La foto de la discordia

Y de repente se ha dado el caso, (como en el célebre y viejo pareado de "la primavera ha venido, nadie sabe cómo ha sido), de que el diario londinense The Times ha publicado unas fotografías realizadas durante el transcurso de una entrevista con el asesino etarra De Juana Chaos. Según el Ministerio del Interior, este entrevista no fue autorizada en ningún momento; y, que se sepa, ningún periodista inglés ha tenido acceso al terrorista en el hospital donde se halla internado por su huelga de hambre.
Es hasta muy posible que dicha entrevista, dadas la estrictas medidas policiales que rodean al susodicho preso, ni se haya producido; y que ningún periodista inglés se haya acercado a él. Poner en boca de De Juana Chaos unas palabras harto conocidas y que se pueden leer en cualquier hemeroteca es sencillísimo; basta con escuchar sus manifestaciones durante el juicio. Pero las fotografías están ahí y ésas no son un montaje.
¿Cómo y quién las ha conseguido, partiendo de la base de que se asegura que solamente le han visitado su novia, sus abogados y un grupo de escritores vascos? Obviamente, y salvo que en los próximos días un desconocido reivindique su autoría y la demuestre, - con lo cual dejaría en el más inmenso de los ridículos a nuestras Fuerzas de Seguridad -, las fotos han tenido que ser tomadas por alguno de los visitantes mencionados y valiéndose de una sofisticada cámara de las que hoy en día existen; o, incluso, de un teléfono móvil. Aunque la calidad parezca demasiado buena como para haber utilizado este último sistema.
Pero el hecho es que se han tomado, se han publicado en el periódico de Londres y, desde allí, en todo el mundo.
No cabe duda de que De Juana es un asesino convicto y confeso y que además no se arrepiente de sus crímenes, por lo cual no merece la menor misericordia. Aparte de que si se encuentra en ese estado es por su propia voluntad. Nadie le ha obligado a hacer huelga de hambre, sino que él solito ha decidido poner sus cojones encima de la mesa y ha afirmado que llegaría hasta el final si era preciso. Para más INRI, en las fotografías aparece totalmente calvo cuando durante el juicio no lo estaba. No sabía yo que por no comer se le cayera el pelo a nadie. Y un hombre de su estatura, pesa ya menos de 45 kilos. Con lo cual, queramos o no, nos encontramos ante una imagen como las que nos enseñan de los campos de exterminio nazis. Y esto, por muy canalla, asesino, criminal y todos los calificativos que se le quieran aplicar, conmueve los corazones más duros salvo que se tenga una piedra en lugar de dicho músculo cordial.
A De Juana, en el juicio, se le veía como un gran cabrón al que con gusto más de uno hubiera colgado por el cuello o por donde más daño le hiciera. Ahora, viéndole en esas fotografías, - calvo, convertido casi en un esqueleto y atado de pies y manos a la cama hospitalaria -, hasta puede inspirar lástima.
¿Cómo ha consentido el Gobierno que le metan ese golazo por toda la escuadra? ¿Es que no hubo nadie que previera lo que podría suceder y las consecuencias que acarrearía? A cualquier ciudadano, cuando entra en unas dependencias oficiales, se le controla todo lo que lleva encima. En un Juzgado no se puede entrar una grabadora de "extranjis". Las imágenes que toma la televisión tienen que estar precedidas de una autorización... ¿Cómo demonios se explica entonces que, sabiendo lo que podría suceder si se le tomaban unas fotografías al etarra en tal estado, no se previno el caso? ¡Inconcebible!
Es de suponer que este grave error le cueste el puesto a alguien. Pero seguro que será a los pobres funcionarios que se encontrasen de guardia y no a quienes no les dieron las pertinentes, exactas y precisas instrucciones. Es decir: A sus jefes. Y, remontándonos, al mismísimo Ministro del Interior, al señor Pérez Rubalcaba. El cual es, sin duda, el miembro más inteligente de este Gobierno; pero quien, en esta ocasión, ha cometido la estupidez más grande de toda su vida. Y que no nos venga ahora con que ha sido un fallo humano de los agentes; porque estos pueden tenerlo, efectivamente, pero el error es del ministro. Cuando un edificio se derriba, la culpa no es del peón que puso los ladrillos sino del arquitecto que diseñó mal el proyecto.
¿Qué quieren que les diga? Sigo considerando que De Juana Chaos es un cabrón asesino. Pero, después de ver esas fotos, ganas me dan hasta de pedir clemencia para él. Y supongo que como a mí, a muchos.
Si solamente nos hubiesen informado dentro de un tiempo de que había muerto por voluntad propia, probablemente hubiéramos dicho: - Un hijo de puta menos en este mundo.
Ahora se nos quedará un cuerpo de matarife de las S. S. Lo cual no me agrada lo más mínimo.
Como español que soy, lamento mucho tener que decirlo; pero me temo que el Gobierno, - y por tanto, España -, ha perdido este pulso. Si después de lo visto se consiente que De Juana muera, seremos mal vistos por todo el mundo mundial. Menos por los ojos del señor Bus, naturalmente; que a ése lo de acabar con los terroristas, sea como sea, es que le encanta.
¡Hasta pronto!

 

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