El villano en su rincón

Emulando el título de la comedia clásica, villano soy, y a mucha honra, porque nací y vivo desde entonces, hace ya cincuenta y cinco años, en la tan célebre Villa de Madrid, capital (por cierto) de este fecundo y hermoso país llamado España, a pesar de que ya se denominen países a otra clase de feudos que en mi juventud se llamaban regiones o provincias. Todas riquísimas y maravillosas, en efecto, y a las cuales amo inmensamente.
Y, en verdad, tengo un rincón: Éste que me ha prestado Anika en su prestigiosa página. Desde aquí es mi deseo llegar a todos aquellos que se dignen leer mis humildes ideas, expresadas de forma lo más simple posible, que siempre el escribir llanamente fue tarea de prestigiosas plumas a las cuales no pretendo emular pero sí admiro. Huiremos, pues, de las expresiones rimbombantes y de las metáforas barrocas. Escribo para amigos y como tal espero ser leído. Así que apearemos los estilos literarios y me dirigiré a vosotros con la palabra clara que usamos cotidianamente. Así escribió Machado, don Antonio, y tal vez por eso le profese el cariño que le tengo.
Y ya que él dijera: "Se hace camino al andar...", iniciemos sin demora nuestra andadura por este mundo de pensamientos que hasta vosotros quiero hacer llegar.
¿Quién le dejaría a un niño un arma de fuego cargada y le animaría a jugar con ella? Es claro que tan sólo un loco. Después ya no vale pedirle explicaciones a la criatura de los daños que sin duda ocasionará. Esto es, ni más ni menos, lo que les ha ocurrido a los señores norteamericanos con sus colaboradores afganos de la Alianza del Norte. Les proporcionaron todo el material bélico que deseaban para que les hiciesen el trabajo sucio de enfrentarse a los talibanes y han conseguido su objetivo de librarse en gran parte de sus enemigos sin mancharse las manos de sangre, valiéndose de esos terceros a los que han allanado el camino con sus masivos bombardeos. Mas, como en la fábula de los ratones, ¿quién le pone el cascabel al gato o quién le quita ahora a tan temibles y victoriosos guerreros esas armas de las que tan buen uso han sabido hacer? Aparte de masacrar a sus opresores de años, lo cual, aparte de ser un salvajismo, no deja de ser lógico en una guerra civil, los triunfadores señores de la guerra no van ya a obedecer a quienes les enseñaron a vencer ni a dejarse llevar por sus manejos políticos. Impondrán el Régimen que más les convenga; o sea, el suyo, que es el que les ha costado derramar su sangre durante mucho tiempo. Y ya pueden los USA y todos sus aliados clamar en vano en el desierto. Ellos harán lo que les venga en gana sin esperar la llegada de un rey en el exilio ni de un presidente defenestrado que, al parecer, ha vuelto y quiere imponer su mandato.
El señor Bush me recuerda al don Mendo de la célebre venganza de Pedro Muñoz-Seca, cuando su enamorada morisca da muerte a la traidora Magdalena: "-¿Qué has hecho, maldita mora? ¿Y en quién me vengo yo ahora?". Y le asesta una tremenda puñalada en medio del corazón. ¿No volverán los aviones americanos a lanzar sus bombas sobre el destrozado país, buscando ahora nuevos objetivos que antes eran aliados?
Y, mientras tanto, el millonario saudita que organizó todo el lío viviendo tan ricamente a saber Dios sabe dónde. ¡Cosas veredes, Sancho..!

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