Quejas del villano

     
No sé si saben ustedes
que, como el escribir no vende,
este villano trabaja
cual cualquier bicho viviente.
Y así, todas las mañanas,
poco antes de las siete
el despertador le avisa
para que el pobre despierte.
A las siete y media en punto
dentro del Metro se mete
y allí dentro, apretujado,
como ganado se siente.
Tras de varias estaciones
el Metro al fin se detiene
y en la Plaza de Castilla
se apea en un mar de gente.
Allí el autobús espera
que debe llevarle a Algete,
pueblo próximo a Madrid,
kilómetro veintisiete.
Allí tiene su oficina,
allí obedece a sus jefes,
allí se gana el condumio
con el sudor de su frente.
Esta mañana de huelga,
porque de junio hoy es veinte,
el villano ha madrugado
más que por costumbre tiene.
Por si comer no podía
por si restaurant no hubiese,
ha tomado un desayuno
sobre lo normal más fuerte.
Ha salido muy deprisa,
el Sol apenas luciente,
y en el Metro se ha metido
como acostumbra hacer siempre.
Al autobús ha llegado
mucho antes que otras veces,
las siete y media serían,
y ya estaban los piquetes
informativos que dicen
y amenazantes parecen.
El villano allí se sienta
y un cigarrillo se enciende.
Ya ha pasado media hora.
Otro cigarro se prende.
Y así tras del uno el otro,
dale que dale al fumeque.
  A eso de las nueve y diez
unos Policías vienen
e informan al personal
que no hay autobús. - Agente,
¿y eso por qué? - Es que han dado
orden de que las cocheras cierren
y que no las abran hasta
al menos el día siguiente.

El villano, muy enfadado
porque él trabajar aún quiere,
busca un taxi y no lo encuentra
pues no hay taxistas valientes.
Así que se toma el Metro
y para su casa vuelve.
Allí se aburre de tedio,
allí nada le entretiene.
Decir, en la radio escucha
al Ministro, alegremente:
- Hemos vencido a la huelga.
Y en tono bien diferente,
escucha a un líder obrero
decir que han ganado. - ¡Mienten!,
clama el villano, indignado.
- ¡De veras que hay que joderse!
Yo estoy como enfermo en casa
cuando estoy sano y bien fuerte.
Y encima habré de escuchar
cómo el señor Presidente
llama a los parados vagos
porque el trabajo no sienten.
Pues que a ambos den por saco
y a ver si el jornal invierten,
que me quitan, en farmacia,
en pomadas y en aceites
que alivien ese dolor
que dicen que "allí" se siente.
Aunque acaso ya han costumbre
y que les den les divierte,
porque los sindicalistas
están en el bar de enfrente
festejando, en tanto Aznar
sigue estando sonriente.

Y estos versos escribió
solitario en su rincón...
un villano cabreado,
Y colorín, colorado,
de manos un apretón,
que este cuento se ha acabado.

 

 

Al 20-J de este año de gracia.

A Menú

 
Hosted by www.Geocities.ws

1