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Inmundicia
No ignoro que la noticia de esta semana no es
otra que los respectivos NOES que tanto Francia como Holanda han dicho a
la Constitución Europea, pero eso puede ser objeto de un próximo
estudio, aparte de que ya han opinado al respecto todos los eruditos
sobre el tema.
La semana anterior, y ante el hecho de que Otegi había sido
encarcelado, se me quedó en el tintero el tema de la red de pedofilia
descubierta en Internet. Y no por falta de ganas sino porque consideré
que aquél era un asunto más importante. Ahora, transcurridos los días
y habiendo sido puesto en libertad dicho individuo, una vez pagada la
fianza con dineros que a saber de dónde habrán salido, vuelvo a
retomar el tema que nunca debí haber obviado.
Si el futuro de la sociedad consiste en algo, más que en los avances
tecnológicos y en las tan cacareadas libertades y mejoras sociales, es
precisamente en nuestros niños; esos pequeños seres que, con suerte y
merced a esos logros milagrosos de la medicina, posiblemente alcancen en
gran número a conocer el siglo XXII y en quienes debemos confiar que de
una vez por todas, y sirviéndose precisamente de tantos adelantos,
mejoren esta raza humana y esta sociedad que nosotros hemos llevado a
poco menos que al desastre.
Y nos enteramos fehacientemente, ya se sabía pero no había datos
concretos, de que ese futuro de la Humanidad es tratado como mercancía
carnal por una serie de depravados que se sirven de ellos para
satisfacer sus más bajas y repelentes pasiones.
Internet es un mundo maravilloso, de eso no hay duda, que permite
reducir las distancias al mínimo y que facilita el contacto entre las
gentes más alejadas, proporciona información, sirve para el trabajo y
para el ocio y es uno de los más grandes inventos después de la forma
de encender fuego y de la invención de la rueda. Incluso mayor que los
de la radio y la televisión, seguramente.
Pero servirse de esta tecnología para difundir previo pago imágenes
del acto más horrendo que puede realizar un adulto justificaría que se
dictasen unas leyes muy severas sobre su manejo.
Que hay unos canallas que desean obtener pingües beneficios económicos
con ello, lo cual es un gran pecado, está claro; pero que hay otros,
tan canallas o más que ellos, que están dispuestos a pagar por obtener
el placer sea como sea, lo considero más pecado todavía. En ese
sentido, las palabras de Jesucristo, se sea creyente o no, son claras y
concisas: - ¡Pobre de quien maltratare a uno solo de mis pequeñuelos!
Más le valiera no haber nacido.
Ahora, la Ley de los hombres condenará a los violadores y a los que han
vendido las imágenes a un máximo de 12 a 15 años de prisión, que con
los beneficios legales lo mismo se quedan en poco más de un lustro. Y
mientras, esas criaturas arrastrarán todas sus vidas el estigma con el
que fueron marcados.
No voy a pedir la pena de muerte para ellos, todos sabemos que está
abolida. Tan sólo rogaría a quien corresponda que dejase un ratito a
esos deshechos de prostíbulo en manos de los padres y abuelos de sus
inocentes víctimas.
Tengo una nieta que acaba de cumplir un año y a la cual,
afortunadamente, no le ha sucedido nada; pero pudo tocarle a ella la
china. Me pido formar parte de ese comité de recepción que
"preste homenaje" a los señores pederastas.
Desde luego, más les valdría no haber nacido si ello ocurriese... No
sé cómo será el Infierno porque todavía no me han enviado a él,
pero sí sé lo que iba a padecer esa inmundicia.
A
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