2.500 tumbas

Me entero a través de la televisión de que el Pentágono ha comunicado que la cifra de soldados estadounidenses, a fecha del 15 de junio y desde 2003, muertos en Irak, asciende a dos mil quinientos. Eso, además de un número superior a quince mil heridos. Unas dieciocho mil familias de aquel país que le estarán muy agradecidas a Mr. Bus, seguramente. Caro les ha costado el buscar unas armas de destrucción masiva que desde el principio supieron que no existían. O por lo menos no tenían una certidumbre total de que existieran. Luego las buscó el susodicho debajo de la alfombra del Despacho Oval, haciendo un chiste, y resultó que tampoco estaban allí. Cómico, ¿no? Es de imaginar la gracia que les produciría a esos familiares la payasada de su Presidente...
Recuerdo todavía cuando se celebró en Madrid la manifestación en contra de aquella guerra; no pude ni salir apenas de la boca del Metro de Sol y apenas si me enteré de nada. Dijeron que asistieron dos millones de personas; aunque el Gobierno de Aznar hiciera hincapié en que fueron menos, naturalmente. Lo mismo que ha sucedido el sábado pasado, pero viceversa, con la celebrada en favor de las víctimas del terrorismo etarra; que el Gobierno de Zapatero ha manejado la cifra de los asistentes como mejor le ha venido en gana.
¿Quién llevaba razón entonces y quién la lleva ahora? Pues, sinceramente, lo ignoro. Porque en aquella sí estuve, pero soy incapaz de contar tantas personas; y en ésta no he estado. ¿Cuál ha sido la causa de mi ausencia esta vez, por qué no me he manifestado ahora y entonces sí? Sencillamente, en aquella ocasión el llamamiento a la misma pareció más espontáneo aunque también lo hiciera el Partido entonces en la oposición. Esta vez lo he considerado demasiado preparado y, además, aparte de congregarla la Asociación de Víctimas del Terrorismo y el Partido Popular también lo hizo Falange Española de las JONS. Y por ahí sí que no trago.
¿Que asistieron muchas personas? Nadie puede negarlo ya que hubo cámaras de televisión. Particularmente, puedo decir que para entrar a El Corte Inglés de la calle Goya estuve detenido más de cinco minutos, imposibilitado de moverme tan siquiera ante el gentío proveniente de la Plaza de Colón. Y es un trayecto nada corto. Luego sí hubo personal aunque los medios leales al PSOE digan lo contrario; pero quizás menos del que afirman aquellos otros manejados por el PP.
Como sea, aquí no se trata de cifras de personas que se echan a la calle a manifestar su desagrado contra el proceder de un gobernante u otro. Lo importante, aparte de las muy queridas víctimas de los asesinos del Norte, son esas dos mil quinientas tumbas abiertas en suelo americano. Más las que no nos dicen que existen en territorio iraquí, ocupadas por ciudadanos de aquella nación, y cuyo número igual es incalculable.
Me decía un amigo: - Es que en aquel momento había que estar al lado de los Estados Unidos, nuestros aliados. -. Y le respondí que al lado de quienes había que haber estado era de nuestros socios europeos, Alemania y Francia, que ni enviaron tropas ni vieron con buenos ojos aquella merienda de negros. Eso hubiese sido lo sensato.
¿Al lado de quién debiéramos estar ahora, en pro de esa misma sensatez? Al de quienes buscan la paz aunque sea de mala manera.
El Gobierno actual no está gestionando bien esa negociación con ETA, eso lo tengo muy claro; pero quizás es que no haya otra manera de llevarla a cabo. Si queremos que cesen de matar, habrá que establecer un diálogo. Y por más que se me revuelva el estómago cada vez que veo al indeseable del Otegi, reconozco que hay que tragarse la bilis y aceptarle como interlocutor porque es el único válido o con la suficiente influencia ante los asesinos para hacerlo.
El error de los Gobiernos democráticos anteriores, desde la época de Suárez, ha sido no querer reconocer que si ETA consideraba que estaba en guerra con España, España estaba en guerra contra ETA. Si se hubiera aceptado esa premisa en vez de decir siempre que eran unos simples terroristas, igual se hubiese actuado de otra forma más contundente y el asunto estaba ya resuelto hace años. Pero no quisieron verlo desde ese punto de vista y así nos ha lucido el pelo.
Es de suponer que al Gobierno de Su Graciosa Majestad Británica no le haría puñetera la gracia tener que tratar en su momento con el IRA. Pero estuvo obligado a hacerlo. Habrá que pensar que tampoco al señor Zapatero le agradará la idea de entrevistarse con Otegi y sus amigos, pero tendrá que comerse ese sapo y hacerlo si quiere que prosiga la tregua y que se termine de una vez esa contienda encubierta. Si no es así, que se aplique de una vez el artículo de la Constitución correspondiente y que se les quiten las atribuciones a las Comunidades que no han sabido hacer un buen uso de ellas. Y, ya metidos en una verdadera guerra, que esos manifestantes del otro día consulten antes con las Fuerzas de Orden Público, que están hasta el tricornio de que no se les reconozcan sus méritos y sus sacrificios y de cobrar una miseria a cambio de jugarse la vida.
Dos mil quinientas tumbas estadounidenses en tres años de guerra son muchas. Aquí llevamos más de mil en treinta años de "paz"...
Está claro que hay que poner fin a tal sangría sea como sea. Aunque, como ya he dicho, echemos hasta la primera papilla. Pero no hay más remedio.
¡Hasta pronto!

 

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