¡Adiós, Madrid 2012!

Mis lectores españoles seguramente ya lo saben pero los extranjeros no tienen por qué saberlo, así que habré de explicárselo; que para eso estamos, como decía la protagonista de Los santos inocentes en la novela de Delibes.
Hasta hace pocos días, y después de la visita de los asesores de la Organización de los Juegos Olímpicos de 2012, Madrid parecía estar bien situada en su candidatura a dichos Juegos. Los asesores, antiguos deportistas de élite, periodistas con experiencia, gente afín al olimpismo y los paniaguados de siempre que en todas partes existen, parece que se fueron contentos después de examinar la capital de España como posible sede para ese año. Estos señores tienen como norma ver las cualidades de las instalaciones deportivas existentes y los proyectos que se preparan; observan la comodidad de los desplazamientos, la seguridad, las medidas de orden y, cosa muy importante, el ánimo de recibir dicho evento que los ciudadanos ostentan. Y Madrid pasó bien el examen, al parecer; aun teniendo en cuenta los rivales que quedan en el camino, ciudades muy importantes y seguramente más ricas y mejor dotadas que ella.
Pero cuando se hayan enterado del desastroso incendio del edificio Windsor el pasado sábado por la noche, es muy posible que hayan cambiado de idea y el notable que habían concedido se haya convertido en el mayor de los suspensos salvo que hayan tenido en cuenta el comportamiento de nuestros bomberos, de nuestro policías municipales y de nuestros servicios médicos de urgencias. Que esos sí que han funcionado y con matrícula de honor; pero como se haya evaluado la previsión y las normativas existentes y el cumplimiento de las mismas, no ya sólo en Madrid sino en toda España, se habrán llevado las manos a la cabeza y habrán desistido de otorgarnos la concesión.
Una vez más hemos quedado a la altura de la España de charanga y pandereta que escribiera don Antonio Machado: Edificios que no cumplen los mínimos requisitos de seguridad, la llave de agua que no abre, la manguera que está picada, la bomba que no funciona.... Y, a todo esto, el corazón financiero de Madrid ardiendo por los cuatro costados como una vela y sin posibilidades de apagarlo.
Ha pasado escaso tiempo desde el desastre y todavía no se conocen las causas y tardarán en conocerse tal vez muchos años. Suponiendo que lleguen a conocerse, por supuesto. Pero lo que sí parece cierto es que los primeros síntomas de que olía a chamusquina se detectaron a las 8 y media de la tarde, dándose aviso a los bomberos con casi tres horas de dilación: A las 11 y 25 de la noche. Las dotaciones contra incendios acudieron en un brevísimo margen y se hallaron ya con un infierno que no podía haberse desatado en pocos minutos. No pudieron hacer otra cosa que esperar a que las llamas estuvieran a su alcance, cuando habían consumido casi entero todo el edificio.
Que existió una llamada de socorro está muy claro y el asunto está en manos del juez a todos los efectos. Pero cómo se produjo esa llamada y por qué se tardó tanto en hacerla es cosa de secreto de sumario.
Se habla de un accidente, de un cortocircuito en las obras de remodelación que estaban efectuándose y hasta de un sabotaje. ¿Sabremos algún día la verdad de lo ocurrido? Mucho lo dudo pero entra dentro de lo posible. De momento se ha comprobado una vez más que aquí seguimos confiando en que las cosas funcionen solas y en que no ocurra nada anormal; porque, como ocurra, solamente nos queda el recurso de enfrentarnos valerosamente a los hechos consumados. Y esto, en una nación moderna del siglo veintiuno, es verdaderamente inaudito e inexplicable.
Ni que gobiernen los unos ni que gobiernen los otros; aquí vamos a intentar ahorrar dinero sin tener en cuenta que luego será mayor el precio por pagar. Lo dicho, la España de cerrado y sacristía, devota de Frascuelo y de María....
Luego nos piden que votemos la Constitución de la Unión Europea... En cualquiera de nuestros países socios que ocurriese esta tragedia ya habrían rodado cabezas o habido dimisiones; aquí sabemos que eso está prohibido.
Aunque les voy a decir mi verdad personal: A mí no me hacía ni pizca de ilusión que Madrid fuera sede olímpica. Porque es que estoy harto de ver que organizamos Mundiales de Fútbol, Exposiciones Mundiales y eventos maravillosos y al final siempre nos cuesta los cuartos mientras en otros sitios se hartan de ganar dinero. A ver si nos cuentan cómo lo hacen y vamos aprendiendo.

 

 

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