no otra, a mí
que no me vengan con cuentos. Lo demás es tontería porque ya me dirán
a quién y para qué están llamando, o qué necesidad tienen de
hacerlo, tantas personas como vemos por la calle a partir de las 7 de la
tarde, horario que ya no suele ser de trabajo, con el teléfono colgado
de la oreja. ¿Para decir que ya acude a la cita o que va a llegar tarde
a casa? Hay cabinas o bares cada pocos metros desde los que efectuar la
llamada. Puede darse, ya digo, una situación de urgencia pero,
normalmente, las caras de los que hablan no expresan sino satisfacción.
Una de dos: O es manía que ya hemos tomado o es que hay cuernos, o
intención de ponerlos, de por medio.
Me dirán que exagero, ya lo sé, pero es la pura verdad. De cada diez
llamadas que efectuamos desde nuestros celulares, nueve son inútiles y
la otra es pecaminosa. Porque el amigo que espera puede esperarte y la
novia que aguarda, si es de ley te sigue aguardando.
Desde la boca del Metro que utilizo hasta el portal de mi casa hay
apenas setenta metros de distancia. Les aseguro que hay tardes que, a
eso de las 8, me encuentro con cerca de cincuenta personas haciendo
llamaditas. ¡Qué gran invento se perdieron Tenorio y Casanova! Les
hubiera resultado aún más fácil incrementar su lista de conquistas. Y
Napoleón no hubiera sido derrotado en Waterloo siempre que hubiera
tenido cobertura para haber hablado con Grouchy y éste no hubiera
tenido la batería baja, que ésa es otra. Hubiera cambiado la historia
y seguramente nuestras vidas, en las cuales está visto que lo que es
bueno, o es pecado o engorda. ¡Y pensar que un maldito 6 tiene la culpa
de tantos divorcios..! Pues yo tengo el móvil roto y vivo tan
tranquilo. Eso sí: No me como ni una rosca.
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