Derecho a vivir

(Este artículo fue escrito en la noche del 30 de Marzo de 2.005. El final del mismo se ha modificado a la misma hora del día 31)

Todos conocemos que estos días se está debatiendo a través de todos los medios el caso de la joven estadounidense que se halla en estado de coma desde hace tiempo y a cuyo marido, como tutor legal de ella, se le ha autorizado por los jueces a ordenar que se la desconecte de las máquinas que la mantienen viva e, incluso, que se le prive de comida y bebida, basándose en que, hace años, ella le comentó que si algún día se encontraba en estas circunstancias no permitiese que la mantuviesen con vida artificialmente. Los padres y demás familiares de la enferma se oponen a tal decisión y solicitan que se la siga manteniendo; pero, al parecer, el marido es quien tiene la última palabra y ya la ha dicho.
Hace poco, una película española, Mar adentro, ha ganado un Oscar en Hollywood defendiendo una tesis parecida, con la diferencia de que en esa historia real quien decidió su muerte aunque tuviera que valerse de la ayuda de terceros fue el protagonista, el tetrapléjico Ramón Sampedro. Él decidió que no quería seguir viviendo en las condiciones en que se hallaba, todo el tiempo postrado en una cama y teniendo que contar con ayuda ajena para los actos más íntimos, y apostó por la muerte como camino a emprender. No voy a caer en la trampa de decir que era el más fácil o el más sencillo, porque para suicidarse, o hacer que te suiciden, conscientemente hay que tener mucho valor; pero tal vez haya que tener más para continuar viviendo en ese estado. Como no me he visto, y Dios no lo quiera, en ese brete ni puedo ni quiero juzgar su decisión. Optó por esa vía y aunque no la comparta sí la respeto. Lo mismo si me viera de esa guisa era el segundo en adoptarla, ya que el primero, que se sepa, fue él...
Lo que no comparto ni respeto y con lo que estoy en total desacuerdo es con la postura del marido norteamericano. Entiendo que, como hombre joven que es, desee emprender una nueva vida libre de esa pesada y dolorosa carga que supone tener una esposa en tal estado. También puedo llegar a entender que una persona no desee seguir existiendo cuando todos los remedios médicos han llegado a su fin y no es más que un simple vegetal. Pero si, como afirmo, puede tener derecho a morir dignamente y a que no le sea prolongada una vida que no desea mantener, también tiene todo el derecho, primordialmente, a vivir, a que la mantengan viva en la situación que sea y cueste lo que cueste.
La primera ley de la Naturaleza, por encima de todas las demás, es la supervivencia. Hasta las mismas leyes de los hombres contemplan el derecho a matar en defensa propia. Y ese instinto por sobrevivir es el que ha llevado al hombre, a nuestra especie, a nuestra sociedad, al punto de dominio sobre los demás seres en que se encuentra.
Dentro del reino animal no es infrecuente el suicidio colectivo para dejar espacio vital a sus descendientes; o el abandono de los cachorros más débiles para favorecer el desarrollo de los que gozan de mayores fuerzas. En la raza humana, y en diversas culturas, también se llevó a cabo esta práctica en sus principios; pero, afortunadamente, vivimos en el siglo XXI y esta costumbre ya no se utiliza. El débil merece mejor atención que el fuerte por razón de esa misma debilidad.
Reconozco que no soy partidario sino enemigo del aborto, por supuesto. Considero que acabar con una vida que no ha comenzado es un asesinato tan grave como matar a un recién nacido o a un adulto. Mantener esa opinión me costó un grave disgusto y la separación, aparte de otros motivos, de una persona a la que amé mucho en su momento, pero cien veces que me ocurriera mantendría la misma idea: A lo hecho, pecho. Y si no, haberlo pensado antes. El eslogan feminista nosotras parimos, nosotras decidimos, es injusto. Nadie puede decidir sobre la vida de otro y menos de quien no puede defenderse.
Actualmente están muy en boga tanto la idea del suicidio como la del aborto y, ahora, como colofón, la de la eutanasia. Repito que puedo comprender y respeto al suicida consciente y aplaudo incluso a quien no desea servir de conejillo de Indias y prefiere descansar en paz de una vez. Pero al que priva de la vida a un ser indefenso que no ha nacido o al que, valiéndose de que una vez le dijeron que si..., en absoluto.
Ese hombre, lo que tendría que hacer era renunciar a su tutoría legal sobre su esposa y olvidarse de que lo ha sido, lo cual veo muy legítimo, y permitir que fueran sus padres quienes se ocuparan de ella. Lo demás, y con la más rotunda y castiza definición castellana, es una cabronada.
"Hoy las Ciencias adelantan que es una barbaridad", canta don Hilarión en La verbena de la Paloma... ¡Y sí que llevaba buena razón el viejo boticario..!
Éste es el asqueroso mundo en que nos ha tocado vivir, desgraciadamente."

En el instante en que iba a subir a la Red lo anteriormente escrito, escucho que Terry Schiavo, la protagonista de este drama, ha fallecido de inanición en el día de hoy. Descanse en paz, la misma que ha obtenido su marido; actualmente ya, su viudo.

 

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