El Borreguito Azul

Así se llama la guardería madrileña donde niños de corta edad eran sometidos a tratos vejatorios más o menos similares a los que sufren los prisioneros de la guerra de Afganistán en Guantánamo. Con la diferencia a favor de estos de que ellos no tienen que pagar la factura a final de mes, mientras que los papás de los infantes sí; y además, al principio de los corrientes.
El Borreguito Azul, dulce nombre pero extraño color para el descendiente de los cabronazos con pintas que han dirigido ese negocio y para las mal nacidas de las "profesoras" o monitoras que han atormentado a las criaturas. Para el nefasto político que ha permitido esa conducta; y, ¿por qué no?, para el desaprensivo director de la Cadena de televisión - Tele 5 - que conociendo los hechos ha tardado dos meses en denunciarlos a la opinión pública. A mi entender, y en esta ocasión no diré modesto porque me enorgullece ser dedo acusador de todos ellos y lo único que lamento es no ser el juez que lleve el caso, todos estos individuos tienen parecida parte de culpa. Unos, por autores del delito; y el pertinente Consejero de Educación por su enorme falta de control. Y el medio de comunicación, por retener la información. Si, según el vigente Código Penal, el encubrimiento de un crimen merece el mismo castigo - por encubrimiento - ya puede estar orgullosa doña Mercedes Milá que ha aguardado el momento más propicio para su índice de audiencia para divulgarlo.
Y me importa un bledo que cualquiera de los mencionados me pusiera una querella por difamación. Ya que lo mismo, al ganársela, me hacía famoso, célebre y millonario; ya que la que les iba a interponer yo no iba a ser chica.
¿Y qué van a hacer los padres de esos niños que han sido cruelmente vilipendiados? Lo ignoro; pero, con el pasotismo que rige en la sociedad actual, no me extrañaría que se estuviesen quietos. ¡Dios no lo quiera!
Recuerdo que, teniendo unos 37 años, mi hija de 12 fue obligada por una profesora que Satanás confunda a lavarse la boca con jabón por haber dicho la palabra "puta". La niña vino llorando a casa y nos contó lo sucedido.
A la mañana siguiente me presenté en el colegio a hablar con la directora, le relaté el caso y le rogué que compareciese la mencionada y tan amante de la limpieza - al parecer - maestra. Serenamente, le expuse mi más vehemente protesta con estas palabras textuales: - Otra vez que mi hija haga o diga algo que considere usted indebido, no dude en darle una torta. Tiene usted mi permiso, siempre que esté suficientemente motivado. Pero no vuelva a humillarla de esa manera delante de sus compañeros, porque soy capaz de cualquier cosa.
Y me salió respondona: - Yo no pego nunca a un niño. -.
- ¡No! -. Respondí. - ¡Hace usted algo peor! ¡Le tortura psicológicamente, que es más grave! Porque una bofetada se olvida y no deja huella. El jabón limpia la boca, pero deja un sabor inolvidable en el alma. ¡Lástima que no sea usted un hombre para obligarle a hacer lo mismo!
- ¡Se lo diré a mi marido! -. Me aseguró.
- Hágalo, se lo ruego. Sería una enorme satisfacción para mí.
Por supuesto que jamás supe nada del susodicho esposo. Y bien que me quedé con las ganas de contemplarle la cara de cerca, pero debió ser más cabal que la loca de su mujer.
Existen delitos y delitos. Pero cuando se cometen contra la persona de un ser indefenso como es un niño, en mi opinión son imperdonables.
Se ha descubierto en la Red una página web que era un cebo para descubrir pederastas. Se ofrecía una muñeca hinchable de ésas, pero con la apariencia de una niña de 12 años. ¡Pues no vean la cantidad de aspirantes a compradores que se registraron! ¡Malditos cerdos!
Ignoro cuál es su parecer, pero el mío es que estos sujetos y todo aquél que veja a una criatura no debería ser condenado solamente a unos años de cárcel; sino colgado directamente por los huevos sobre una zanja rellena de carbones ardiendo.
Perdónenme si soy demasiado brusco, pero lo escribo como lo siento.
¡Hasta pronto!

 

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