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Sin pene y sin
gloria
Sé sobradamente que hay temas de actualidad
mucho más importantes sobre los que escribir: La ruptura de la tregua
por parte de ETA, con dos muertos ocasionados por el brutal atentado en
Madrid; las ejecuciones en Irak de Sadam y sus secuaces... La violencia
diaria en dicho país y muchos más etcéteras. Pero me voy a quedar con
uno que lo mismo ha pasado sin pena ni gloria y no habrá sido recogido
por muchos medios de comunicación, pero que para el afectado puede
tener más importancia incluso que la muerte y que nos da idea de a qué
extremos de locura puede llegar una persona.
Dijo alguien, y si no lo dijo nadie me lo invento yo, que la mitad del
mundo está medio loco y la otra mitad no le va a la zaga. Y esta idea
no se aparta mucho de la realidad. La vida actual, con sus agobios y sus
prisas, altera en un determinado momento las facultades mentales del
más pintado y eso nos ha ocurrido a casi todos alguna vez. Incluso, ¿y
por qué no?, a un cirujano; por mucha fama de inalterables que estos
puedan tener.
Rumanía. La noticia no indica en qué ciudad ni qué día ha sido, pero
el caso es que un señor, (tampoco se menciona su edad), entra en un
quirófano a que le operen de una malformación testicular. El cirujano,
por error, le corta el conducto urinario y es presa de un ataque de ira
y de nerviosismo. El mejor cirujano del mundo puede tener un error, pero
la reacción de este facultativo fue inaudita: En vez de lamentarse e
intentar arreglarlo en lo posible o proseguir su trabajo para el fin que
lo había comenzado, ante la sorpresa horrorizada de sus ayudantes,
procedió a amputar el pene del paciente; lo colocó sobre la mesa de
operaciones y se dedicó a seccionarlo como si de rodajas de chorizo se
tratara. Lo que hizo después, si fue a emborracharse para olvidar lo
que había hecho o si se suicidó ante la que se le podía venir encima,
ya no lo dice el periódico.
Se me podrá argüir que hay cosas peores que pueden ocurrirle a uno,
que el pene no es imprescindible para que un varón siga viviendo; que
muchas veces tiene que ser amputado por padecer en él una grave
enfermedad. ¡Pero maldita la gracia que tiene que entres más o menos
sano a un quirófano y que salgas peor! Y, encima, con recochineo. Lo de
comparar un miembro viril con un salchichón e irlo cortando en
rodajitas es onírico.
La pérdida traumática de un miembro es siempre muy importante y puede
afectar profundamente al estado psiquiátrico de quien lo sufre. Pero
tratándose de un error y de una parte tan característica de un varón,
se pasa de la raya.
Una mujer a la cual tienen que extirparle un pecho ante la amenaza de un
cáncer ya sufre lo suyo y en ocasiones tiene que seguir tratamiento
psicológico para vencer ese complejo. Y, al fin y al cabo, es sólo un
signo de belleza; una forma de llamar la atención del macho, pero no
cumple ninguna función imprescindible para vivir.
Una pierna o un brazo sí son necesarios, pero actualmente existen
prótesis que permiten al traumatizado llevar una vida más o menos
decorosa. Ya me contarán qué clase de prótesis van a colocarle a este
individuo; como no sea un trozo de aquel chorizo de Marmolejo... Ya
saben, aquél cuyas tres primeras rodajas no llevan pellejo. Además, en
la mayor parte de los casos, las lesiones que requieren amputación
suelen ser traumáticas y provienen de accidentes y no de
equivocaciones.
Por último, me podrán decir que peor es el caso de quien es
intervenido para una fruslería y muere en el curso de la operación.
Aparte de que he vivido el caso en mi familia, a una prima mía la
operaron de bocio y no resistió la anestesia, al que se muere le
entierran y Santas Pascuas. Pero no se le obliga a vivir el resto de sus
días en las circunstancias que todos imaginamos y que más que a la
lástima incitan a burla y a chacota.
Junto a esta noticia, en el mismo periódico, leo otra sobre otro
cirujano, esta vez en Brasil, que operó también por error la pierna
sana de un paciente. Pero luego operó la enferma. El enfermo dice que
ahora le duele más la sana que la mala, pero ya curará. El del pene,
como no baje San Agapito y ejerza un milagro...
Conclusión: Nadie sabe dónde la tiene ni cuándo le llegará la
muerte. Pero es conveniente rezar para gozar de salud y no caer en manos
de cualquier matasanos estresado.
Los médicos no son dioses y no pueden curar lo inevitable; pero sí son
los únicos profesionales, junto con los políticos, que entierran sus
errores. Pero hay algunos políticos que van a la cárcel o, incluso,
los cuelgan.
¡Hasta pronto!
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