Este año, ni carbón

En mi niñez, hasta que no cumplías los nueve o diez años vivías ilusionado la Noche de Reyes porque de verdad te creías que los tres Magos iban a venir a dejarte los juguetes. Recuerdo que mi abuela, de la cual heredé el nombre y que era tan villana como yo pero más castiza, nos limpiaba los zapatos y hacía que los dejásemos bien colocados en el alféizar de la ventana. Le preguntábamos que cómo alcanzaban a subir hasta nuestro piso los juguetes y relataba que venían hombres con escaleras y así llegaban a los balcones. Y nos íbamos a la cama tempranito, porque ya se sabe que si nos hallaban despiertos no nos dejaban nada. Eso sí, a las cuatro de la madrugada nos despertábamos e iniciábamos una intensa búsqueda de regalos por toda la casa, despertando a nuestros mayores que ellos sí que se habían acostado tarde. Y liábamos la marimorena jugando a la pelota por el largo pasillo y profiriendo alaridos con las sienes ceñidas por los penachos de plumas de indio piel roja que nos habían dejado. Eran tiempos hermosos, porque ni Santa Claus ni Papá Noel habían obtenido todavía el visado para España y en Nochebuena solamente se cantaban villancicos y se mascaba turrón.
Más tarde, y quizás con buen criterio, los niños gozaron de sus soldaditos de plomo (entonces ya les llamaban geyperman o famóvil) en fechas anteriores. Así podían disfrutarlos durante las vacaciones. Pero por mucho que dicha razón sea convincente, a mí me ilusiona mucho más la entrañable y mágica presencia de los tres orientales que la del gordo de los renos. Por eso continué la tradición y mis hijos gozaron hasta de la presencia de Melchor en nuestra casa, merced a los sudores de un vecino que se vestía con hermosos ropajes. Algún juguetillo les caía anteriormente, pero lo suyo era la Epifanía.
Lo curioso del caso es que de niños, tal vez porque no proliferaban tanto las cabalgatas, no nos dábamos cuenta de que los Reyes o gozaban del don de la ubicuidad o se clonaban ya por aquel entonces. Y nuestros críos de ahora siguen estando en la inopia a tal respecto a pesar del ímpetu comercial que los grandes almacenes ponen en sacarles de ella. Por eso les tengo tanta rabia a ese tipo de comercios. De veras que a la persona que más he odiado en este mundo y a quien nunca sacaré de mi memoria es a aquel compañero que un mal día me dijo que los Reyes no eran otros que los padres. ¡Maldita, espero, sea su estampa! Y a pesar de sus palabras insidiosas, no le hice ni puñetero caso. Más tarde, los acontecimientos familiares obligaron a que mis ojos quedaran bien abiertos. Mi padre falleció a mis diez años y entonces terminaron mis sueños infantiles.
Lo mismo va a pasar, si Dios no lo remedia, en 2002. Ya pueden los papás irse aflojando la cartera porque, este año, de Oriente tan sólo van a venir noticias de mal agüero y escenas de peor gusto en los telediarios. Y poco soñarán los niños, como no sea con las aventuras de Harry Potter o del hobbit. A todas horas van a poder ver en la tele, entre dibujos animados y la de "¡Qué bello es vivir!", cómo se atizan la badana. Mejor que no nos traigan nada.
Ni carbón queremos que nos echen, no sea que nos envíen un misil envuelto en papeles coloridos de regalo. O polvitos de ántrax dentro de las muñecas. A Melchor y a Gaspar tal vez sí les dejemos que nos visiten porque llevan coronas; pero al pobre Baltasar, con su turbante... ¡a ése es que ni verlo, no sea que se trate de Ben Laden disfrazado!
Si es que tenía que ocurrir... Tanto traernos cosas del Oriente, a los orientales se les han calentado las narices y han dicho que están hartos. Ellos traían juguetes y nosotros nos les llevábamos el petróleo y les dejábamos el hambre. Está visto que no se pude ser muy bueno, porque te toman por el pito del sereno y te dan duros de aquellos "sevillanos", que eran falsos, a cambio de petrodólares.
Se han calentado con razón y con otras razones van a calentarles más todavía. Lo de Afganistán ya va siendo historia. ¿A quién le tocará la china ahora? Yo que Sadam Husseim iba encendiendo ya una vela a San Judas Tadeo, que dicen que es el santo de las causas imposibles, porque me temo que este año el "regalito" se lo van a echar a él por más que no haya escrito ninguna carta.

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