“Cuando las barbas de tu vecino... 

... veas pelar, pon las tuyas a remojar”. Y bien clarito que lo dice el antiguo refrán. Cuando en la casa de al lado, mucho mejor equipada y con más comodidades para vivir, donde se ha sufrido cruentamente el poderío del nazismo y de su ultraderecha durante toda una ocupación que duró años y ocasionó una gran represión entre la ciudadanía más progresista del mundo, aquella que fue capaz de tomar la Bastilla y mandar a la guillotina a toda una nobleza comenzando por sus monarcas, sale elegido un candidato más fascista que el propio Adolfo Hitler, es para no tomarse las cosas a broma.

Es cierto que hacía años que Jean Marie Le Pen venía avisando y merced a que las encuestas lo anunciaron a nadie le ha cogido de sorpresa su casi triunfo en su confrontación con el presidente Chirac y su absoluta victoria sobre el líder socialista Lionel Jospin, pero puede parecer extraño que en una nación como Francia, cuna de las libertades y grata receptora de todas las corrientes innovadoras y de los visitantes por un día que permanecen ya toda una vida en suelo galo una vez lo pisan, un país que ha padecido la opresión de la bota alemana en su más duras facetas militaristas, gane votos un líder que pregona la derecha a ultranza y se quede a 2,1 puntos de su opositor, el Presidente, barriendo por otros 2 a todo un Primer Ministro en activo.

Ustedes, amigos lectores, van a contemplar estas líneas, escritas casi a pie de urnas como quien dice, el viernes día 3 de Mayo. El 5, domingo, se celebrará la segunda vuelta y Le Pen perderá ante la conjunción contra natura de los socialistas con el centro derecha de Chirac. Eso es de cajón de madera de pino porque aunque sea a costa de aliarse con sus eternos rivales, los socialistas no van a permitir que por cualquier desliz caprichoso de los votantes o por alguna singular ocurrencia, la ultraderecha se instale en el Elíseo. Eso lo sabe hasta monsieur Le Pen, pero el susto que ha metido en el cuerpo a más de uno ha sido soberano. ¿Y a santo de qué, se pregunta este villano? Porque el francés es un pueblo burgués donde los haya y aunque amigo de experimentos sociales como ya quedó bien demostrado a lo largo de su historia, es de los que les gusta nadar y guardar bien la ropa, no sea que se la arrebate algún desaprensivo como ya les ocurrió en su eterna lucha con Alemania y en el anterior fracaso napoleónico ante el invierno ruso y la astucia del mariscal que dirigía los ejércitos del zar.

Pues la respuesta es bien sencilla, clara y contundente y ya podemos ir aplicándonos el cuento: Ese campesino, hacendado medio, que cultiva con placer sus tierras, y ese comerciante avispado y culto, a la vez que campechano, que vende sus mercaderías mientras piensan ambos en sus partidas de petanca y de ese extraño juego nacional de cartas (ellos opinarán lo mismo sobre nuestro ancestral mus) denominado, según tengo entendido, la belote, están hasta la entrepierna de la avalancha de oriundos que se les ha colado en casa con el título de haber nacido en las antiguas colonias francesas del norte y del interior de África y se han dedicado a aprovechar las ventajas que la Seguridad Social francesa presta a las familias numerosas, reproduciéndose como los champiñones después de un chaparrón. (Esta frase es típicamente francesa, advierto para el general conocimiento). Mientras, los jóvenes franceses, dando ejemplo a los españoles, han visto crecer las dificultades de prosperar y procrearse. La vivienda en Francia es cara, mucho más que en España. Los alquileres, que nosotros todavía podemos discutirlos pero que por ser altos nos obligan a adquirir los pisos, allí están por las nubes. Y aunque las prestaciones sociales están muy por encima de las nuestras, las dificultades para formar una familia son amplias. Mientras, el africano vive donde puede y se habitúa a cualquier cosa, siempre mejor que la que tenía en su país de origen.

Y a todo esto, naturalmente, sin adaptarse a las normas de convivencia del francés medio, sino siguiendo las suyas propias y burlándose de las leyes como mejor les place. O sea, lo mismo que aquí nos está ocurriendo según los informes del Ministerio de Justicia: Por cada delincuente habitual nacido en España existen no sé cuántos procedentes de otros lares.

Lo malo para nuestros vecinos es que lo único que tienen en común con sus huéspedes es el idioma; a pesar de que ellos hablen sus propias lenguas, todos hablan el francés desde la cuna por haber estado en contacto desde niños con el mismo. Igual nos ocurre a nosotros con nuestros inmigrantes sudamericanos, pero mientras estos provienen de una raíz hispana y profesan una cultura religiosa y doméstica idéntica o similar a la nuestra, los tunecinos, argelinos, marroquíes y demás africanos que se han implantado en Francia, no. Ellos tienen su propias culturas y religiones distintas, muy dignas de respeto pero en extremo diferentes. La hermandad entre los diversos pueblos y razas es un sentimiento deseado y encomiable. Pero en la teoría. Ya en la práctica, hasta el mismo Jehová nos dispersó cuando la torre de Babel. Por algo lo haría, Él que es Omnisciente.

La inmigración de las colonias, al igual que la integración de los que un día fueron esclavos, se paga cara. Ya veremos cuando se presente un candidato negro, con posibilidades de ganar, a la Presidencia de los Estados Unidos, que puede que sea pronto. Y eso que allí llevan siglo y medio casi asimilándolo; pero en Europa ha sido de buenas a primeras, en escasos años y a la chita callando. El racismo es un mal y sería lógico que no existiese; pero es que da la coincidencia de que a todos los morenos les gustan las mujeres rubias y blancas, igual que en su día los blancos cohabitaron con las hembras de color a calzón quitado. Estamos pagando los desmanes de nuestros abuelos y tal vez sea justo que los paguemos. Pero la gente se rebela contra esa idea y por ello ha dado su apoyo a líderes como el extremista Le Pen; a ver si, aunque no gane, hace que se encienda la luz de alarma y se frenen estas silenciosas invasiones.

Pues tomemos buena nota de lo acontecido a los gabachos y velemos mejor por nuestros intereses de lo que lo estamos haciendo en esta tierra. Si no, cualquier año de estos vemos a un clónico de Franco gobernando de nuevo ese “destino en lo universal” que decían que era España. Esperemos que no, pero no a costa de hablar en arameo. O en árabe, que viene a ser lo mismo para los que no lo comprendemos..

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