Vidas en la carretera y otras "minucias"...

Todos los años por estas fechas nos aconsejan desde la pantalla del televisor que tengamos mucha precaución en la carretera ante la masiva avalancha de viajeros que huyen de las capitales, unos en busca de las playas y otros en pro de una devoción que no se sabe si raya en el folklore de las procesiones de Semana Santa o en un afán de jolgorio encubierto bajo las mismas. El caso es que el españolito que ha ahorrado cuatro euros a lo largo del año, o los deja a deber que ahora también es otra costumbre, sale de estampida de su casa en busca de descanso o penitencia, más bien en busca de ésta por las largas caravanas que padece. Las ciudades se quedan solas y los amigos de lo ajeno hacen su agosto en primavera a pesar de las recomendaciones que la policía no se cansa de hacer. Y el asfalto de las autovías, que de por sí ya suele estar lleno en los fines de semana, en estas ocasiones se atiborra. Y entre tanto automóvil y tanto conductor no acostumbrado a viajes largos y con impedimenta familiar molesta y peligrosa (niños, personas mayores, animales y bártulos), por muchas campañas preventivas que nos inculquen, estas vías se tiñen de sangre, querámoslo o no, por imprudencias, por fallos mecánicos o humanos y, principalmente, por el agobio de tanta circulación.
Siempre se nos recuerdan las cifras de víctimas de años anteriores, como queriendo apelar a la sensatez y mencionándonos el peligro real que implican estos desplazamientos. Pero siempre, luego, una vez transcurridos estos días, las estadísticas nos golpean ferozmente con sus números fatídicos. Pero parece que estas cifras no asustan ya a ninguno y, nuevamente, el próximo año volveremos a las andadas sin tener el menor recuerdo de las mismas. Solamente los familiares de aquellos que cayeron las tendrán aún en cuenta y no por mucho tiempo. "Eso no me puede ocurrir a mí", pensamos todos. "Sólo les pasa a otros y es que van como locos". Y sin más, tornaremos a arrancar el motor y a marchar en busca de unas alegres vacaciones. Muchos no volverán de ellas, ya se sabe, pero eso, como está dicho, siempre sucede al resto. Nosotros estamos por encima de cualquier percance.
No cabe duda de que la actuación de la Fuerza Pública, en un trabajo digno de elogio y con un sacrificio encomiable, evita muchas víctimas. Y la educación vial también surge su efecto. Si no, con el incremento del parque y con el deterioro de la red vial, (aunque se hable mucho de mejoras, no sé dónde se despilfarra este dinero), habría muchos más muertos que los que todos los años se originan. Pero a pesar de todo es una sangría insufrible en vidas, principalmente, y en caudales que se pierden en mil y un percances.
Mucho hablarnos de las víctimas del terrorismo, que sobrepasan ya los mil muertos, pero demasiado poco pregón se presta a esta otra peste que no por ser necesaria deja de ser menos cruel y perniciosa. La diferencia es que una atenta contra todo derecho y atañe a unos pocos y ésta es aleatoria y detenerla sería ir en contra de las libertades. Todos somos muy libres de montar en nuestro cochecito, llenar el depósito y lanzarnos a la ventura. Son miles de millones los que entran en las Arcas del Estado gracias a ello y, aunque tenga su sangrienta contrapartida, es inviable prohibirlo e impopular el hacerlo.
Así que volveremos a toparnos con esas estadísticas frías y patéticas y otra vez tornaremos a no darles importancia. Es ley de vida.
Y "otras minucias"... Dice la prensa que en uno de cada cinco hogares españoles no se alcanza el fin de mes. Se han publicado estudios y parece que hay Comunidades donde se llega mejor que en otras; donde hay menos pobres o más ricos. Y en algunas justamente lo contrario. ¡Pero qué mal repartido que anda el mundo! Yo debo vivir en una de ésas donde todos somos pobres; porque no ya a fin de mes, es que ni a mediados. Y no en un quinto de las familias sino en más alto porcentaje. Que se lo pregunten a la sufrida ama de casa que baja a hacer la compra y vuelve con el bolso vacío y la cesta poco llena, a ver si opina de igual forma. ¡Ya lo creo que sí, por muchas estadísticas que le muestren!
Yo, es que, en serio, esto de la economía y de los porcentajes y los repartos distributivos no lo entiendo apenas. Si un hombre se come un pollo y otro ninguno, la estadística dirá que entre ambos han consumido uno; luego, cada uno medio. Pero uno se nos muere de hambre y el otro engorda. De veras que no me cuadra. Tendría que haber estudiado Ciencias a ver si así me entraba en la mollera. Hay ejemplos con los que sí estoy más de acuerdo: Si una persona se fuma dos paquetes de tabaco y su compañero de despacho ninguno, tengan por cuenta que entre los dos se fuman dos paquetes; pero esta vez de verdad y sin metáforas, porque el no fumador se traga el humo de su amigo. Bien dicen que hay que repartir. Y conste que soy fumador empedernido. Pero trabajo solo y no perjudico a nadie.
No, no me salen los números por más que haga la cuenta de la vieja. Ni en los muertos en la carretera ni en las víctimas de atentados ni en los que se mueren de hambre. Será cuestión de hacerme con un ábaco y, volviendo a mi infancia, aprender a hacer sumas y restandos. Multiplicar ya es más cuesta arriba y dividir... ya lo tengo todo dividido. Incluso el corazón en mil amores.
Nos están haciendo un verdadero lío y les aseguro que no es culpa del euro ni de sus conversiones. Es que las cosas las presentan de una guisa que hay que ser Pitágoras para entenderlas. Y acaso me llamen cateto por ser incomprensivo. Pero muchos catetos juntos ya saben que suman bastantes hipotenusas...

 

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