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La derecha y la
izquierda
Como ustedes ya sabrán, este fin de semana se
celebró el Congreso del Partido Popular en el transcurso del cual se
expusieron las normas a seguir para plantar cara a las próximas
elecciones generales de 2008 y a las anteriores, cuando corresponda,
municipales y autonómicas.
Se ha podido percibir claramente por parte de algunos de los ponentes,
en especial el Alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, el deseo de
abandonar esa imagen de dureza, de "derechona" de siempre, en
contra de la opinión de otros que propugnan seguir ofreciendo el
retrato de épocas anteriores, de intransigencias, de apego al
costumbrismo y, sobre todo, de expresar de forma en extremo
intransigente su oposición a cualquier intento de otorgamiento de un
trato especial a algunas regiones españolas.
En lo primero, en mantener a ultranza lo de que "España es una
unidad de destino en lo universal", siguiendo la más pura
doctrina joséantoniana trasladada a estos tiempos, están muy
confundidos. No así en lo de sofocar, siempre aplicando estrictamente
las Normas Constitucionales, cualesquiera intentos secesionistas a los
que parece muy proclive a conceder el actual Partido en el Poder; en eso
sí están muy acertados.
Mas, como quiera que sea, eso de la derecha y la izquierda es una mera
situación geográfica que en un día lejano adoptaron los
parlamentarios de una Cámara semicircular y que situaba a los más
extremistas en un lado o en otro. Y a los moderados, naturalmente, en el
centro. Pero también pudo ser al contrario.
Aquí, como en tantos países, existen unos votantes que tienen decidido
de por vida cuál es su tendencia y pasan de programas y de quienes los
representen; cosa que no acabaré de comprender nunca. Y, luego, unos
cuatro millones que deciden su voto con lógica en función de lo que
piensan que pueda beneficiarles social, económica y laboralmente. Esos,
entre los que me incluyo, son los que suelen, solemos, equivocarse muy a
menudo porque una cosa es predicar y otra muy diferente dar trigo.
Vamos, que los políticos, una vez instalados en la poltrona, hacen de
su capa un sayo y donde dije digo dicen Diego.
Al final, todo es un problema de equidad económica: Que la tarta se
divida en porciones del mismo tamaño y que haya para todos o que unos
se atiborren mientras los demás pasan hambre. También influye el tipo
de libertades sociales que unos y otros prometan conceder. Ése es un
cebo muy atractivo para captar sectores de votantes. Más tarde, que los
otorguen o no, o incluso se excedan en la concesión, es harina de otro
costal. Lo curioso del tema es que el elector de derechas votará
siempre "a lo suyos", esté o no de acuerdo con lo que
propugnen. No así el de izquierdas, quien puede llegar a abstenerse si
el programa no es de su agrado. Y están, estamos, los que creen en el
"voto útil".
Yo confieso públicamente que voté a Aznar para terminar con el felipismo.
Más tarde, me abstuve de volver a votarle aunque no lo hizo nada mal;
pero pensé que mi voto no podía ir al mismo Partido al que vota el
señor Botín por el aquél de las diferencias de las cuentas corrientes
de ambos. Y en las pasadas elecciones, mucho antes del criminal atentado
del 11-M, decidí oponerme a que un delfín elegido a dedo siguiera la
misma política de su antecesor. Y me confundí como se confundieron los
mismos gerifaltes del PSOE, que habían presentado un candidato perdedor
mientras preparaban uno competente para las que se avecinan dentro de
dos años.
Les salió el tiro por la culata, como a los pretorianos al nombrar
emperador a Claudio pero al revés: Aquellos eligieron a uno que
supusieron ser un necio y resultó ser muy listo; y aquí pusieron a uno
que sabían no era muy inteligente y que les ha salido tonto de remate.
¡Lo que son las cosas!
¿A quién votaré en las próximas? Pues no lo sé, suponiendo que lo
haga; porque si uno no llega, el otro no da la talla.
Posiblemente, y si se presenta a las municipales en busca de la
Alcaldía de Madrid, al que sí vote es a Pedro Zerolo. Puesto a que me
sodomicen, que lo haga uno con experiencia...
Y metidos, salvando las oportunas distancias, en ese aspecto, ¿a qué
periodista de la COPE o de donde sea y a santo de qué se le ha ocurrido
eso de "maricomplejillos", refiriéndose a Mariano Rajoy? ¿Se
trata tan sólo de un juego de palabras con su nombre o existe algo más
detrás de ello?
Porque yo juro por mi honor que no he hecho uso de la confidencia que me
hizo una presentadora de Televisión Española una noche hace tres
años...
¡Hasta pronto!
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