Ni roja, ni amarilla

A la soldado Idoia Rodríguez Buján no tenían por qué haberla concedido ninguna medalla militar al valor; ni con distintivo rojo, ni con distintivo amarillo. No hubiese habido necesidad de ello si nuestros políticos no estuvieran empeñados en mantener unas tropas en un sitio donde nada se nos ha perdido. Idoia hubiera sido, de no ser por esos manejos más mercantiles que otra cosa aunque nos los intenten disfrazar como convenios internacionales de cooperación humanitaria, una esposa feliz y madre sin duda de unos hijos maravillosos. Ahora es, simplemente, la primera mujer soldado española muerta en acción de guerra.
Porque, a juicio de cualquiera que tenga dos dedos de frente, una acción donde los militares llevan armas cargadas con munición reglamentaria y si se ven atacados tienen que repeler la agresión, no tirando precisamente confetis, es una acción de guerra. Y dejémonos de eufemismos: A construir hospitales y escuelas se va con palas y azadones y no armados hasta los dientes. Si es así es que, efectivamente, existe peligro. Los médicos y voluntarios que prestan sus servicios en otros países en conflicto no van armados. Si son agredidos, es que son asesinados; pero una tropa entrenada y capaz de defenderse se halla en una situación bélica y dejémonos de monsergas. Es de suponer que si los carros blindados que iban delante y detrás del que conducía Idoia hubieran divisado a los causantes de la explosión hubieran actuado contundentemente. Luego eso es una guerra abierta, por más que traten de convencernos de lo contrario.
¿Y qué se le ha perdido a España en aquellos parajes? ¿Qué clase de compromisos nos obligan a enviar a nuestros jóvenes a morir en ellos? Seamos sinceros: ¡Puramente económicos! Yo te regalo la sangre de mis soldados a cambio de que tú me des... ¿Lo qué?
El policía que muere luchando contra un delincuente lo hace en defensa de sus conciudadanos y de unas leyes vigentes. ¿Por qué conciudadanos y en defensa de qué leyes mueren nuestros soldados en tierras extranjeras? Que me lo expliquen.
El hecho de que nuestra Nación se vea obligada a intervenir en unas guerras civiles totalmente ajenas a nosotros, ¿a qué es debido? Pues no les quepa la menor duda: A que alguien o algunos sacan provecho económico de ello.
Ahora ya no sirve discutir si la medalla tuvo que ser roja o amarilla. Una bandera roja, amarilla y gualda cubre el lujoso ataúd de Idoia; cuando ella hubiera deseado, solamente, una modesta vivienda donde ser feliz junto con su novio.
En homenaje a ella, estos versos:



Idoia, bella mujer,
¿qué explicaciones me dan
del porqué moriste ayer
en tierras de Afganistán?

¡Gallega tenías que ser
pues en el orbe mundial
demostrasteis por doquier
ser una raza cabal!

En guerra fuiste a caer,
negarlo nadie es capaz.
Recibe mi honor postrer,
Idoia... ¡Descansa en paz!

¡Hasta pronto!

 

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