Crispación

Como dijera en su día el Presidente del Gobierno de UCD don Adolfo Suárez, puedo prometer y prometo que jamás desde el 77 había observado tanta crispación y tanto desasosiego entre la clase política española. Tanto rencor y tanto odio; tanta locura y tanta gilipollez por ambos lados. Eso, considerando solamente a los dos Partidos mayoritarios; que si miramos los entresijos de aquellos otros nacionalistas la cosa ya rayaría en el esperpento.
Lo plausible en Política es tratar de ser mejor que el oponente. Y si se está en la oposición es lógico y totalmente correcto señalar los errores de quienes ostentan el mando. Pero señalarlos y apuntar a la vez las soluciones que deberían tomarse y que llevaría a cabo quien acusa. Descalificarse sin más los unos a los otros, decir que todo lo que el contrario realiza es malo, convertir la hermosa y tan ansiada lucha política democrática en una trifulca tabernaria, sinceramente dice muy poco a favor de todos ellos. Y a eso es a lo que hemos llegado. O, para ser más exacto: A eso es a lo que han llegado todos nuestros politicastros.
Y es que no salvo ni a uno. Y lo malo no es que no los salve yo, que carezco de mucha información y cada día leo menos la Prensa porque ya me aburre. Lo peor es que las encuestas realizadas por Organismos de solvencia así lo predican: Ni uno sólo de nuestros ministros, incluido el Presidente del Gobierno, logra aprobar en su gestión según la opinión de la ciudadanía. Ni tampoco sus opositores. Y aquí no existen los exámenes de septiembre. Se suspende directamente y se repite el curso. O abandona los estudios, porque no se sirve para ellos y se coloca uno de aprendiz en un taller de cualquier cosa para aprender bien un oficio.
Hace bastante tiempo escribí un artículo en el que afirmaba que uno de los requisitos para ser ministro debía consistir en tener menos inteligencia de lo normal. Pues parece que este requisito debe seguir siendo indispensable, a la vista de las circunstancias. No importa para nada que una persona no dé la talla que su cargo le exige; lo primordial es que sea fiel y adicto al Partido. Siendo así, hasta el más tonto es útil.
Por dicha razón, cada vez observo menos interés en los temas políticos por parte de los ciudadanos. A la gente normal, tanto a la clase trabajadora como a la dirigente, le traen sin cuidado las luchas intestinas de quienes en definitiva son quienes dirigen los destinos de nuestro país. Lo que desean los ciudadanos es poder vivir en paz, con el mayor bienestar posible dentro de las economías particulares de cada uno, y que les dejen de monsergas. Solamente aquellos paniaguados por parte de unos u otros Partidos pueden sentir preocupación, por si acaso pierden las gabelas de las que son beneficiarios.
Afortunadamente, gracias a la inteligencia de otro antiguo Presidente de Gobierno, el señor Calvo Sotelo, los militares españoles están plenamente integrados en la OTAN y sus compañeros extranjeros les han enseñado que solamente son unos simples funcionarios al servicio del pueblo que les ha prestado las armas para que les defiendan de enemigos exteriores. Igual que cualquier otro trabajador de cualquiera de los distintos Ministerios. En caso contrario, si estos generales de ahora continuasen pensando como sus antecesores de los siglos XIX y XX que eran "los salvadores de Patria" y los llamados por Dios para ejercer tal tarea de salvación, no sería de extrañar que tuviésemos otro 23 - F como ya lo tuvimos en 1981. Y es lo que algunos desearían.
Ayer, domingo día 3 de diciembre, leí en el mismo periódico una esquela dedicada a unos infortunados "por la horda roja" al servicio de la República Española en Paracuellos del Jarama. Pocas páginas antes, el entierro de unas urnas cubierta por la bandera republicana de personas fusiladas por el régimen franquista. ¿Se darán cuenta los actores de estos hechos de que aquella personas que nacieron en 1940 hoy tienen 66 años? Por idéntica razón, podríamos estar todavía hablando de los muertos en las Guerras Carlistas o en la de Sucesión de Felipe V. La mayoría de los jóvenes españoles ignoran, afortunadamente, aquellos tremendos sucesos y no tienen necesidad de que se los traigan a la memoria. Que piensen en el futuro, que es lo que importa, y no de las necedades del pasado.
Por fortuna, actualmente, aunque puedan existir militares que sientan en su interior idénticos deseos, saben que harían el ridículo más espantoso ante sus colegas de armas si se les ocurriese tomar cualquier iniciativa anticonstitucional.
Asimismo habrá que agradecerle a Felipe González que no nos sacase de dicha Institución Armada Europea, como en principio había asegurado haría si alcanzaba el Poder, para integrarnos en el Pacto de Varsovia. No hay duda de que aquellos políticos eran mucho más inteligentes y tenían más visión de futuro que los que ahora nos gobiernan.
Crispación... Sí, crispación de los políticos entre sí que puede originar una reacción que tendrían bien merecida: La total abstención del pueblo ante las urnas en los próximos comicios. Veríamos qué ocurriría si nadie votaba a ninguno de ellos.
¡Hasta pronto!

 

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