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Apuntados a un
bombardeo...
El 29 de junio pasado, festividad de San Pedro
y San Pablo, ambos apóstoles pero, aunque se crea otra cosa, nada
amigos entre ellos las dos o tres veces que al parecer se vieron, (Pedro
era un judío inculto de los que creyó que Jesús era el Mesías
salvador de su pueblo, y Pablo era muy inteligente y judío ortodoxo
hasta que se le apareció Dios en el camino de Damasco y entonces
inventó la figura del Jesucristo que ha llegado hasta nuestros días,
con toda la parafernalia que rodea a la Iglesia que él mismo se sacó
de la manga, cosa que Pedro, por mucha piedra con que le hubiesen
renombrado, nunca tuvo intención ni conocimientos para fundarla), se
celebró en Madrid el Día del Orgullo Gay. Y dirán ustedes que a qué
viene que mezcle la historia de los apóstoles con el llamado Colectivo
Rosa. Pues a nada, salvo que los homosexuales españoles decidieron
manifestar sus querencias sexuales ese día. Y no porque ninguno de los
dos santos estuviera incluido en sus listas, sino porque era sábado y
les vino en gana.
Al parecer, cuatro millones de españoles practican o son partidarios de
dicha tendencia amorosa, lo cual significa aproximadamente un diez por
ciento de la población. Y por supuesto que son cuatro millones de
posibles votos para cualquier Partido político que sepa captarlos, que
es una cifra muy significativa e importante. Por ello, y sin temor al
qué dirán y sin miedo de que les tildasen con ningún calificativo
más o menos denigrante, aun no siendo partícipes de tales conductas
amatorias, los líderes del PSOE y de los Sindicatos de izquierdas se
lanzaron a la calle junto con los manifestantes, defendiendo sus
derechos y proclamando su libertad de elegir lo que más les guste.
Efectivamente, esos cuatro millones de ciudadanos que pagan sus
impuestos religiosamente y contribuyen con su trabajo al bienestar de la
sociedad española tienen todo el derecho de ser considerados por las
leyes igual que los heterosexuales; no se merecen ser discriminados por
una cuestión de genitales y sufrir unas diferencias administrativas y
fiscales por el hecho de que les atraiga más un sexo que otro. Estamos
en pleno siglo XXI y ya ha pasado a la Historia cuando se les quemaba en
la hoguera "por pecar contra natura". En unos tiempos en los
que la mayoría de los ciudadanos no practican el sexo para procrear
sino para el propio deleite (o por aburrimiento y rutina, que es lo más
normal dentro del matrimonio), no sé a qué viene que los legisladores
marquen esas diferencias para los que buscan satisfacer sus apetitos
legítimos de una manera no convencional para la mayoría. ¿Que a
usted, señor con barbas y de pelo en pecho, le gusta más tocar la piel
áspera de un colega suyo que la más suave de una señorita? Pues suyo
es el capricho y el placer es suyo. Y si a usted, señora maciza y
atractiva, le atrae más otro cuerpo femenino y limpio, con olor a
perfume, que no la virilidad sudorosa de un galán que a lo mejor no ve
una pastilla de jabón y sus efectos junto con el agua desde que Noé se
metió en el arca, pues sea usted feliz y goce de su cuerpo serrano, que
total van a ser dos días.
Que este villano pueda no estar de acuerdo con algunas de sus
pretensiones eso ya es otro cantar. Ustedes tienen derecho a disfrutar
de las prestaciones de la Seguridad Social que pudieran corresponderles
por deceso o enfermedad de sus parejas igual que si éstas fueran del
sexo opuesto. Ustedes, salvo que ostenten demasiado la pluma, igual que
los machistas cuando basan su autoridad en sus atributos viriles que
también se merecen que les den una colleja, tienen plena libertad para
vivir como deseen y pagando los mismos impuestos que una pareja mixta.
Lo del matrimonio convencional que solicitan ya no lo veo tan
defendible. Incluso lo considero fuera de lugar. Si dicho vínculo se
estableció para la unión entre hombre y mujer, no veo lógico que se
les aplique el mismo tratamiento jurídico. Pero esto tiene fácil
solución: Hace cien años no existía la televisión ni siquiera la
radio comercial y ahora sí que hay unas legislaciones que controlan
ambas novedades. Exijan ustedes un contrato distinto del matrimonio,
firmado entre ambos miembros, aplicando ese ejemplo, y el asunto está
saldado. Todos los días se promulgan leyes nuevas; no creo tan difícil
crear una nueva figura legal para su situación que, quieran o no, es
especial y se merece un peculiar concepto, pero siempre respetuoso.
Por donde ya no trago, y ustedes me disculpen, es por lo de la adopción
de niños por parte de esas parejas del mismo sexo. Y no porque tema,
como mucho malaje dice, que es fomentar la creación de un nuevo
homosexual en potencia. Ni porque un niño necesite obligatoriamente la
presencia de un padre y una madre para ser hombre de provecho, porque
hay muchos huérfanos de uno de los dos progenitores, o de ambos
inclusive, y se forman adecuadamente con el cariño del sobreviviente o
bajo la tutela del Estado. Simplemente es que, si ustedes han elegido
una tendencia sexual que no permite la progenie, no veo a qué viene ese
interés por ejercer de padres cuando no pueden serlo. Y no me salgan
con lo de las adopciones, que existen multitud de parejas, de las
llamadas "normales", a las que no se les concede tal
oportunidad por multitud de motivos, principalmente la falta de recursos
económicos. Parece que sólo los ricos pueden ser padres adoptivos
merecedores de confianza.
¿Me van a decir que por qué un sacerdote católico puede adoptar un
niño, viviendo como vive solo en un estricto celibato? Yo tampoco lo
entiendo y les doy la razón plena en ese asunto. Demasiado trabajo
deben tener los curas en atender a su parroquia como para cuidar de una
criatura. Y si no es así, que les permitan casarse, que también hace
tiempo que lo están reivindicando y lo veo también lógico. Lo que no
es natural es que las leyes sean anchas para unos y estrechas para
otros.
De lo que diga la Iglesia al respecto es que me trae totalmente al
pairo. Demasiados escándalos han dado ya en Norteamérica y en todas
partes algunos clérigos con sus costumbres pedófilas como para que
ahora vengan a llamar la atención a nadie. Y si hablamos de dineros,
mejor es que guarden un absoluto mutismo.
Lo que ha inspirado mi artículo no son, pues, las tendencias de estos
miembros de la sociedad ni discutir la mayoría de sus derechos, sino el
ver cómo los líderes de la izquierda se aprestan a captar votos allí
donde ven que pueden obtenerlos fácilmente, prometiendo lo que, si
llegan al poder, no van a cumplir luego. Más sencillo lo tendrían si
ofrecieran a todas las féminas, que son unos cuantos votos más que los
de los gays, unas prestaciones y unas ayudas por el mero hecho de ser
mujeres. Ahí sí que lo tendrían claro: Hay más mujeres que hombres;
todo es cuestión de engatusarlas y ofrecerles algo que sería muy justo
darles, ya que ellas conciben, paren y crían a toda la población. Pero
como está más que visto que la mujer suele ser de la misma tendencia
política, al menos hasta ahora, que su cónyuge, se curan en salud
temiéndose un rotundo fracaso si les vienen con tales promesas. Pues
que no teman, que la mujer suele votar al más vistoso. Y desde luego,
Zapatero es más resultón que cualquiera del PP. Pero ya digo, con tal
de salir en la foto y ganar un votante, son capaces de apuntarse a un
bombardeo aunque lo paguen con su sangre.
Lo que sí quisiera, y concluyo, es que algún amable lector se
dirigiese a mí y me explicara lo más claramente posible quién acuñó
y qué significa esa expresión de "salir del armario". Yo
creía que en ellos solamente se guardaban las mantas con sus bolitas de
naftalina para que no se apolillasen. Al parecer, ahora también
esconden otra especie muy peculiar y peluda de "bolitas"...
¿Me lo pueden aclarar, si son tan amables?
A
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