Hace 40 años

Aquella noche actuaron The Beattles en la Plaza de Toros de las Ventas. Era la primera vez que venían a España y no tuvieron un recibimiento muy cálido por parte del gobierno franquista. La que sí resultó "cálida" fue la salida del concierto. Los "grises", la Policía Armada, estaban a la espera de los sin duda revoltosos asistentes al concierto. "Rojos" de toda la vida, seguramente. ¡Mira que ir a ver a aquellos melenudos ingleses, músicos de mierda, maricones degenerados, etc..! Y claro que hubo palos a mansalva; era como si temiesen que la música pudiese agredir al Régimen y la sofocaron como pudieron. Ya que no podían con los músicos, súbditos al fin y al cabo de Su Muy Graciosa Majestad Británica, se liaron a porrazo limpio con sus admiradores españoles a fin de que olvidasen el deleite que les había producido aquella música maldita. Era preciso mantener el espíritu patriótico del pueblo que divulgaban las canciones de Manolo Escobar, entre ellas su ¡Y viva España!
Hace dos días, justamente cuarenta años más tarde, ha sido aprobada en el Congreso de los Diputados la Ley por la cual las parejas homosexuales pueden contraer matrimonio. Y esta tarde de sábado se manifiestan alegremente los gays por el centro de la capital de España, una España cada vez menos España que nunca, en el sentido que entonces se le daba. ¡Ver para creer!
A aquellos lectores que no hayan vivido aquella época oscura tal vez les suenen a chino mis palabras; a los que ya hemos pasado el medio siglo de edad y fuimos testigos vivientes, (y en muchos casos sufridores de los hechos), de aquellos tiempos, lo único que puede sorprenderles es que en este espacio de tiempo nuestro país haya sufrido un cambio tan variopinto. Porque de ser "la reserva espiritual de Occidente" hemos pasado a ser uno de los estados donde más libertades, según para qué cosas, se han concedido a los ciudadanos.
Personalmente, respeto a los homosexuales y me alegra que sus derechos cívicos hayan sido reconocidos; ya no tendrán que ser ciudadanos de segunda clase ni estar sometidos a aquella tiránica Ley de Vagos y Maleantes. Podrán heredarse unos a otros cuando formen una pareja estable, cobrar pensiones de viudedad, etc; gozar, en suma, de los mismos beneficios y obligaciones que una pareja heterosexual. Pero lo importante es que cada cual pueda optar por la opción sexual que le agrade o que lleve en sus genes; siempre que respete la de los demás, eso es obvio.
Puedo estar o no de acuerdo, y de hecho no lo estoy, con el nombre que se ha concedido a tal unión: Matrimonio. Pero solamente por una cuestión semántica. Matrimonio proviene del latín mater, matrix e implica la presencia de una mujer que puede traer hijos al mundo. Posteriormente, que no los traiga por causas fisiológicas o por voluntad propia es harina de otro costal. Pero el matrimonio se instituyó con ese fin.
Lo de la adopción de hijos por parte de estas parejas legalmente constituidas ya lo veo con bastante peores ojos; y no por el hecho de que puedan influir en la sexualidad de sus adoptados solamente sino porque, con la dificultad existente para practicar la adopción por parte de parejas tradicionales, no considero lógico que se anteponga el bienestar económico de un niño, (que puede darse el caso que con unos gays viva más ricamente), a una educación formal donde estén presentes las figuras de una hembra y de un varón. Pero, como a la postre lo realmente importante es que el niño goce de un buen ambiente familiar, tampoco voy a entrar a discutir sobre ese aspecto. Más vale unos padres del mismo sexo pero que se amen y se respeten que vivir en un ambiente familiar donde la violencia y el desamor sean la tónica de cada día.
En fin, que han pasado cuarenta años y España ya no es lo que era. ¿Mejor? ¿Peor? Eso lo dirá el tiempo, que no hay mejor testigo ni juez que él. De momento, opino honradamente que existían otros aspectos sociales que merecían una atención más primordial y que la maniobra de Zapatero ha sido principalmente política y en busca del siempre muy útil voto rosa. Pero, como él mismo afirmó, no cabe duda que es una medida social que beneficia a muchos compatriotas y les priva de sufrimientos. Por lo tanto, aprobaré su gestión en contra de lo que digan los que defienden la idea de la familia tal y como ha sido siempre. Porque lo tradicional no tiene por qué ser mejor que lo moderno, en contra de lo que escribiera el poeta Jorge Manrique hace siglos.

 

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