|
Chulerías
La verdad es que por estos pagos de Dios, (o
del Diablo, vayan ustedes a saber), que forman "esta España
mía, esta España nuestra" que cantaba la gran Mari Trini y
que hoy escuchamos con nostalgia, todos solemos ser un tanto presumidos.
Con la enorme diferencia existente entre aquellos, los menos, que se
enorgullecen interiormente, sin alharacas, de lo que han conseguido en
buena lid y quienes alardean como gallos encrestados y petulantes ante
algún pequeño éxito obtenido o que piensan van a obtener. Estos
acostumbran a ser los más. Y Dios nos pille confesados y con tapones
bien prietos en los oídos si ese mínimo logro se transforma en un
verdadero triunfo; porque entonces sus cánticos de victoria podrían
asordarnos.
A estos los llamaría petulantes y engreídos; pero, aparte del daño
que su berrido podría ocasionar en nuestros conductos auditivos, no
considero que alcancen la categoría de ser peligrosos.
Los que sí tienen más riesgo que un toro bravo mal lidiado siendo
novillo y dentro de un albero de escasas dimensiones son unos cuantos,
(afortunadamente no demasiados pero más de los que desearíamos), que
amenazan con armar la de Dios es Cristo pero con la ayuda de otros;
porque por sí solos no serían capaces. A quienes actúan así, a esos
les denomino, directamente, chulos.
Viene a cuento este largo preámbulo para hablar sobre ese capitán de
Infantería que publicó en el periódico MELILLA HOY una carta en la
que le comentaba al ministro Bono "la enorme crispación que
siente" ante la política del Gobierno que amenaza con romper
España en una serie de insensatos, (esto lo digo yo, que tampoco estoy
de acuerdo pero no me crispo), reinos de taifas más propios de la Edad
Media que del siglo XXI.
Lo maligno, provocador y chulesco del tema no es que exprese su
opinión, (dejando al margen las Ordenanzas Militares, que respeto pero
no comparto), sino que afirmase que había pasado por su mente
presentarse a entregar dicha carta al ministro al frente de su
compañía del Tercio. Pero no tuvo narices para ello.
En cambio, "sus" hombres, a los cuales les pagamos el sueldo
los contribuyentes, lo mismo que a él, sí tenían que cumplir por esas
mismas narices, (o por otros órganos masculinos, mejor dicho), lo que a
él se le pusiera en las mismas o en aquellos. A tal actitud prepotente
y chulesca la tildo de cobardía por las buenas, por no ser capaz de
llevar a cabo sus propósitos arrogantes por sí solo y necesitar del
concurso - merced a "la obediencia debida" - de unos
subordinados que confiemos en que estén en desacuerdo con el criterio
de su jefe; como lo estaban en el fondo los guardias civiles que llevó
engañados al Congreso de los Diputados Antonio Tejero Molina, va a
hacer pronto veinticinco años.
¿Y qué pensar del director del mencionado diario que publicó su
carta? Pues existen dos alternativas: O que se trata de un defensor a
ultranza de la libertad de expresión, por lo cual le aplaudiría, o que
comulga con las mismas ideas del legionario revoltoso. Si dudan de que
lo que afirmo es cierto, prueben a escribir una carta al director de EL
PAÍS poniendo a parir a Zapatero; u otra al de EL MUNDO en igual
sentido pero relativa a Mariano Rajoy. Con suerte se las publicarán el
Día de los Santos Inocentes del primer año bisiesto que no termine en
cifra par.
Pero, para chulos, chulos de verdad y con despilfarro, el Otegi y el
Carod Rovira...
Le decía yo hoy a un amigo: - Cada vez que veo a cualquiera de estos
dos "pájaros" en el Telediario, se me descompone el
estómago. -.
Y me ha respondido mi amigo, con mejor criterio: - A mí, el día que
los vea juntos, sencillamente, me dará peritonitis.
Pero esos dos, para la semana que viene. A ver si mientras tanto, con
una miaja de suerte, se los lleva el viento...
Saludos.
A portada |