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Diez años
después de un crimen execrable
Hoy se han cumplido diez años del
asesinato de Miguel Ángel Blanco, en Ermua, (Álava). Miguel
Ángel era un muchacho valiente y decidido cuyo único
"pecado" fue presentarse como concejal del Partido
Popular por su pueblo y, como tal, se convirtió
automáticamente en un objetivo de la banda terrorista ETA.
Objetivo que buscaron y que lograron alcanzar a su entera
satisfacción esos canallas asesinos.
Muchas han sido las personas inocentes asesinadas salvajemente
por los etarras y todas merecen idéntica consideración. Pero
la muerte de Blanco, dadas las especiales circunstancias que en
ella se conjuntaron, tuvo una especial relevancia. Durante dos
días ETA tuvo en jaque a todo el Estado Español, exigiendo
unas condiciones para no llevar a cabo la ejecución del
prisionero imposibles de ser acatadas por ningún Gobierno. Y
como no le fueron concedidas, procedió a realizar el asesinato
más cobarde y criminal que puede darse: Puesto de rodillas, y
de espaldas, le asestaron dos disparos en la nuca. ¡Cobardes!
La muerte de Miguel Ángel Blanco significó un cambio radical
en la actitud del pueblo español respecto a su desprecio por la
banda terrorista. Ese crimen alevoso conmovió a toda España y
a todos los ciudadanos, fuesen del signo político que fuesen.
Nos obligaron a darnos cuenta de que no se trataba de unos
guerrilleros de la libertad sino tan solamente de una pandilla
de facinerosos. No es que la muerte de otros ciudadanos, -
civiles, militares, miembros de las Fuerzas del Orden Público
-, no nos hubieran delatado ya la entraña criminal de la
organización terrorista; pero la salvajada cometida en la
persona del concejal de Ermua nos hizo comprender para siempre
que estábamos inmersos en una guerra sin cuartel y no en unos
meros actos de terrorismo, por muy vandálicos que estos fueran.
La verdad es que todos albergábamos la esperanza de que ETA no
cumpliera su amenaza, pero en el fondo de nuestras mentes no
estábamos tan seguros de que así fuese; mas la ilusión es lo
último que se pierde y confiábamos siempre en ellos. Es muy
diferente amenazar a cumplir tan torpes designios. Pero en este
caso no hubo vacilación por parte de esos canallas. Igual que
habían atentado alevosamente con coches bomba contra inocentes
jóvenes guardias civiles y contra casas cuartel del Instituto
Armado, después del terrible atentado de Hypercor años antes,
tampoco esta vez les tembló el pulso. Y volvieron a matar.
Recuerdo aquella tarde de sábado como si fuese la de hoy mismo.
Y supongo que a muchos nos ocurrirá lo mismo. Aquella noche
celebrábamos una fiesta en el pub de mi propiedad, con la
actuación de unos muchachos amigos que contaban cuentos, y me
había quedado sin la bebida suficiente. El almacén donde
habitualmente compraba se hallaba cerrado, así que tuve que
acudir al establecimiento de El Corte Inglés cercano a mi
domicilio. Como tenía aparcado el coche a medio camino de mi
casa y del establecimiento comercial, decidí acudir andando. Me
pasé en mis compras y la carga pesaba demasiado. Para colmo, en
aquel instante me sentí atacado por unos vértigos que por
entonces padecía; así que me detuve un instante en el interior
del supermercado, a ver si me mejoraba, y fue entonces cuando me
enteré de la noticia del crimen a través de los televisores
allí instalados. Telefoneé a mi hijo para que acudiera a
buscarme con el automóvil, pero como periodista en ejercicio
que era en aquellos momentos me respondió que tenía que salir
de inmediato para la Redacción del periódico donde trabajaba.
Me armé de valor, pensé en que más habría sufrido el
pobrecillo joven asesinado y como pude - muy a duras penas -
conseguí llevar la mercancía hasta donde estaba el coche
aparcado. Luego, ya me restablecí totalmente.
Aquella noche, cuando los artistas llegaron al pub mantuve una
tensa charla con ellos. Por mi parte estaba decidido a suspender
la velada festiva y que fuera como una noche más de sábado.
Ellos también opinaban de igual forma, pero de repente tuvieron
una férrea reacción y aseguraron que actuarían precisamente
por esos dos motivos: Por no rendirse ante las exigencias de
unos asesinos y como homenaje al asesinado.
Y la función se celebró en medio de un ambiente de tristeza.
¿Qué se ha conseguido desde entonces? Aparte de la detención
de muchos de los miembros de ETA, que se siga ignorando - o
queriendo hacernos ignorar - que ésta es una guerra sin
cuartel. Incluso, con el actual Gobierno Socialista, se han
llegado a celebrar reuniones con los asesinos para buscar una
paz imposible. Pero desde luego que ha sido en vano. La
canallesca y bárbara organización solamente busca un fin y,
para conseguirlo, si ha de acabar con la vida de muchos Miguel
Ángel Blanco no vacilará.
Entonces se inventó el célebre eslogan de: - ¡Basta ya! Pero
parece que no será bastante hasta que no se les concedan todas
sus peticiones o seamos nosotros, el pueblo español, quien
acabe de una vez por todas con ellos.
¡Basta ya! Eso digo y deseo, y así acabo. Que Blanco descanse
en paz y que su muerte no haya sido del todo inútil. Si a él
le robaron la vida, que al menos a nosotros nos devuelvan la
esperanza.
¡Hasta pronto!
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