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El botín de don
Emilio
El pasado día 24, festividad de San Juan, el
señor presidente, o dueño, o accionista mayoritario o vaya usted a
saber cuál cargo le gusta más lucir, del Banco de Santander, quiso
clarificarse ante sus accionistas y aparte de explicarles las nuevas
medidas a tomar para el buen "gobierno del Banco",
(entrecomillado porque no es, seguro, al único gobierno a que hacía
referencia), les confesó sus ingresos por ocupar su cargo; cargo que,
por cierto, se ha cuidado muy mucho de conservar durante más años de
los que las Normas de la Entidad promulgaban, basándose en una
variación a su placer, que para eso es el amo.
Cuatrocientos veinte millones de antiguas pesetas que se nos gana el
buen señor anualmente. Que son catorce pagas de treinta millones. Eso
sí, antes de impuestos. Que habrá que suponer que paga muchos, aunque
no tantos porque para eso tiene los mejores asesores fiscales. Eso en el
Banco, que aparte tiene sus vocalías en Consejos de Administración,
muy bien remuneradas normalmente, sus Fondos de Inversión y,
naturalmente, los dividendos y el valor de sus acciones más las jugadas
que haga en esa Bolsa tan paupérrima para los demás pero que seguro
que él nunca se pilla los dedos en ella, sino que saca la mano bien
repleta porque goza de informaciones que el resto no conoce.
Yo he repasado mis cuentas de estos 56 últimos años de existencia y
cuadrado mis balances. He sacado la calculadora e intentado refrescar mi
memoria por si me olvidaba de algún durillo que oculté a Hacienda por
alguna colaboración o una hora extra. Pero, por más que lo he
intentado, les aseguro que ha habido muchos, ¡muchísimos!, años que
no me he acercado ni por asomo a esa cifra. En algunos... casi, casi,
llego a la centésima parte e incluso un poco más. Fue una vez que me
tocó una quiniela. Pero el resto, 55, por más vueltas que le doy,
nada; de verdad que no. Será que soy muy torpe.
Y bien mirado, tampoco es tanto salario para una persona. Teniendo en
cuenta que la nómina mensual de un trabajador medio ronda los mil euros
brutos, eso los que los ganan que hay muchos que no llegan, los ingresos
de don Emilio no me parecen desproporcionados. Al fin y al cabo él es
quién se ocupa de prestarnos nuestros propios dineros a módicos
intereses para devolvérnoslos después siempre que presentemos buenos
informes bancarios. O sea, que nos administra los bienes para que no los
gastemos en vicios y en perversiones, no sea que vayamos a ir al
Infierno.
Sinceramente, me parece una falta de vergüenza tal informe. Por mucho
que una persona valga no vale más que cien juntas. Y desde luego que no
come ni gasta lo que esos cien trabajadores en comandita. ¡Así que
tiene que tener una hucha..! Al final será el más rico del cementerio
pero, mientras tanto, sus empleados y todos aquellos que se ven
afectados por las hipotecas de sus bancos van a anticipársele en el
camino al mismo. Porque está claro que si él, con ese sueldo, no está
excesivamente obeso, los demás debemos estar famélicos con el que
tenemos.
Hay cosas que son incomprensibles por más que quieran explicárnoslas.
Porque, y de verdad que no le cambio mis ganancias por sus
preocupaciones, lo que me asusta no es lo que él gane sino que, a tenor
de ello, habrá muchos de sus colaboradores que esos sí se le acerquen
un poquejo. Y por supuesto que ni siendo ministro ni presidente de
Gobierno se cobra tanto. Luego estamos regidos por unos mindundis cuando
el que debería hacerlo es don Emilio. ¿O es que realmente es él quien
nos gobierna desde la sombra? Dejo esa pregunta en el aire para que cada
cual se la responda como le venga en gana. El semanario de humor La
Codorniz se autodefinía como "la revista más audaz para el lector
más inteligente". Vamos a imitar por un instante al genial y
siempre llorado Álvaro de Laiglesia y a los que le antecedieron en el
puesto de director de la misma y a comparar esta humilde columna y a sus
maravillosos lectores con aquella publicación y los suyos. Porque si
ella era de humor, el tema que les propongo es que es de risa.
Hay cerebros en este país, médicos, ingenieros, arquitectos,
economistas, informáticos, etc..., que no le llegan ni a la suela de
los zapatos al banquero. Y también han estudiado pero no han sabido ser
tan listos. Y no hablemos ya del peón que se pasa nueve horas con un
pico o una pala a 40 grados a la sombra... Que normalmente se trabaja a
pleno sol. ¿Luego preguntamos que por qué se organizan huelgas
generales? Ahí tienen la respuesta contundente: Por la diferencia de
clases que cada día es mayor y más notable. Hace años se veían
muchos seiscientos por las calles. Ahora, cuando mucha gente las pasa de
a kilo para cubrir la cesta de la compra, lo que se ven son muchos BMW,
MERCEDES y demás coches de lujo. Mientras, los transportes públicos
van abarrotados y la gente en su interior echando el bofe.
No voy a hablar de los futbolistas, cantantes, músicos y demás gente
del arte porque esos pueden haber nacido con un don genial que les hace
únicos, aunque también las cosas están desorbitadas en algunas de
esas profesiones. Pero su carrera es corta normalmente y hacen bien en
guardar para el mañana lo que les paguen los que quieran ir a verles.
Aparte de que sus ahorros, custodiados por el señor Botín, se verán
incrementados convenientemente, a la vez que él se hará más rico cada
día.
Cualquier mañana, cuando los salarios de hambre no les lleguen, las
gentes se lanzarán a las barricadas y habrá quien se pregunte los
motivos. Y tacharán de revolucionarios y anarquistas a los que
solamente es que están hasta las narices y piden un reparto equitativo
de la riqueza. Mientras, con darnos partidos por la tele y lamentarnos
del robo que nos hicieron en el Mundial, nos tienen tan contentos y sin
quejarnos más que del egipcio, que ése también se lo supo llevar
muerto, costumbre de su tierra por lo de las momias. De lo demás, a
callarnos; no sea que hasta eso mismo nos falte.
Hablando del Mundial... ¿se han dado cuenta de que al pobre Joaquín,
excelente jugador y con un magnífico porvenir, ya le han empezado a
colgar el mismo sambenito que a su antiguo compañero del Betis,
Cardeñosa? "El gol de Cardeñosa", que no fue tal porque no
acertó a meterlo, le ha hecho pasar a la historia más que por su arte
de jugador. Y eso que era bueno. Esperemos que a este chaval no le
ocurra lo mismo, que también Raúl falló un penalti hace años y ya
nadie lo recuerda. Por favor, que no se lo recuerden no sea que le entre
el trauma.
He empezado hablando de millones y ahora acabo hablando de pelotas.
Saben que me sería fácil hacer un verso, pero es que el asunto ya de
por sí es todo un poema...
A
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