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Tragicomedias
Este extraño mes de agosto está siendo
singular por diferentes sucesos, unos trágicos y otros cómicos. Y lo
denomino singular porque, después de un tórrido julio, parece como si
ya estuviéramos a finales de septiembre; que hay sitios donde hace un
frío que pela. Pero es de antiguo el refrán de "Agosto, frío
en rostro"; luego algo habrá de verdad en ello.
¿Tragedias? Aquí, en casa, los devastadores incendios en Galicia. No
sé por qué todos los años se producen en esa Comunidad Autónoma
exclusivamente. Ni un metro fuera de ella. Los originados en otras
regiones pueden ser fortuitos, pero en tierras gallegas forman ya parte
del folklore autóctono. Aunque, al parecer, este año se les ha ido la
mano a los incendiarios: - ¿Por qué incendia usted el monte? -.
Le preguntaron al bombero pirómano. - Para tener trabajo. -. Fue
la excusa. Igual que si los enterradores se dedicaran a asesinar gente
para tener fosas que cavar. Y mientras Galicia arde, en Sudán se mueren
de sed. ¡Paradojas! ¿Qué estamos haciendo con el mundo?
La otra gran tragedia es la guerra en Líbano. No quiero, de momento,
entrar a juzgar la actitud de los israelíes porque habría que escribir
un tomo más grande que la Biblia que un amigo mío se ha propuesto
pasar a versos endecasílabos, (ardua tarea), pero la verdad es que
matar pulgas a cañonazos me parece excesivo. ¿Que tienen todo el
derecho del mundo a defenderse de los ataques de los guerrilleros? ¡Por
supuesto! ¿Pero a invadir un país extranjero para hacerlo? ¡Ninguno!
¿Qué sucedería si los militantes de Hizbulá se alojasen en el
corazón de la Selva Negra, en Alemania? ¿También invadirían a los
germanos y de paso ajustaban cuentas de cuando lo del III Reich? No se
lo creen ni ellos. Se me podrá argumentar que Alemania no permitiría
la existencia de una guerrilla dentro de sus fronteras... Y, lo dicho,
la Biblia se nos quedaba pequeña para tantas argumentaciones y tantas
respuestas.
Y vamos con las comedias. La principal y más importante, a mi entender,
es la del señor Duran Lleida, de CiU, al proponer que los inmigrantes
que quieran votar en las elecciones catalanas tengan que pasar
obligatoriamente un examen de que conocen perfectamente ese idioma y son
expertos en la Cultura y las costumbres de dicho "país". O
sea, el andaluz que con su trabajo y sus impuestos ha contribuido a
levantar la economía catalana pero sigue diciendo: - ¡Ozú! - y
- ¡Mi arma! - y baile por tarantas pero no la sardana, ése
será un paria en Cataluña. Imagino que a los jubilados alemanes y de
otras naciones de Europa, que han invertido sus ahorros en la Costa
Brava, a esos no les exigirán tal requisito; porque, entonces, las
inmobiliarias no iban a dar abasto ni tendrían dónde vender tanto
apartamento rechazado por sus dueños que querrían marcharse de donde
no son queridos. Y si un catalán es sordomudo y analfabeto, que sin
duda los habrá, otro tanto de lo mismo.
¿Conocer el folklore y las Artes de su "país"? ¿Cuántos
madrileños habrá que no hayan leído en su vida a Calderón de la
Barca, a Quevedo ni a Lope de Vega, ni escuchado la música de un
organillo y, además, no sepan bailar el chotis? A esto último me
apunto personalmente porque, por muy castizo que sea, a mí eso de no
salirme del ladrillo como que no me va. Tampoco podría votar a mi
Alcalde entonces, aunque le cantase La verbena de la Paloma. De
verdad, señores, esto es para ir a mear y no echar gota.
Tengo entendido que van a instaurar el carné de catalán por puntos. Al
que al contestar al teléfono no responda: - Diguim -, tres
puntos menos. Y así, hasta que se le agote y se convierta en apátrida.
Ignoro cómo se dice gilipollas en ese idioma romance, (si alguien
puede, que me lo diga), pero yo se lo digo así, ¡gilipollas!, en
castellano, a Duran Lleida y seguro que me entiende y me quedo tan a
gusto.
Espero que Galicia no siga el ejemplo y quien no haya leído a Rosalía
de Castro sea expulsado también. En Vascongadas tampoco creo que se dé
el caso, porque se quedarían solos los menores de treinta años y los
habitantes de los caseríos. El capital, que ése sí habla en
castellano y no entiende el eusquera, se iría y a ver quién ponía los
millones.
Otro aspecto cómico, ya metidos en el País Vasco, son sus pretensiones
de que no se persiga y se juzgue a los etarras y sus amenazas de romper
la tregua si eso no se cumple. Es decir, hay que tratar con benevolencia
a un asesino pues, en caso contrario, sus correligionarios te pegan un
tiro? ¿Qué clase de tregua es ésa entonces? Será mejor tomarlo a
risa, porque si no es para echarse a temblar.
Y ya termino con la comicidad del negocio del carné de conducir por
puntos. Resulta que cada punto se vende a través de Internet a 250 €
como mínimo. O sea, a mí que acabo de renovarlo y por lo tanto me lo
van a entregar virgen e impoluto pero hace dos años que no conduzco y
no tengo muchas intenciones de volver a hacerlo se me ocurre la genial
idea de venderle mis puntos a un camionero o a un taxista para quienes
conducir es su medio de vida. Yo seré un "conductor modelo"
que no cometerá infracciones porque mi trabajo no me obliga a conducir.
Y ellos, unos desalmados que se pueden ver obligados a cometerlas si
quieren comer.
Acabo de proporcionarles un sobresueldo a los ministros y demás altos
cargos: Como ellos tienen coche oficial con conductores oficiales, que
les vendan sus puntos para que los puedan seguir paseando.
Lo dicho, para partirse de risa si no fuera porque piensa uno en los
inocentes niños muertos en el Líbano. ¡Así es la vida!
Para otra semana dejo lo de la invasión que estamos sufriendo con los
cayucos. Eso sí que es una marea negra y no la del Prestige.
¡Hasta pronto!
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