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El alcalde y el
fiscal: Los dos a una
Sí, más o menos como en Fuenteovejuna. En
Ponferrada, provincia de León, el alcalde ha sido acusado de abusar
sexualmente y de vejar a la concejala y, automáticamente, el señor
fiscal que entendía del caso, cuyo cometido suele ser acusar al
acusado, ha reaccionado haciendo frente común con él y asediando con
preguntas indiscretas y malévolas a la demandante, a la persona que
pedía justicia de los acosos a los que había sido sometida.
Incomprensible. Y no ya sólo esto, que puede haber visto en ella mala
intención, cosa que este villano también comparte en algún modo, sino
que se ha permitido opinar que hay mujeres a las cuales se les puede
tocar el culo impunemente y que es un riesgo, o una condición pactada
ya en contrato, para ejercer de cajera en Hipercor. ¡Será cretino! ¿Y
la mujer del señor fiscal no firma este acuerdo? Pues será porque es
muy fea y ninguno la desea. Tal vez si le permitieran aceptarlo lo
haría gustosa.
Siempre se ha dicho aquello de confundir el culo con las témporas. Y en
este caso este fiscal lo ha hecho. Ya he dicho que a mí la señorita
concejala no me parece trigo de extremada limpieza y, al parecer, los
testimonios que sus mismos antiguos compañeros están dando abundan
este aserto. Pero una cosa es lo que a este villano pueda parecerle y
otra, y bien distinta, la que a todo un fiscal togado pueda
predisponerle. Yo no cobro del Estado por intentar que prevalezca la
Justicia. Él sí, y bien cobrado. Luego debe un mínimo respeto no ya a
la mujer cuya honra queda en entredicho, de la cual dijo por cierto que
de joven era considerada una putilla por su ligereza de cascos, sino en
general a todas las mujeres, entre las que pienso se encontrará su
santa madre y su benévola esposa. E hija si la tuviera. ¿O es que
nació por generación espontánea y se casó por poderes solamente? Una
cosa es ser misógino, que ya es ser un bicho raro, y otra un grosero de
tal envergadura. Aunque supongo que en este caso peculiar la verga debe
ser más bien blanda.
Toda mujer, y más por el hecho de ser una trabajadora, se merece el
más sublime respeto. ¿Quién es este individuo, por muy alto cargo que
ejercer pueda, para hacer tales afirmaciones? Pues eso, un grosero de la
más alta talla al cual le darían el cargo rifándolo en una tómbola o
por ser amigo de hacer favores. O sea, un lameculos. Y por ello le
parece lógico que a las demás se lo toquen aunque sea sin su
consentimiento.
Sé de sobra que me expongo a una querella por parte de este energúmeno
si es que leyera estas palabras, pero seguro estoy que habría quince
millones de mujeres que saldrían en mi defensa porque opinan como yo,
pero no pueden decirlo. O no les dejan o no tienen oportunidad. La mujer
siempre ha estado supeditada al hombre y a sus opiniones, tal vez porque
rima con cojones, pero que en estos días se les siga dando un valor
magnificante a tales atributos varoniles cuando ellas han demostrado de
sobra, con los suyos femeninos, valer tanto o más que cualquier varón
es que es de escarnio. Ya digo, se puede ser machista pero no en
público y en ejercicio de altas funciones. ¿Es que no sabe este
machote que más de la mitad de los votos que se concedieron al Partido
Popular, del cual es miembro, se deben a las féminas? Un poco de
cabeza, hombre, que si no te quedas sin empleo porque, encima, el
candidato socialista es más atractivo para ellas que cualquiera de los
populares. Aparte de destituirle de su cargo, lo cual es muy posible que
suceda, yo le condenaría a ir por todos los almacenes, oficinas, bares
y comercios, pidiendo humildemente perdón a todas las cajeras,
secretarias, camareras y dependientas, hasta que se quedase afónico y
no pudiera decir más idioteces.
En cuanto a la señorita demandante y a su ex amante el alcalde, porque
eso está claro que lo han sido, ya digo que me queda la duda de si la
demanda no está motivada por el despecho de haberse visto abandonada.
Él es buen mozo y encima con poderío. Ella, joven y avezada, pudo
verse seducida o seducirle para medrar dentro del Partido y tras de sus
escarceos amorosos, cuando él vio en dónde se metía (y me refiero al
lío y no a otra cosa, no sean mal pensados) pudo dar marcha atrás y
romper sus relaciones. Y vino la venganza. "O yo soy alcaldesa o
él no sigue siendo alcalde", pudo pensar. Y apeló a la Justicia.
Ya digo que esto son divagaciones que puedo permitirme como particular,
no afirmaciones oficiales sobre el hecho. Pero que son muy posibles y Su
Señoría y el tiempo darán la razón a quien la tenga si se averigua a
fondo. A mí el edil me parece un tipo que se ha dejado querer,
aprovechándose de su palmito y de su cargo. Esto último no es correcto
pero sí humano. Y ella, me da que es una oportunista que vio la
ocasión más que pintada de aprovechar sus encantos a la vez que gozaba
buenos momentos junto a un hombre de buen ver e importante. Cuando se
vio utilizada y que el otro tornaba al redil de motu propio, vino la
tempestad del despecho. Pero eso está subjudice y en su día (tal vez
cuando ustedes lean esto ya se habrá dictado sentencia) se ha de ver.
Si me he confundido y llevara ella razón, gustosamente le presentaré
todas mis excusas.
Pero la figura importante en este pleito es la que no debiera serlo: La
del citado Torrente en ejercicio de fiscal. Y así le denomino, con todo
mi cariño hacia Santiago Segura y su personaje, porque recuerdo la
canción que interpretaba con Sabina: "España es bien diferente;
menos mi madre y mi hermana, todos los coños se venden". Eso dicho
en clave de humor y por un cómico suena hasta a gracioso. Pero vestido
de toga, muy señor mío, de veras que no tiene gracia alguna. Si yo
fuera argentino le diría lo que dijo el "Mono" Burgos,
jugador de fútbol, a un periodista impertinente: "¡Ve a comerte
la concha de tu madre!" Y hablo de Burgos, buen portero, porque es
que el tema tiene pelotas, se lo aseguro.
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