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Invasiones
Desde que el mundo es mundo y sobre él habita
la raza humana, siempre se ha producido una serie de movimientos
migratorios de unos pueblos hacia territorios adyacentes ocupados por
sus vecinos. La Historia así nos lo relata en sus Anales y aún antes
de que existieran estos por escrito.
El afán, lógico y natural, de toda persona era desplazarse a un lugar
donde pudiera vivir mejor y más fácilmente; pasar menos frío o menos
calor, hallar mejor comida y más abundante. Poseer tierra más fértil
que poder cultivar o encontrar cazaderos más abundantes en animales. En
definitiva: Llevar mejor vida.
Así, hasta la misma Biblia nos cuenta el viaje del "pueblo
elegido" hasta la Tierra Prometida por Jehová y su largo vagar por
el desierto hasta encontrarla. Y eso que estaban a poca distancia, pero
eso es harina de otro costal. También nos habla la Historia de los
movimientos migratorios de pueblos procedentes del Asia Central hacia
Europa. Y así ha sido siempre, no hay más que consultar los libros.
Si cuando se llegaba al territorio deseado éste se encontraba vacío de
otras gentes, pues aquí paz y después gloria. Pero si en él vivían
otras personas, unas veces, (las menos), eran bien recibidos y se optaba
por la integración y la convivencia pacífica. Y otras, las más, eran
recibidos a palos o con las armas que estuvieran en boga en esa época.
Y entonces ya se hablaba de invasión por un lado y de conquista por el
otro. Por ejemplo, a las fronteras del Imperio Romano, (que antes había
sido el conquistador), llegaron los llamados bárbaros. Aquellos que
prestaron obediencia al César y pagaron tributos fueron admitidos como
aliados. Y a los que no hicieron ni lo uno ni lo otro se les consideró
enemigos. Como esta postura fue la más frecuente, ya se lió la de Dios
es Cristo.
Dejemos ahora las guerras por motivos religiosos, que ése es otro
cantar; ciñámonos simplemente a las de expansión que, seguramente,
han sido las más abundantes y aun las más modernas. Yo llego a su casa
de usted y le pido albergue y, amablemente, me lo proporciona aunque sea
cobrándome un alquiler. A eso se le llama inmigración o emigración,
depende de cada parte. Pero si una vez dentro de esa casa donde se me ha
acogido amistosamente telefoneo a toda mi familia, amigos y a todo mi
paisanaje y aprovechándome de su buena voluntad les instalo a todos en
el domicilio de usted, eso es invasión. Así como suena.
Bueno, pues después de este largo preámbulo, si alguno de los que haya
sido capaz de llegar hasta aquí sigue dudando de que España está
siendo sometida a una invasión calculada, (que por ahora no es brutal
porque los que llegan vienen sin armas, porque no les interesa
traerlas), será cosa de pensar que opina como nuestro políticos, todos
sin excepción, y se da la misma poca cuenta de lo que está sucediendo.
Me considero cristiano en tanto en cuanto intento amar a mi prójimo
todo lo que puedo. Pero si ese prójimo que me da tanta pena por vivir
en peores circunstancias que las mías y en peor sitio, (según él
cuenta, que a saber...), me arrebata mi comida, mi puesto de trabajo y
mi espacio vital e intenta imponerme sus creencias, comienzo a dejar de
amarle y a considerarle mi enemigo. Y, al cabo, o termino por partirle
la cabeza o me la parte él a mí.
Llega un cayuco cargado con más gente de la que puede soportar y que
viene aterida, muerta de hambre e inspirando lástima: - ¡Pobrecitos!
-, y se les da una manta, atención médica, un bocadillo y un albergue
donde se encuentran a gusto. Y como los "invitados" no tienen
un pelo de tonto, en cuanto pueden telefonean o escriben a su primo, que
se ha quedado en Senegal, y le dicen: - Oye, que aquí no pegan, te
dan ropa, un bocadillo y te ponen inyecciones. ¡Vente! -. Y de esta
forma, con el desgobierno de unos y de otros, hemos llegado sin
percatarnos a la invasión en masa. Doscientos inmigrantes incontrolados
por semana suman varios miles al cabo de un año. Y, oigan, que los que
nos enseñan por televisión no son negros desnutridos y famélicos,
salvo las fatigas pasadas durante el viaje, sino verdaderos guerreros
mandingas, tan fuertes y atléticos o más que los Guardias Civiles que
les recogen. Como además parece que se reproducen más fácilmente que
nosotros, de aquí a 50 años preveo una España con un predominio
insospechado de habitantes de color. Y a ellos habrá que añadir los
que llegan cada de los países del Este, de Hispanoamérica y ya, para
colmo y según noticias muy recientes, de Pakistán y de la misma China.
Total, que de la raza celtíbera que era la predominante en España van
a quedar cuatro gatos; si es que quedan.
Termino haciéndoles y haciéndome una pregunta muy simple: ¿Qué
ocurriría si esa misma situación se la plantearan a Francia, a los
Estados Unidos de Norteamérica, (en los cuales es notorio que la
Policía de Fronteras muele a palos a los "espaldas mojadas"
mexicanos), o a Alemania? Pues les daré una posible respuesta. En el
caso de Francia, seguramente plantaba dos compañías de paracaidistas
en Dakar y secuestraba al Gobierno senegalés hasta que dejara de
enviarle cayucos. Y en el caso de los yanquis, conociendo la paranoia
del Presidente Bus, no quiero ni pensarlo. Los alemanes les ponían a
trabajar 18 horas diarias inmediatamente, sin más historias.
Mientras, nosotros, con PSOE o con PP, aquí estamos: Siendo el
hazmerreír de Europa y del mundo entero.
¡Benditos aquellos tiempos de Felipe II, en los cuales no se meneaba
una mosca si no llevaba el escudo de Castilla grabado en sus alas!
Hasta pronto.
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