La foto de la discordia (2)

Que me disculpen todos aquellos que leyeron mi anterior artículo sobre el asunto de las fotografías de De Juana Chaos, pero está visto y comprobado - y perdonen mi arrogancia - que este humilde villano tiene de gilipollas lo justito y necesario. O sea, nada. Podré adolecer, y de hecho adolezco, de mil y uno defectos más; pero del de la estupidez integral que demuestran muchos de nuestros políticos, no.
Nos informan ahora, a toro pasado, de las condiciones de seguridad que goza el asesino etarra. E insisto en decir de las que goza y no a las que está sometido, porque a cualquiera de nosotros puede ocurrirle cualquier accidente; que nos atropelle un automóvil yendo por la calle o, incluso, que nos parta un rayo. A él, ni siquiera eso.
Por lo que nos informan, se halla en una habitación de 8 metros cuadrados, como en las que dormían mis hijos, con su climatización correspondiente - mis hijos no tenían aire acondicionado - y la estancia y manutención, si quisiera comer, corren por cuenta del Tesoro Público. Y la asistencia médica y los medicamentos, también; aspectos todos ellos que yo tuve que pagarles a mis hijos a costa de trabajar como un burro.
Para más detalles, nos enteramos de que su novia duerme a su lado en una cama que han dispuesto para ella y entra y sale de la habitación cuando le da la gana sin ser cacheada. Vamos, que mucho me temo que la extrema delgadez de De Juana se debe a que sigue la llamada dieta del cucurucho. Ya saben: Comer poco y de lo otro mucho. Porque, para más colmo, las cámaras de vigilancia interior ¡LLEVAN ESTROPEADAS VARIOS MESES!. Lo cual convierte lo que debiera ser una prisión hospitalaria en un nidito de amor para la pareja, la cual puede holgar a sus anchas y hasta colgar el cartelito de NO MOLESTEN.
Para mayor incongruencia, De Juana, que aparece en la foto al borde de la muerte, ¡sí puede levantarse y salir al pasillo a efectuar llamadas telefónicas! Vamos que, parodiando el Tenorio: Los muertos que vos matáis gozan de buena salud.
Al parecer se confirma, según deduje, que no hubo entrevista ni periodista inglés ni nada de nada. Las fotos fueron tomadas por su novia y sus abogados el día 1 de febrero con un teléfono móvil, según fuentes policiales, y remitidas al diario londinense; donde los hijos de la pérfida Albión, que no pierden ocasión de poner a España en entredicho, las publicaron y difundieron.
¿Y si se sabe que se tomaron ese día, cómo es que no se impidió que las divulgaran? Lo dicho: Un golazo como el que le marcó Iniesta a Inglaterra la otra noche. Se ve que los británicos se temían la derrota futbolística y nos quisieron hacer daño por anticipado, para vengarse.
No he comentado que De Juana se rapó el pelo para posar en las fotos, a fin de causar más lástima. Ni que solamente se le ata a la cama cuando intentan obligarle a comer y para ser medicado. El resto del día tiene las manos libres para tocarse lo que quiera o para acariciar a su novia. Total, que el gran cabrón y quienes le han ayudado han montado una farsa de tres pares de narices y les ha salido bien.
Los sindicatos policiales piden ahora la dimisión de los responsables de Interior que han permitido las deficiencias de seguridad. Deficiencias sobre las que no quiero abundar porque son inconcebibles. Entre otras, en el suelo de la habitación existen tapajuntas metálicos de los que podría valerse el reo para agredir a los agentes o para autolesionarse. Y hasta dispone de medios para ahorcarse. La lástima es que no lo haga. Pero mejor así, luego dirían que "se le había suicidado".
¿Saben qué van a conseguir esos sindicatos con su petición de dimisiones? Que los agentes que le vigilaban sean sancionados. ¿Pero que dimita un alto cargo? ¡Ni en sueños!
Recuerden ustedes aquel dicho de la época franquista que aseguraba que: EN EL CAMINO DE EL PARDO, Y A LA PUERTA DE SU ERMITA, HAY UN LETRERO QUE DICE: ¡MARICÓN EL QUE DIMITA!
Ese verbo no existe en España para nadie que ocupe un alto puesto. La Real Academia Española de la Lengua tendría que sacar una nueva versión de su Diccionario donde recogiese la siguiente acepción: Palabra harto obsoleta y de poco uso, por no decir de ninguno.
En definitiva que, como vaticiné, nos la han metido doblada. Y ya no sé si desdecirme de mis palabras de que me daba lástima, a pesar de que intuía que era una comedia, o seguir afirmando que el asunto me deja un amargo regusto en el cuerpo como si fuese el mismísimo responsable del holocausto judío.
Me tomaré una infusión de manzanilla, a ver si se me arregla el estómago...
¡Hasta pronto!

 

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