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Como el mundo es
redondo, el mundo rueda...
... Si algún día, rodando, este veneno envenena
a su vez, que no me culpen. ¡No puedo dar más de lo que a mí me
dieron!".
Estos versos de Gustavo Adolfo Bécquer, no tan conocidos como sus Rimas
pero bien expresivos, son de total aplicación a la situación en la que
está viviendo el ciudadano de a pie de todo el Orbe. Cuando no le matan
en Palestina, o le hacen matar que es parecido, le tirotean en Venezuela
en nombre de la legitimidad parlamentaria de quien un día fue golpista
o le asesinan por ser partidario de éste mismo. O le roban los dineros
usando el guante blanco y la pechera dura o le explotan haciéndole
emigrar en busca de trabajo. Cualquier día, y a no mucho tardar según
este villano, los sufridos sujetos que se ven de esta manera
vilipendiados van a salir de sus casillas y no van a dejar títere con
cabeza. Y luego a acusarles de terroristas y de revolucionarios. O de
ácratas, que es que tiene también guasa la cosa.
Varios sucesos de trascendencia han sucedido estos días en el mundo. El
más importante, quizás, el protagonizado por el presidente Chávez de
Venezuela, quien en su afán de mantenerse en el poder dio orden de
abrir fuego contra la multitud. Los encargados de hacerlo, aparte de
unos cuantos partidarios paniaguados y leales hasta la muerte, no lo
hicieron y tomaron las riendas del gobierno en nombre del pueblo. A los
dos días, parece que los Estados Unidos (promotores, como siempre, de
estos hechos), dieron marcha atrás bajo presiones de la OEA o porque
así les convino y volvieron a sentarle en su poltrona. Ahora, con muy
buenas palabras y aún con un crucifijo en la mano, Chávez asegura que
no tomará represalias; pero de momento ya están encarcelados los
militares sublevados. Ahora tiene el campo abierto para ejercer sus
tropelías, porque además cuenta, según él, con el apoyo de la
nación. Esa misma nación que le puso en la calle dos días antes.
¿Hay alguien que pueda entenderlo?
Venezuela es un país rico en recursos; mucho más que todos sus
vecinos. Pero sus clases adineradas se llevan sus caudales a Yankilandia
para tenerlos seguros y así no los invierten para crear más riqueza en
su propio feudo y elevar el nivel de vida de las clases menos
afortunadas. No confiarán mucho en su mandatario cuando así lo hacen,
pero mucho menos en los que pudieran sustituirle. Ahora, ante el peligro
visto, incrementarán su fuga de capitales y, de ese modo, la CIA no
habrá perdido del todo su trabajo. Está visto que aprendieron bien la
lección que les enseñamos los españoles y que hacen perfectamente los
deberes.
En España ha surgido el escándalo del BBV. Resulta que los banqueros
encargados de velar por nuestros ahorros se han dedicado a esquilmar a
sus clientes y a ocultar grandes sumas en sus balances, regalándose
entre ellos y a diferentes gobiernos caribeños ingentes cantidades de
dinero. Ni el gobierno actual ni el anterior saben nada de nada y no
esperemos que llegue nunca a desvelarse totalmente. Si acaso, rodarán
dos o tres cabezas de gente que ya se preocupó de jubilarse con el
riñón bien a cubierto y alguno pagará una sanción con la calderilla
sobrante de lo que se ha llevado. ¿Dimisión de ministros? ¡Qué
locura! ¡Ni que ésta fuese una nación seria, si es que existe alguna!
No sé si se lo he contado, porque ya pierde uno el hilo de lo que
escribe, pero en tiempos de Franco decíanse unos versos: "En el
camino de El Pardo y a la puerta de su ermita, hay un letrero que dice:
¡Maricón el que dimita!". Y parece que el poema sigue en boga.
En cambio, usted, currante de tercera fila, al cual le descuentan de su
nómina todos los impuestos habidos y por haber, la parte
correspondiente de la Seguridad Social, los diezmos y primicias y la
Biblia en verso, si se le ocurre dejar de cumplir a su debido tiempo
cualquiera de sus obligaciones fiscales, inmediatamente recibirá una
carta del Organismo competente en la que, poco más o menos, le
amenazarán casi de muerte si no satisface inmediatamente su deuda.
Recuerdo una vez que me enviaron una requiriéndome la presentación de
una declaración cuya copia obraba en mi poder. Me puse al habla con
ellos, les dije el día y la oficina de Correos por la que les había
sido enviada y su respuesta fue no otra que presentara un duplicado en
sus oficinas ya que la habían extraviado. "¡Pues la
buscan!", respondí. Pero no me quedó más remedio que acudir y
presentarla. Al menos, la fotocopia no me la cobraron. Entonces indiqué
que, siendo un error suyo, bien podrían pedirme alguna excusa por las
amenazas que en mi contra habían vertido. Y claramente me dijeron que
no, que no era su costumbre. Solicité hablar con el Administrador y por
suerte y ante un carnét de Prensa tuvo a bien recibirme y pedirme
disculpas en nombre de sus empleados. Ése es el trato que recibe aquél
que paga. El que roba recibe otro bien distinto: Más bien el que se usa
entre colegas.
Y a todo esto, Madrid, capital de España y una de las ciudades más
turísticas de Europa, ha padecido una huelga salvaje de transportes
interurbanos. Y no llamo salvajes a los conductores de autobuses, que
estos son trabajadores y constitucionalmente tienen derecho a
reivindicar sus quejas, utilizando la huelga si es preciso. Denomino
salvajes, así de claro y llanamente a los Sindicatos, que para nada
representan a los trabajadores sino que les engañan (porque ellos sí
cobran sus nada exiguos salarios y encima enfrentan entre sí a los
currantes), a los empresarios que han sido beneficiados con unas
concesiones millonarias, graciosamente concedidas mediante las
influencias y aún el soborno, y que discuten la miseria de 75 euros al
mes a un trabajador, y, sobre todo, a las Autoridades de la Comunidad
que no han intervenido desde el primer momento en el asunto. Si los
conductores que no les hubieran llevado a sus poltronas de trabajo
hubieran sido los suyos propios, hubieran utilizado los servicios de los
expertos automovilistas de la Guardia Civil, aparte de utilizar a ésta
para meter en prisión a los que se negaban a prestarles sus servicios.
Pero como en esta ocasión los perjuicios solamente los sufrían los
pobres que dependen del transporte público, ¡a joderse tocan! Al cabo
de los días han dictado un laudo que no ha satisfecho a ninguna de las
dos partes en litigio (bueno, a la patronal sí, aunque lo nieguen) y
aquí acabó el asunto.
"Como el mundo es redondo, el mundo rueda... Si algún día,
rodando, este veneno envenena a su vez, que no me culpen. ¡No puedo dar
más de lo que a mí me dieron!". Estudien a fondo los versos,
porque ese día puede no estar lejano, si es que hay justicia en el
mundo.
¡Qué ganas tengo de escribir un artículo en tono de humor y sin
ningún sarcasmo, se lo aseguro..!
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