¡Quíteme allá esa estatua!

La verdad es que no pensaba hablar sobre el tema ya tan manido de la estatua de Franco que ha sido retirada en pleno centro de Madrid. El monumento, (que por cierto es más feo que Picio), se ha quitado de su emplazamiento y ha habido opiniones para todos los gustos e incluso alguna cabeza rota de algún nostálgico o nieto de aquellos, porque ya me contarán qué muchacho de veinte años sabe hoy en día quién fue Franco salvo que en su casa se lo hayan metido hasta en la sopa cuando muchos no saben ni qué sucedió el 23 - F, y colorín, colorado, este cuento se ha acabado. Personalmente, no me agrada ni pizca la forma en que se realizó la retirada, de noche y coincidiendo con la cena homenaje a Santiago Carrillo, otro que tal baila y que a pesar de que fue un extraordinario político desde su regreso a España, (antes no le juzgo, porque lo desconozco), tampoco puede tener la conciencia muy tranquila por mucho que él lo afirme. Siendo Director General de Seguridad, o como se llamase en esos días tal cargo, se cometió el asesinato masivo de Paracuellos del Jarama y no creo que tal hecho sea para sentirse orgulloso aunque él no pudiese evitarlo; precisamente por eso, por no haberlo podido impedir. Pero, en fin, son cosas que ocurrieron y que ya están en la Historia y que mejor es ir olvidando por mucho que nos duelan y todavía queden quienes las recuerdan porque les afectaron y mucho. Si seguimos recordando, deberíamos declarar la guerra a Francia por los fusilamientos del 3 de mayo de 1.808...
Si he sacado el tema, y confiando en que este artículo lo van a leer pocos dadas las vacaciones de Semana Santa, ha sido por el programa de radio que escuché el pasado domingo en la emisora Radio Intercontinental, la antaño famosa INTER, propiedad del difunto Serrano Suñer, "el cuñadísimo", y célebre por sus inclinaciones ultraderechistas por la misma ideología de sus dirigentes.
En las mañanas de los domingos, he venido escuchando desde hace años, el programa Libertad de expresión, dirigido y realizado por el periodista Eduardo García Serrano, hijo de otro afamado periodista, muy colaborador del Régimen dictatorial. Pocas veces he estado de acuerdo con sus planteamientos pero reconozco que a veces sí y hasta había llegado a creer en el sentimiento democrático de este hombre, porque entre muchos de sus participantes existen verdaderos socialistas e incluso muchas de sus opiniones personales logran despistar al más pintado. Pero su Editorial del otro día le retrató realmente y dejó al descubierto su verdadero cariz. Para empezar, el título del programa es falso: De libertad de expresión, poca; porque en cuanto quien le llama no se ciñe a sus deseos, le corta y le deja hablando con la pared.
Muy docto el individuo, se nota que tuvo ocasión de estudiar cuando muchos otros españoles no pudieron hacerlo porque sus padres estaban construyendo la Basílica de Cuelgamuros o buscándose la vida como podían mientras el suyo la tenía bien resuelta, llegó a afirmar con palabras bastante soeces, (¡Hay que joderse! y ¡Manda cojones!, dijo varias veces), que mientras se retiraba la estatua de "El Caudillo" se mantenía la de Largo Caballero, "El Lenin español", antidemócrata por excelencia. También afirmó, ¡qué enterado está el tío!, que Santiago Carrillo colaboraba con los Servicios de Inteligencia Españoles diciéndoles por dónde entrarían los guerrilleros del maquis, para que acabaran con ellos. Y habrá que creérselo porque este hombre sabe hasta latín...
No voy a entrar a juzgar a Largo Caballero, es otra figura que tampoco me cae simpática, pero creo que fue Presidente merced a los votos conseguidos y no por las fuerzas de las armas como consiguiera Franco. ¡Sí, por los votos, como Hitler, hay que joderse!, - exclamó García Serrano. Pues claro que sí. Adolfo Hitler llegó al poder a través de las urnas; otra cosa es que después se pasara éstas por el forro de sus caprichos y que estuviese o se volviese loco, opino que lo estaba ya de antemano, y se convirtiera en uno de los mayores genocidas de la Historia. Pero que el pueblo alemán le aupó a su cargo, mediante maniobras torticeras y todo lo que se quiera, eso es de cajón de madera de pino. A Franco, no. A Franco le colocó en el puesto que ocupó durante décadas un golpe de Estado financiado por un banquero y promovido por unos generales; como él fue más listo que todos, supo montarse en el machito y allí permaneció hasta su muerte.
Yo he visto cambiar, bajo gobiernos de diferentes signos, el nombre de varias calles de Madrid, comenzando por la Avenida del Generalísimo y la de José Antonio, las calles del General Mola, la de la Batalla de Brunete, la de los Hermanos Miralles... Y aquí nadie ha dicho nada. Ahora, ¿por desmontar una estatua que, ya digo, es más fea que pegar a un padre con un calcetín sudado, se va a acusar a Zapatero de tener mala leche? Si acaso, de ser tonto y no haberlo hecho a plena luz del día, como se llevaban a cabo las ejecuciones, según ordenaba la Ley, que firmaba el general Franco. Lo demás es querer mear fuera del tiesto y creo que va siendo hora de dar al olvido ciertas cosas y construir otras nuevas.
Había temas más importantes, pero mejor que descansen estos días.
¡Que pasen una tranquila y feliz Semana Santa!

 

 

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